Anti-transgénicosArtículosIniciosemana del 28 de MAYO al 3 de JUNIOSylvia Chafuen

TODAVÍA ALIMENTANDO AL MUNDO

Paul Driessen

Norman Borlaug, un niño granjero de Iowa y luego graduado en agricultura por la Universidad de Minnesota en EUA, vivió al pie de la letra una de las máximas de Thomas Edison: “Las invenciones son fruto de un 1% de inspiración y 99% de transpiración”. El Dr. Borlaug llevó a cabo la mayoría de su transpiración en abrasadores campos de África, India, México y Pakistán.

A sus 94 años de edad, y a pesar de sufrir de cáncer, el “Padre de la Revolución Verde” sigue siendo, de acuerdo a su hija Jeanie, “un activo matón”: trabaja como consultor, ocasionalmente asiste a conferencias y amablemente permitió que mi hija le hiciera una entrevista para un trabajo que tenía que efectuar para su colegio secundario.

Hace unas décadas, mientras que los neo-malthusianos estaban prediciendo una hambruna masiva, Borlaug utilizó fondos de la Fundación Rockefeller para desbloquear genes ocultos (recesivos) y cruzar diferentes especies de trigo para crear nuevas variedades “enanas” resistentes a los hongos de la roya. Las plantas más pequeñas eran a su vez más robustas, utilizaban menos energía en el crecimiento de sus hojas y tallos, y así daban mayores rendimientos.

También enseñó métodos agrícolas modernos a los agricultores de países del Tercer Mundo y persuadió a los gobiernos a que suspendieran los controles de precios y permitieran la utilización de fertilizantes químicos, generando así cosechas sin precedentes. Para 1960 México ya era autosuficiente en la producción de trigo, India y Pakistán lo lograron poco tiempo después. Borlaug luego ayudó a que China, Indonesia, las Islas Filipinas y otros países lograran grandes éxitos con el trigo, el maíz y el arroz.

Cuando se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1970 el Comité expresó que su trabajo había salvado miles de millones de vidas. Borlaug simplemente respondió que “no se puede construir un mundo en paz con estómagos vacíos y miseria humana”. Luego EUA le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad y la Medalla de Oro del Congreso.

En 1985 comenzó a trabajar con el ex – presidente Jimmy Carter para hacer una Revolución Verde en el África subsahariana, poniendo énfasis en métodos modernos de agricultura intensiva con nuevas semillas híbridas y genéticamente modificadas en los campos existentes, para evitar la necesidad de chaqueos de hábitats de vida silvestre y de que se vayan agotando los nutrientes del suelo.

Lamentablemente su progreso puede verse socavado por el ex – Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan y su engañosa Alianza por una Revolución Verde en África. Annan afirma que los cultivos fruto de la biotecnología no son seguros, no son probados, y es probable que esclavicen a los agricultores pobres a megacorporaciones y a semillas caras. Él pretende combatir la pobreza y la malnutrición crónica de África con las semillas y métodos tradicionales.

El Dr Borlaug teme que este sea un fracaso devastador. Como lo expresara en el 2005 en una conferencia sobre biotecnología en las Naciones Unidas auspiciada por el Congress of Racial Equality, él no ve cómo el mundo pueda alimentar a su población hambrienta sin los cultivos modificados genéticamente, sobre todo si cada vez va a depender más de los biocombustibles.

Tiene poca paciencia con aquellos “utópicos bien alimentados que viven en la Novena Nube pero que bajan al Tercer Mundo causando impactos negativos de todo tipo”, atemorizando a la gente e impidiendo el uso de la biotecnología. Estos activistas insensibles incluso persuadieron a que Zambia dejara que su gente se muriera de hambre antes de permitirles que consumieran trigo genéticamente modificado donado por EUA. También se oponen a los insecticidas para combatir a la malaria y a los combustibles fósiles, a las represas hidroeléctricas y a la energía nuclear, para generar energía abundante, confiable y asequible para las naciones pobres.

“Nuestro planeta tiene 6500 millones de habitantes”, dice Borlaug. “Por supuesto, utilicen el estiércol. No pueden dejarlo ahí inutilizado. Pero si solamente utilizamos métodos tradicionales y fertilizantes orgánicos sobre las tierras de cultivo actuales, solamente podremos alimentar a 4000 millones. No veo cómo 2500 millones de personas se ofrezcan como voluntarias para desaparecer.” Para alimentar a todos con agricultura orgánica y tradicional se debería arar millones de hectáreas de bosques y de otros hábitats de vida silvestre. Si, por el contrario, continuamos utilizando híbridos y fertilizantes comerciales, y si tenemos un fuerte apoyo público para la investigación tanto biotecnológica como tradicional, “la Tierra podría proveer alimentos para 10 000 millones de personas.”

El producir 7000 millones de galones de etanol en el 2007 requirió que se cultivara trigo en un área equivalente a Indiana ― aparte de grandes cantidades de agua, insecticidas, fertilizantes y petróleo. Esta es la razón principal por la que los costos operativos del World Food Program (WFP; Programa Mundial de Alimentos) aumentaran en un 40% desde junio del 2007, forzando a que el WFP racionalizara la asistencia de alimentos y que millones se echaran a dormir hambrientos. Esto es insostenible moral, económica y ecológicamente.

Los cultivos modificados genéticamente tienen mejores rendimientos, proveen un mayor valor nutritivo, son más resistentes a los insectos, a los hongos y a otras enfermedades, y requieren menos agua e insecticidas. Se están desarrollando nuevas variedades que soportan mejor condiciones de sequías e inundaciones, y que además proveen vacunas y nutrientes contra las diarreas (como en el caso de la solución de rehidratación oral de Ventria Bioscience basada en arroz genéticamente modificado). Las investigaciones en marcha asegurarán que los genes que en algún momento protegieron alguna plantación en cultivo sean reemplazados por otros nuevos a medida que los patógenos vegetales continúen mutando.

Los cultivos modificados genéticamente son regulados y examinados más rigurosamente que muchos otros ― a pesar de que muchos científicos lo consideran innecesario. Los norteamericanos han comido mucho más de miles de miles de millones de porciones de alimentos conteniendo ingredientes genéticamente modificados, sin un solo indicio de daño a su salud o a los hábitats, como indicara Henry Miller, ex director de biotecnología de la EPA. ― mientras que la espinaca orgánica enfermó y mató a un buen número de personas en EUA en el 2007.

De hecho la biotecnología libera a los agricultores pobres de los grilletes que les imponen las fuerzas de la naturaleza. Pagan más por las semillas pero menos en insecticidas y en agua, obtienen mayores rendimientos y obtienen más dinero. Los agricultores de Sudáfrica que han optado por los cultivos genéticamente modificados pueden dar testimonio de esto.

Elizabeth Ajele dice: “Las plantas antiguas podían ser destruidas por insectos, pero no las plantas genéticamente modificadas. Con las ganancias que obtengo del nuevo maíz Bt ahora puedo cultivar cebollas, espinaca y tomates, y venderlos para obtener más dinero para comprar fertilizantes. Estábamos luchando por mantener el hambre fuera de nuestras casas. Ahora el futuro parece bueno. Si alguien viniera a decirme que debería dejar de utilizar el nuevo maíz me pondría a llorar.”

Richard Sithole dice: “Con el maíz antiguo obtenía 100 bolsas de mis 15 hectáreas. Con el maíz Bt obtengo 1000.”

Thandi Myeni: “El nuevo algodón Bt implica que sólo debo fumigar dos veces en lugar de seis. Al finalizar el día sabemos que nuestro cultivo no será destruido, que tendremos cosecha y dinero.”

Los agricultores de Brasil, China, India, Filipinas y muchos otros comparten historias similares.

Sus logros han hecho que Norman Borlaug sea un nombre familiar en África, aunque no así en América, debido a que la mayor parte de su trabajo la realizó en el extranjero. Pero también refleja el hecho de que sus puntos de vista favorables hacia los fertilizantes químicos y a la biotecnología están encontrados con los de ambientalistas y periodistas que no comparten sus perspectivas en estos temas.

El relato fascinante e inspirador que hace Leon Hesser de la vida y éxitos del Dr. Borlaug hace lo que siempre me ha encantado de las biografías: mostrar cómo una persona puede cambiar el mundo. Ahora, publicado en rústica, el libro asegurará que el increíble legado de Norman Borlaug perdure, como lo harán los miles de millones de personas que se ha logrado salvar.


Paul Driessen es Asesor Senior de políticas del Congress of Racial Equality y del Committee For A Constructive Tomorrow, y autor de Eco-Imperialism: Green power – Black death (www.Eco-Imperialism.com)

Artículo traducido al español del original “Still feeding the world” por Sylvia Chafuen, Presidente del ICEES

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