ArtículosDaniel A. Pasquier RiveroIniciosemana del 9 de JULIO al 15 de JULIO

EVO EN RIO Y EL TIPNIS

Más de 50.000 participantes en la Cumbre de Rio + 20 clausuraron con una sensación de desencanto la magna asamblea. Quizás, faltó más conciencia de la crisis económica mundial, que afecta visiblemente a los mayores centros industriales del gran capital, y sin ánimo para atender recortes, imposiciones y trabas que puedan estar reñidos con los esfuerzos por superar la crisis.

Se sumó la mayor tensión entre países grandes, más afectados, y los que convierten todo en ocasión política para echarle la culpa de todo al capitalismo dominante. Pasan por alto que entre los “capitalistas” hoy se encuentran gobiernos de izquierda y de derecha, conservadores y progresistas, democracias y dictaduras, etc., son las economías más fuertes y dinámicas en el mundo, y han escogido sin arrobos ideológicos al capitalismo como el camino más corto para alcanzar “el vivir bien”, la sociedad de bienestar. Son, en general, las más equitativas, más justas y más libres.

Evo Morales, para empezar, llegó a Río de la mano de M. Ahmadineyad, presidente iraní cuestionado por las “potencias” económico militares mundiales, por su empecinamiento en el proyecto de enriquecimiento de uranio que no convence ser estrictamente para fines pacíficos. El último hallazgo en instalaciones de Irán de rastros de uranio enriquecido por encima de 20 por la comisión especializada de NNUU para energía atómica ha eliminado prácticamente cualquier duda: se está desarrollando tecnología y material con el fin de obtener suficiente material radioactivo para disponer de armas atómicas. A pesar de esto Evo conjuga su apego al presidente iraní con la declaración “Bolivia es un Estado pacifista que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz” (CPE, Art.10), que recoge genuinamente el sentimiento y la convicción de la población boliviana.

Los resultados fueron evidentes y, en lo principal, el rechazo de la presidenta Dilma Rousseff, anfitriona del evento, a recibir en audiencia al representante iraní, lo dice todo. Algo equivalente a “No me interesa hablar con Ud., no me interesan sus argumentos”. Situación comprensible políticamente, pero además, porque Dilma sufrió persecución, prisión y tortura en época de dictaduras en Brasil. ¿Cómo atender al Jefe de un gobierno radical y fundamentalista religioso caracterizado por la falta del respeto más elemental a los derechos humanos y a la mujer? Pero al presidente Evo esto parece no importarle.

Está claro, Evo y su gobierno no han perdido el norte, querían poder y lo han conseguido. Todavía quieren más poder, probablemente no sepan ni para qué. Citar a Fidel Castro solo puede arrancar sonrisas de burla cuando no muecas de disgusto: “Acaben el hambre no al hombre”, frase posiblemente inspirada en sus largas charlas con el autor de Macondo, pero ajenas a la realidad, como lo atestiguan los 50 años de cubanos intentando escapar del paraíso castrista. Siguiendo el ejemplo hoy Bolivia importa alimentos, gracias al control de precios establecido y a la caída de la producción debido a la prohibición de la exportación de excedentes. Y sigue el discurso de la “revolución productiva”. Y a los marchistas del TIPNIS se les prohibió hasta el acceso al agua.

Al inicio de su discurso el presidente felicitó “a todos los pueblos del sur, especialmente al movimiento indígena originario”. Es más fácil felicitar “movimientos”, no tienen piel ni huesos. Otra cosa es con los indígenas marchistas del 2011, ¡apaleados en Chaparina! Vuelven a marchar el 2012 reclamando derechos constitucionales, arriban a La Paz con tres vidas menos, solo para apostarse a la puerta de la vicepresidencia, porque Evo se niega a recibirlos. ¿Otra herencia cultural del Imperio Inca? Cortaban la cabeza del que osaba mirarle a la cara. Hoy, después de mil humillaciones, inhabilita a una dirigente indígena para dialogar, porque tener antecedentes de narcotráfico, olvidando que ella representa el eslabón débil en la cadena de producción e industrialización de la coca. Sin embargo Evo ejerce la presidencia de las seis federaciones de cocaleros y, estamos en un punto en el que a nadie, ni aquí ni afuera, hay que explicarle para qué sirve la coca.

Cualquier reivindicación indígena rezuma para el gobierno, otras intenciones, hasta “golpistas”. Al presidente le secundan eficazmente operadores fieles que manejan las riendas del poder-poder. El Vice da el marco teórico a la Marcha indígena y con ello a todos los reclamos posibles de derechos colectivos indígenas: “falsos izquierdistas hoy convertidos en la avanzada de la derecha fascista y separatista en nuestro país” (cuando no, el toque al “separatismo”, ¿de quienes?). Reclamar derechos es un delito. Si eres de derecha por supuesto ipso facto renunciaste a tus derechos. Pero si eres de izquierda y te pones al lado de los marginados, los excluidos, los pobres de siempre, los indígenas del altiplano, de los valles o de tierras bajas, ya te has pasado a la derecha, ergo. ¿Esto es el gobierno del “proceso de cambio”?

El Ego ha crecido demasiado. Ve imperialistas por todos lados, la soberanía de los vecinos le estorba, como a los cumpas Chávez, Correa y la Kirchner. Se niega a Brasil un salvoconducto para un asilado político. Se pide intervención y bloqueo a Paraguay por la destitución constitucional de F. Lugo. Lanza diatribas y amenazas a los vecinos, por veladas que sean, obviando dimensiones de economías, influencias y poderío militar; Brasil (1), Perú (3) y Chile (4) entre los latinoamericanos. Su inquina contra EEUU no cambia la realidad: 607.000 MD (millones de dólares) en gastos en FFAA, contra nuestros 295 MD/año, y que parece mucho, existiendo tantas falencias en seguridad ciudadana, salud y educación. Duele ver al presidente dar palos de ciego, solo porque la soberbia, lo innoble, se ha encumbrado en el Estado Plurinacional. Los excluidos y marginados, siguen siendo los de siempre. Es hora de recordar a A. Lincoln, “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

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