ArtículosIniciosemana del 6 de AGOSTO al 12 de AGOSTOSusana Seleme Antelo

La Gran Estafa

Vuelvo a escribir con un título que nada tiene que ver con la chispeante película del mismo nombre y su célebres actores y actrices. Algo con el libro “La gran estafa” que habla del fracaso de las utopías comunistas en América Latina, y nada con la gran estafa, según algunos analistas, de los libros de autoayuda.

La estafa que hoy me interpela, luego de otro aniversario de la Patria, es el discurso de un doble mandatario: Evo Morales, presidente de Bolivia y de los cocaleros que cultivan hoja de coca, materia prima de la cocaína. En esa doble condición, el pasado 6 de agosto hilvanó el país de sus plurificciones hasta el año 2025, dando por sentado que irá a una re-reelección inconstitucional en 2014: fue electo la primera vez en 2005 y la segunda en 2009. La Constitución permite solo un reelección.

El discurso fue otra gran estafa, antes que un informe sobre el estado de la Nación, que Morales nunca ha dado en sus 6 años de gobierno. Asumió como siempre el papel de víctima, ahíto de historia colonial: los “invasores” llegaron a estas tierras donde reinaba el amor y la tolerancia, a la que los españoles trajeron la división, el odio, el racismo. Esa historia la sabemos cruel, sí, pero antes de la conquista aquí no reinaban ni amor ni tolerancia, pues el Imperio Incaico, como todo imperio político-territorial expansivo, imponía sus dominios a sangre y fuego. Morales se resiste a dejar atrás la historia negra de la conquista, para dar paso al presente y el futuro, sin desterrarla, claro, porque es parte de lo nuestro. Sin embargo, sí nos ha desterrado del censo 2012 a las mestizas y los mestizos de Bolivia.

Lo real es que tras 187 años de independencia del colonialismo español, seguimos dominados por caudillos autoritarios, mesiánicos, autócratas, prorroguitas con ínfulas totalitarias, como corresponde. Esas taras sí pueden matar a la Bolivia democrática, que no la mató ni la derecha ni el neoliberalismo, pero hoy Morales hiere de muerte con el socialismo chavista del siglo XXI, izquierdista-estalinista, jacobino, impostor y demagogo.

La corrupción y el narcotráfico -cuya materia prima la producen sus afiliados cocaleros- fueron el mayor hallazgo de su discurso, y aunque les dedicó poco tiempo, los calificó como los principales problemas de su gobierno. También lo son para 70 % de la población, según encuestas.

La hidalguía de hombre de Estado que nunca ha sido, le impide a Morales ir al meollo del asunto: la corrupción y como parte de ella el contrabando masivo de mercancías, entre otras las necesarias para la cadena del narcotráfico, son los ‘oficios’ que le brindan sus mayores bases de sustentación política. Que linden con la ilegalidad, parece no molestar al oficialismo, tomando en cuenta que la ética está desterrada del ejercicio en la política oficialista.

Para Morales, la ex República de Bolivia, hoy es ‘su’ Estado plurinacional comunitario, en el que solo él y los suyos creen.

Es un Estado des-institucionalizado, con anulación de la independencia de poderes, exacerbado centralismo presidencialista y culto a la personalidad del ‘jefazo’. Ese Estado Pluri se traduce en la práctica en un solo instrumento de dominación, en el que Estado-líder-gobierno-partido-fuerzas armadas-movimientos sociales son un solo ente, con la incorporación de las FF.AA y los militares como apéndices del Ejecutivo.

Es un Estado para el repudio por la politización de la justicia con jacobinos fiscales y jueces para eliminar a opositores políticos que dejan in-gobernabilidad, in-competencia, ineficiencia y conflictividad social creciente.

Un discurso para el desecho

Discurso que suma al engaño colectivo pues ni como presidente de las 6 Federaciones de cocaleros –lo es hace 17 años- ni como violento diputado de oposición en defensa de sus afiliados, Morales fue conocido como defensor de los pueblos indígenas ni de la Madre Tierra. Sin embargo, con esas banderas sedujo a todos. Para denunciar su impostura, basta el genocidio* aplicado a los indígenas de Tierra Bajas en la VIII, la IX Marcha y la pantomima de un consulta a todas luces ‘póstuma’ en el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Su objetivo es la “rodovía da coca”, como dicen en Brasil, para la expansión de la frontera agrícola de la economía política de la cocaína, sobre todo si deja en manos de los propios cocaleros la llamada “erradicación concertada”.

Así hemos desplazado a Colombia en la producción mundial de cocaína, para ocupar el denigrante segundo lugar, luego de Perú. A falta de medallas olímpicas, tenemos la medalla de plata en la producción de droga. Sin embargo, no es justo hablar de un Estado cocalero, como dicen algunos, cuando lo que existe es un ‘gobierno cocalero’. El Estado es permanente, somos todos los que bajo un contrato social formamos parte de esa institución. En cambio, cualquier gobierno es transitorio, como la rueda de la fortuna, gira, sube, baja y cambia con cada elección general, según la voluntad ciudadana.

Morales dijo que creará el primer “ejército ecológico”, para impedir la invasión a los parques nacionales, empero, en criterio de muchos analistas, será otro instrumento para reprimir a los indígenas de Tierras Bajas, cuyos líderes ya tienen mandamientos de apremio, por asuntos de poca monta. Una vez mas, se trata de la politización de la justicia: en los hechos es una persecución por la férrea resistencia con bloqueos y alambrados de ríos que los indígenas hacen a la post consulta y de suyo a la carretera.

Sobre la economía dijo que tiene mucha desconfianza de la inversión privada, y así nos va: mísera inversión extranjera directa, que hasta Cuba ya acepta. Se alabó por los indicadores macroeconómicos que no responden a una política económica de su gobierno, sino a los altos precios de las materias primas en el mercado internacional, pero no mencionó a la microeconomía, que es la que interesa a la población.

En seis años de gobierno no ha creado una solo empresa productiva que genere empleos también productivos y seguros. Más bien, 80% de la población económicamente activa vive en la informalidad. La gente pobre no ha salido de la pobreza gracias a políticas públicas, mientras se la deja librada a sus estrategias de supervivencias no ajenas a la ilegalidad, al delito, la delincuencia y la violencia que acosan a moros y cristianos.

En honor a la verdad, claro que ha habido en estos años gran movilidad social, presencia de nuevas elites indígeno-mestizas en el aparato del Estado, y nuevos ricos de extracción popular, tampoco ajenos a aquellas prácticas nada santas.

Otra impostura en este séptimo discurso, es el anuncio de que garantizará “la seguridad alimentaria con soberanía”. Y sin embargo “desincentiva las inversiones agrícolas grandes, por la ridiculez de imponer trabas arancelarias y controles de precio a los productores agropecuarios de Santa Cruz … mientras los favorecidos ‘originarios’ prefieren invadir predios ajenos, matutear productos agroindustriales y gas al Perú, sembrar coca y fabricar cocaína en reservas y parques naturales”, según Gary Rodríguez, gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). Tampoco deja de preocupar el discrecional manejo de recursos del Estado, la total ausencia de transparencia del gasto público y sus millonarias inversiones en aviones, helicópteros, satélites, teleféricos sin llamado a licitación.

No son nuevas las infructuosas acciones de naturaleza ideológica para desmantelar a la economía industrial agroexportadora del Oriente que produce 70% de la seguridad alimentaria del país. En cambio el país sigue en el obsoleto patrón de acumulación extractivista minero e hidrocaburífero, sin valor agregado y sin industrialización alguna.

Sobre la pobreza

Este séptimo discurso de la era Morales introdujo la promesa de erradicar la pobreza extrema hasta 2025. No dijo ni esbozó cómo. Asumo que es porque no saben que la única y mejor manera de romper el perverso ciclo de reproducción intergeneracional de la pobreza empieza con la cobertura de educación a todas las madres, como acceso en igualdad de oportunidades y en aras a la equidad de género, para educar mejor a sus descendientes. De ahí el principio de “madres educadoras para sociedades educadas”.

Otro discurso para el desecho, pues Morales y los suyos tampoco deben saber que por cada dólar invertido en la primera infancia –desarrollo infantil de o a seis años-, se recuperan $us 17, y que su tasa de retorno es superior a proyectos de infraestructura como carreteras u otros.(A. Díaz. OPS) Obvio que no lo sabe, por eso insiste en la carretera que destruirá la biodiversidad del TIPNIS y su rico capital humano. Tampoco sabrá que por cada dólar que se le niega en inversión a un niño-niña, el Estado tendrá luego que gastar cerca de $us 63 en ese mismo niño-niña cuando sea adulto. Y entonces no lo invertirá en nutrición, salud y educación, sino en policías para detener la delincuencia, o en centros de rehabilitación o en cárceles.(Universidad de Berkeley, USA)

Conclusiones

Si las frases finales de su discurso fueron “Bolivia está en nuestras manos” y “Vamos a luchar contra el imperio”, no quedan dudas que su discurso fue otra gran estafa porque el imperio contra el que hay luchar es la economía política de la cocaína y no contra Estados Unidos de Norteamérica. En la práctica, el MAS se reproduce a si mismo, encerrado en su entorno y su mundo, al margen de un aire plural y renovado de otras ideas que no sean las que emanan del socialismo del siglo XXI y su mentor venezolano, amén de los demás ‘bolivarianos’.

En el séptimo aniversario de la Patria, el gobierno de Evo Morales y compañía han degradado a la República de Bolivia, convertida hoy en un estado Pluri-ficciones, pluri-represivo, sin respetar los principios republicanos, el Estado Democrático de Derecho y el respeto a los Derechos Humanos. Y ello, pese a que Morales llegó al gobierno arropado en la democracia plural del sistema de partidos políticos de entonces, más alla de sus falencias.

El famoso Estado ‘pluri’ de Morales y los suyos, es una dictadura revestida de democracia

*Cualquier acto que produzca lesión grave a la integridad física o mental de los miembros de un grupo étnico, racial o religioso; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, entre otros. NN.UU

11 de agosto de 2012

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