ArtículosIniciosemana del 30 de ENERO al 5 de FEBREROWinston Estremadoiro

Deshojando margaritas

La otra noche cavilaba sobre lo que habría sucedido con el Chaco si Tarija no optaba por Bolivia en 1825. Aún de por medio los intereses familiares del Presidente Justo en el quebracho chaqueño, en 1932 el Chaco Central y el Boreal hubiesen tenido un dueño porteño, sin que Buenos Aires se alinease del lado paraguayo en la Guerra del Chaco. No lamentaríamos el centralismo secante de La Paz, que no construyó un camino entre la punta de riel en Villazón, la capital tarijeña y Villamontes, a pesar de atropellos –en 1898 y 1928- del enemigo en ciernes. Fue perorata sin audiencia, cuando la tolerancia de mis amigos se volcó a comentar un partido de tenis.

La politiquería deshoja margaritas y el pueblo se distrae con fuegos de artificio. El tira y afloje sobre el campo Margarita es otro ejemplo de la politiquería centralista aplicada a un asunto de interés regional, departamental y nacional. Uno, la provincia Gran Chaco; lo departamental es Tarija y lo nacional concierne al gas natural, nueva fuente de ingresos que reemplazaría a la plata, la goma y el estaño en la historia de esta maltrecha patria. Mañana será el litio, y pelearán Oruro y Potosí, en una Bolivia bendita de naturaleza y recursos naturales, pero maldecida por gente venal, mal gobierno y débil Estado.

Tomo como base el nombre femenino, prolífico y hermoso como la flor, de “Margarita”, el artículo de un amigo yacuibeño. En otros tiempos, el megacampo tenía 13 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas en sus entrañas. Expertos hablaban de 300 TCF potenciales en las proximidades del fuelle de acordeón del Aguaragüe. Segunda en reservas en Sudamérica, se soñaba que Bolivia sería el nodo energético del sur del subcontinente. Entonces vino la “nacionalización” de hidrocarburos, la espantada de capitales en el sector, y la mengua de las reservas, directamente proporcionales a inversiones en exploración y explotación.

Esteban Farfán Romero empieza su penoso análisis en abril de 2007, cuando “en el Chaco un puñado de dirigentes políticos demagogos, insensatos e irresponsables, usaron como bandera política el tema de límites” interprovinciales entre un cantón chaqueño (Ivoca) y la provincia tarijeña de O’Connor. Yo voy más atrás, apuntando el dedo acusador a la politiquería centralista que se impone a las prioridades económicas regionales y las tapuja con fuegos de artificio.

Apuesto que fueron quintacolumnistas politiqueros del Gobierno, que habían perdido elecciones en los departamentos llamados de la “Media Luna”, los que atizaron el fuego. Ya lo habían hecho en Pando, con una matanza quizá orquestada y luego achacada, la prisión sin juicio de su Gobernador electo en las urnas, el correteo de los opositores, la colonización forzada so pretexto de poblar la frontera, y la ocupación militar. Después vinieron el golpe tarijeño, el acoso cruceño y el tumbe beniano. El reciente apuro de la senadora pandina apresada por denunciar corrupción entre reyezuelos impuestos desde La Paz, es un reverbero en esa historia de politiquería artera.

El Gobierno usó como tontos útiles a los oportunistas interesados del fundamentalismo chaqueño, que propician la creación del décimo departamento en la minúscula parte chaqueña del más pequeño de los hermanos bolivianos: Tarija. Claro, allí se concentra el porcentaje más grande de reservas de gas, que generan regalías desde que los cruceños ganaron mediante cruenta insurgencia el derecho a tenerlas. El blanco del tira y afloja de chapacos y chaqueños fue un Gobernador elegido democráticamente: Cossío. El epicentro fue Yacuiba, ciudad fronteriza de mayor crecimiento en el departamento de Tarija, donde el grupo étnico mayoritario no es guaraní ni Weenhayek, sino quechua.

Una vez “tumbado” el Gobernador chapaco, fue cuestión de un salto y una carrera urdir el fuego de artificio de un diferendo departamental entre Tarija y Chuquisaca sobre la extensión subterránea del bolsón de gas de Margarita. Los sucrenses arguyen que les toca una parte del pastel, siendo que el 11% ufana al distrito productor tarijeño y el 89% restante se reparte en el resto del país, incluyendo el vecino chuquisaqueño. Se desoyen argumentos sencillos, como que alguien reclame derechos sobre el agua de un pozo cavado por su vecino en lado propio de la barda. La transnacional petrolera de Margarita, bien gracias: tiene razón que esgrimir para no invertir, más ahora que descubrió grandes reservas en Neuquén, y Argentina se pone zapatos de plomo para atrasar el gasoducto del Norte.

Es menester rebatir los dañinos fuegos de artificio que encandilan la atención nacional hacia temas pueriles. Tal politiquería se torna dramática al comparar coeficientes de Argentina, la nación sudamericana con mejor Índice de Desarrollo Humano (IDH: 0.788) y Bolivia, según datos de 2004. Es penoso comparar la provincia de Salta, una de las nueve “regiones críticas” argentinas en términos de desarrollo humano, con el de Tarija, que se ufana de tener el promedio nacional en IDH: 0.641; Salta tiene 0.765. Dan para llorar los coeficientes de las tres hermanas chaqueñas en Educación –Caraparí: 0.680; Villamontes: 0.740: y Yacuiba: 0.700, cuando Salta tiene 0.904. Comparen Salud –Caraparí: 0.680; Villamontes: 0.690; Yacuiba: 0.700, frente el 0.801 de la pobretona argentina. Ricachones los salteños con índice de Ingresos de 0.589, comparados con el 0.440 de Caraparí, el 0.490 de Villamontes y el 0.510 de Yacuiba.
(02022012)

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