ArtículosIniciosemana del 12 de NOVIEMBRE al 18 de NOVIEMBRESusana Seleme Antelo

Mestizos como anécdota

El Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, a realizarse el próximo 21 de noviembre, se las trae, como dicen quienes temen alguna sorpresa desagradable. Por ejemplo, aunque ya lo sabíamos, no se registrará la respuesta “mestizo”, pero podemos expresarlo. De lo que no teníamos información es de que sólo quedará como “una anécdota”.

Así afirmó el director del Instituto Nacional de Estadística (INE) Ricardo Laruta, en entrevista a radio ERBOL: “Se va a saber cuántos han respondido ‘mestizo’, va a haber una cifra. Pero al momento de procesar la pregunta, ya no se la va a tomar en cuenta, porque la pregunta N° 29 está orientada a que se contabilice la cantidad de pueblos originarios o afrodescendientes. Será un número que se lo va a contabilizar, digamos como anecdótico”.

En otra palabras, las y los mestizos en Bolivia somos una anécdota, es decir, el “Relato breve de un suceso curioso o divertido. Suceso irrelevante o sin importancia”, tal como el Diccionario de la Lengua Española define la palabra anécdota. Sus sinónimos son “chiste, cuento, historieta, intriga, chascarilla, inciso, cortado, separado, suelto, dividido”.

Para que se enteren los compatriotas originarios, afrodescendientes y el resto del mundo, mestizas y mestizos en Bolivia somos una anécdota irrelevante y sin importancia, según el gobierno del presidente Evo Morales.

Cuando los operadores del Censo le pregunten si usted pertenece a una de las 40 naciones originario-indígena ahí consignadas, si es mestizo (a), la respuesta debe ser “otro”, como reza una casilla de la boleta, en este acápite. Y entonces, deberá vigilar que se escriba al lado y con bolígrafo –no con lápiz- la palabra mestizo/a, como constancia de que la mayoría de la población boliviana es mestiza de carne y hueso, y no resultado de una historieta de plurificciones o de una intriga de zombies disidentes, lacayos del imperialismo.
Incapaces de convivir con la diversidad étnico-cultural que nos define como nación síntesis de múltiples determinaciones, Morales y conmilitones, cometieron un atentado político, étnico y ético al haber discriminado a la sociedad mestiza en este censo. Hasta hoy lo han manipulado para seguir vendiendo el ‘cuento’ -chino o cínico, impostor siempre- de que este es un país de mayoría indígena.
Que los hay muchos y de diferente procedencia étnica, es una verdad histórica. Sin embargo, esa condición que podría ser positiva en términos de interculturalidad, el oficialismo la convierte en manipulación política excluyente. El objetivo es someter a la población boliviana al expansionismo de la nación y cultura aymara que, sin ser mayoritarias como sus vecinos quechuas, también andinos, sí son muchos más que los indígenas de tierras bajas.
Estos pueblos están arropados en 34 naciones menos numerosas y algunas minoritarias, con un pasado de más larga data que los aymaras y el imperio inca, según antropólogos y especialistas en el tema. Diseminadas en la región nororiental del país esos pueblos indígenas, no tienen ascendencia aymara ni colla, sino arawak, pueblo que dominaba Las Antillas, tres mil años antes de nuestra era. Desde el Caribe bajaron a las costas de Brasil, se internaron al Amazonas y poblaron toda esa región, hasta los piedemonte andino.

Expansionismo aymara y manipulación ideológica

Esos pueblos no son “los vigorosos guerreros del arcoíris que vienen del sur a devolverle el equilibrio a la Tierra” -los collas- como anuncia el canciller aymara David Choquehuanca, para el próximo 21 de diciembre. Ese día, el solsticio de verano, se producirá un cambio en la vida de los pueblos, y aunque no especifica el alcance de ese equilibrio, solo sabemos que “será el fin de la coca-cola” según el ministro aymara.

Se podría afirmar que tal pensamiento es ‘originario’, sin menoscabar a los verdaderos originarios, pero más parece una de la tantas plurificciones y anécdotas del Choquehuanca. Sin embargo, bajo el expansionismo aymara, promovido con ahínco también por el ‘Vice’, se discrimina a los indígenas del Oriente, entre ellos a los que defienden el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS).

Partamos de la base que todos los indígenas son originarios, pues aquí estaban desde tiempos inmemoriales. Pero no todos los indígena-originarios son campesinos ni cocaleros, ni todos los cocaleros o campesinos son indígena-originario. Y ¿qué significa la abigarrada categoría ‘originaria-indígena-campesina’? Es parte de las manipulaciones ideológicas del oficialismo masista, para equiparar a los cocaleros con originario e indígena. Esa trilogía ‘originario-indígena-campesino’, iguala etnia con oficio y con clase, de intenciones nada santas, pues ahí meten de contrabando a los cocaleros, campesinos que cultivan la hoja de coca, materia prima de la cocaína.

Campesino es una categoría de clase, es decir, económica: puede trabajar la tierra que no es suya como asalariado y también pude ser productor propietario independiente o colectivo, dueño de la tierra que el mismo trabaja, como el triple presidente Evo Morales. Ya no es solo doble: del Estado Plurificciones y las de las 6 federaciones de cocaleros del Trópico cochabambino, dueño de un cato de coca (1.600 m2) sino presiente vitalicio de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS)

Amén de otras chapuzas, este censo es un atentado en términos de clases sociales, pues la gran mayoría mestiza pertenece a la clase media, media alta, media-media o media baja, como especifican algunas nomenclaturas. Esta viene a ser una más de las tantas incongruencias del Estado Plurificciones de Morales y compañía: se vanaglorian de que durante su gobierno ha surgido un millón de nuevos “clasemedieros” y no reconocen que esa nueva clase media, como las anteriores, es de origen mestizo. En realidad, ni anécdota, ni suceso curioso o divertido, ni irrelevante y sin importancia

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