ArtículosInicioMaria Galindosemana del 11 de JUNIO al 17 de JUNIO

El rey está desnudo

En nuestra sociedad, la penalización del desacato es una herencia de la dictadura banzerista, que necesitaba sofocar toda crítica criminalizándola.

En la sociedad en su conjunto, la figura de la penalización del desacato es una norma medieval que data de las monarquías, que necesitaban apelar a las formas más directas y represivas para garantizar la sumisión popular y legitimar un poder despótico.

El cuento clásico de Andersen, en el que sólo un niño se atreve a delatar al rey mientras todos sus súbditos fingen que está muy elegante, es una preciosa, inmortal e invalorable lección de desacato. Recomiendo la lectura de este bellísimo cuento infantil a todo el gabinete y en especial al Vicepresidente.

La discusión en torno del desacato como figura penal no debería ni siquiera tener lugar porque debería haber sido desechada por desuso, por ser anacrónica y despótica.

Burlarse del poder y de quienes lo encarnan desde el Estado, criticarles, compararles, relativizar sus acciones es para una sociedad en su conjunto una práctica más que saludable porque permite verles en su dimensión humana, porque permite colocar las relaciones Estado-sociedad en un plano de mayor horizontalidad y porque finalmente convierte a los personajes del poder en figuras criticables y no infalibles. Sólo uno de los Estados más despóticos de la tierra como es el Estado del vaticano plantea la infalibilidad e incuestionabilidad de su gobernante.

No es posible que un Estado no confesional, democrático y que se supone que vive un proceso de mayor ensanchamiento de la democracia esté preguntándose en torno del desacato. ¿A qué le tienen miedo?

No sólo es saludable la burla y la crítica a los gobernantes para la sociedad, sino para ellos mismos, porque les permite desarrollar la capacidad de reírse de sí mismos, de saberse tan ridículos como cualquiera de nosotros, tan falibles, tan pequeños y vulnerables como cualquiera. Les despoja de heroicidad, de supremacía y los libera de la ridícula idea de ser “los elegidos” del destino para gobernar un país.

El prestigio, la honestidad, el buen nombre de cada uno y cada una de los y las que están en el Estado no depende de uno, dos o 33 juicios por desacato que se le siga a opositor alguno, sino que depende de algo mucho más grave.

El buen nombre de los gobernantes depende del libre acceso a la información, que no hay; de la óptima gestión de los recursos, que no hay; de la capacidad de mantener la palabra, que no hay, y la total transparencia de la gestión pública, que tampoco hay. Preocúpense de esos tres elementos y la gente les creerá lo que dicen.

El desacato es un antídoto contra la caudillización, el despotismo, el autoritarismo y el poder asfixiante. El desacato es oxígeno para respirar. Fue Sánchez de Lozada quien metió a la cárcel a Manuel Morales Dávila, papá de la ministra Morales, por desacato cuando lo acusó de traición a la patria por la capitalización de las empresas estratégicas del Estado. Por eso mismo es un error refugiarse en la misma figura que otrora lo hicieran los dictadores y los “chicago boys” vendedores de los recursos naturales de la sociedad.

Discutir la necesidad de protegerse de la crítica, de protegerse de la mentira, de protegerse de la denuncia es a todas luces un camino errado que acerca a los y las del Movimientos Al Socialismo (MAS) a sus supuestos irreconciliables enemigos de la derecha porque los convierte en lo mismo. Despóticos y autoritarios incapaces de recibir una broma, una crítica o contrastar una posición en el marco de relaciones horizontales.

Por último, creo que la Asamblea Plurinacional tiene cosas más importantes que discutir y de manera urgente, por ejemplo cómo articularse de verdad con la sociedad y cómo ser un órgano independiente del ejecutivo, pero su extravío los conduce a discutir erráticamente como quitar la figura del desacato para sustituirla por otra que suene distinto y sirva para lo mismo: protegerse de la sociedad.

Protéjanse nomas pues, pero siempre habrá una niña, una loca, un joven, un movimiento rebelde, la gente indignada que se atreverá a decir una y otra vez que “el rey está desnudo”.

PáginaSIETE.bo (12/06/2012)
Desde la acera de enfrente María Galindo, miembro de Mujeres Creando.

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ve también:
Cerrar
Botón volver arriba