ArtículosIniciosemana del 17 de DICIEMBRE al 23 de DICIEMBRESusana Seleme Antelo

La práctica obscena del ejercicio del poder

“Cuando los abogados me dicen es ilegal, yo le meto nomás y les digo métanle no mas, y después lo legalizan; para eso han estudiado».
Evo Morales Ayma. Presidente de la ex República de Bolivia, hoy Estado Plurinacional. 28 de agosto 2008. Sucre.

Esa frase pinta de cuerpo entero al presidente. Ese es el detonante de la corrupción estructural que salpica a todo su gobierno ya que él mismo dio el puntapié para cometer ilegalidades. Y a confesión de partes, relevo de pruebas, como dice el aforismo jurídico.

Mucha tinta jocosa ha corrido sobre ese ‘dicho’ de Morales, cuando en realidad es una lapidaria declaración de principios contra la legalidad de un Estado de Derecho y la directa injerencia del poder ejecutivo sobre el poder judicial. Es decir, la independencia de poderes pasó a mejor vida. De ese modo, cualquier delito del gobernante, se convierte en razón de Estado y en nombre de esa razón, todo vale para conservar el poder, aun a costa de violar derechos políticos y civiles, seguridad jurídica y libertad de las personas.

Si el Estado de Derecho es acosado por prácticas que vulneran todo el andamiaje institucional, con extorsionadores que portan licencia para matar, la corrupción crece como la mala hierba. Que siempre ha habido corrupción, aquí y en todas partes de mundo, es una verdad desde el principio de la historia. Sin embargo, hoy se comprueba que la práctica obscena del ejercicio de poder irrestricto, se convierte en asalto del erario público y privado, se instala la cultura de la extorsión y el cohecho activo.

En los peligrosos años vividos bajo el régimen del gobierno de Evo Morales, este 2012 que concluye es el peor de todos. En 2011 la sociedad eligió un nuevo poder judicial por voto directo en las urnas, pero fue un acto más de impostura y política mediática en pos de mayor control en la administración de justicia. Nada cambió y más bien hubo retrocesos por la excesiva subordinación política y centralización económica.

El comportamiento corrupto, desde cualquier ámbito de poder, desnuda los más bajos instintos de la naturaleza humana. No obstante, no es el poder el que corrompe, sino que el poder desnuda los más bajos instintos: enriquecerse a como de lugar, por ejemplo. Tampoco es que “la ocasión hace al ladrón”, según el complaciente refrán, porque para eso existen normas culturales, que impide el pillaje sin Dios ni ley desde los tiempos primitivos. Mientras la cultura intenta instaurar unidades sociales cada vez mayores, en contrapartida restringe el despliegue y la satisfacción de las pulsiones agresivas y destructivas, según Sigmund Freud. Es lo que se conoce como “el malestar en la cultura”, es decir, el desencuentro y la contradicción entre las exigencias de las pulsiones negativas y las restricciones impuestas por la cultura.

“La luz de lo público lo oscurece todo”

Así sentenciaba el filósofo alemán, Martín Heidegger sobre los tiempos autoritarios de la primera mitad del siglo pasado, como recuerda Hanna Arendt en su libro Hombres en tiempos de oscuridad. Sus connotaciones filosóficas son harina de otro costal, pero ¡qué hermosa metáfora en clave de oxímoron! “Sarcástica y perversa declaración… que no era más que un resumen sucinto de las condiciones existentes” sentenció Arendt[1]. Nada más parecido a las condiciones de Bolivia en la era Morales.

Si se trata de hacer un balance de estos 7 años, la persistencia de abusos cometidos contra la sociedad y legalidad han desembocado este fin de año con furia incontenible. Por fin se descubre con nombre y apellido a los miembros de la red delincuencial de abogados, fiscales, jueces extorsionadores cobijados en el ministerio de Gobierno, de la Presidencia, el de Anticorrupción, la Fiscalía y los Tribunales de (in)justicia. En este último caso, se trata nada más y nada menos que del Ministerio Público, institución cuyo deber supremo es proteger a la sociedad y al Estado de todo tipo de delitos, sean políticos, económicos, étnico, culturales u otros.

Han sido 7 años en los que la sociedad ha vivido en total estado de indefensión, víctima de los depredadores de la justicia. Sin embargo ¿quedarán impunes quienes dicen que no sabían de las millonarias extorsiones que cometían sus subalternos? Sino lo sabían, son unos ineptos. O que sabiendo lo que pasaba, son parte de la red delincuencial por el delito de complicidad, como reza el artículo 23, capítulo V, Participación Criminal del Código Penal :“Art. 23 (Complicidad) Son cómplices los que de cualquier otro modo facilitan o cooperan a la ejecución del hecho, en tal forma que aun sin esa ayuda se habría cometido”.

La contundencia de estos hechos es tan brutal, que el gobierno busca desesperadamente tapar el sol con un dedo. Y no ha encontrado nada más expedito que acusar a la CIA, burdo comodín de gobiernos autoritarios, antidemocráticos y antiimperialista, para liberarse de sus propias culpas. Nada mejor, entonces, que distraer la atención de la sociedad y dirigir la política informativa para ‘desinformar’ a la opinión pública hacia otro rubro: el espionaje del Imperio para dañar la imagen de su gobierno, Evo Morales dixit.

Anuncian que se investiga la presencia de un infiltrado de la CIA, y se acusa a un personaje llamado Boris Villegas, que trabajó en las esferas oficiales y los ministerios implicados, desde el inicio de la era Morales. Y fue él quien señaló al exministro de Gobierno, Sacha Llorenti, hoy embajador en Naciones Unidas, responsable de la represión a los indígenas del Oriente en Chaparina, el año2011, cuando las papas empezaban a quemar a más de un funcionario.

A la postre, el “proceso de cambio” y “socialismo del siglo XXI” de Morales y su conmilitones, ha desnudado sus peores caras: el desprecio al Estado democrático de Derecho, la corrupción estructural y sus pulsiones totalitarias. Decir como dijo Morales “le meto nomás” aunque sea ilegal”, es una confesión impúdica de exceso político del poder. En otras palabras, “las leyes no interfieren realmente, puedo hacerte lo que quiera, puedo tratarte como culpable si así lo decido, puedo destruirte si lo deseo” [2].

Así se explican los procesos contra opositores políticos o guillotinas judiciales a falta de las que cortan cabeza, como le gustaría al ‘Vice’ García Linera que desea ser el último jacobino de la historia, claro, en su fase de terror absoluto. Daba lo mismo que fueran autonomistas u otros actores políticos, pero esas víctimas llevan entre 3 y 4 años detenidos, en el exilio, en el limbo antijurídico, acusados sin prueba alguna de terroristas-separatistas y algunos de genocidio desde la ruptura del proceso constitucional en 2003. En ninguno de esos casos hay jurisprudencia, pues se trata groseros juicios políticos contra adversarios al poder central. (ver El poder se pudre y huele como la peste, Susana Seleme Antelo. 2.XII.12 en Internet)

¿Cuál será el destino del caso terrorismo-separatismo, si los imputados ya señalan al famoso fiscal del caso, Marcelo, Sosa como uno de los más abusivos, y exigen auditoría a su trabajo? Para cualesquiera de los casos que han ocasionado tanto sufrimiento a los acusados y sus familias, retomo el artículo 23: hay complicidad de muy altos niveles gubernamentales. Por eso buscan chivos expiatorios: los de abajo hasta el inexistente infiltrado de la CIA. Los responsables intelectuales e ideológicos, los ministerios implicados y sus cabezas, como los montos obtenidos por la red de extorsionadores quedan al margen de una investigación imparcial. Seguirán gozando de las mieles del poder, en lo más alto de la estructura política. Como dice Giovanni Sartori, “…la corrupción política ha alcanzado ya el punto crítico de corromper la actividad política misma”. Entonces surge la antipolítica.

La antipolítica y el conflicto social

Evo, Morales, el ‘Vice’, Juan Ramón Quintana, como muchos otros ministros y acólitos, destruyeron las bases de la institucionalidad democrática mediante el uso de la violencia real y simbólica, es decir mediante la suspensión política de la ética y la antipolítica. Es obvio que esta ultima categoría es también política, pues deja que otros actores con sus prácticas gremiales, corporativistas, hasta violentas, actúen como parte del sistema de partidos políticos, calificados como movimientos sociales.

La antipolítica ha llegado a ser una alternativa real frente a un sistema de partidos desgastados, pues no rompe necesariamente el orden constitucional; se implementa en el terreno de la democracia, pues ingresa en los procesos electorales acompañando a un líder carismático; tiene cobertura de un poderoso marketing mediático y encubre adecuadamente dictaduras de poderes fácticos[3].

En ese fangoso terreno se cobijan todos los extremismos, amparados en movimientos sociales de cocaleros, campesinos, cooperativistas mineros, contrabandistas de toda laya, incluso narcotraficantes, en manos de dirigentes no políticos, pero vinculados estrechamente al poder político oficialista. La antipolítica es responsable en gran parte del innegable sentimiento antipartidos llamados “tradicionales”, que caracterizó la etapa previa a la llegada al poder de Morales y los suyos, bajo título del “proceso de cambio”.

Hoy no quieren cambio alguno, pues ya es un partido conservador: que nada cambie para conservar el poder, de ahí la sentencia de Ernesto Sábato: “no hay nada más conservador que un revolucionario en el poder”.

Aquellos movimientos han ejercido y ejercen violencia social como base de sustento político del ‘jefazo´ y han hecho del conflicto un instrumento de ascenso social. Un estudio sobre el tema apunta que la conflictividad social “ha permitido promocionar liderazgos políticos y movilidad social entre los protagonistas… entre los que Evo Morales Ayma figura en primer lugar”[4]. Hace referencia a la práctica de Morales como violento líder sindical cocalero, hasta llegar a lo que es hoy: exitoso triple presidente 1) de las poderosas 6 Federaciones del Trópico de Cochabamba, que cultivan hoja de coca, materia prima de la cocaína; 2) presidente de Bolivia y 3) de su partido, Movimiento al Socialismo (MAS).

¿Explica esa cualidad, es decir, tres funciones en una sola persona, el incremento de los cultivos de hoja de coca, de 12.000 ha. permitidas a más de 30.000 hoy, y de suyo el aumento exponencial de la producción de droga? Ser juez y parte, en este caso, es una prueba fehaciente de la suspensión política de la ética. También es corrupción.

Lo plurinacional

Devenido en un mercadeo político eficiente, lo “plurinacional” como visibilización del discriminado mundo indígena, fue otro anzuelo populista y una de las tantas ficciones, bajo la trilogía indígena-originario-campesino. Esa trilogía tiene burdas trampas: “invisibiliza la diversidad de las distintas identidades indígenas entre sí y, fundamentalmente, la divergencia entre la identidad campesina y las identidades indígenas”[5]. Las trampas de lo originario-indígena campesino, como formulación jurídica sin sustento en la realidad sociológica y con evidentes manipulaciones ideológicas, tiene además errores teóricos y conceptuales significativos.

Confunde deliberadamente etnia, oficio y clase. La confusión no es gratuita: da cabida como actor político fundamental al sector cocalero, identificado como campesino, no necesariamente indígena originario, sino mestizo. Tampoco obrero agrícola, sino propietario de la tierra donde cultiva la coca. Como tal, campesino pequeñoburgués.

En la Revolución Nacional de 1952, la palabra ‘indio’ fue cuasi desterrada por las connotaciones racistas que primaban en aquella sociedad señorial, con un pie en el feudalismo y otro en la economía capitalista. Y se la fundió con ‘campesino’, para la construcción de una identidad nacional, sobre la base de la alianza de clases obrera campesina.

Morales y sus ideólogos, privilegian la identidad étnica cultural y aceptan una débil visión de clases sociales. No obstante, lo ‘plurinacional’ como reconocimiento a las 36 naciones indígenas inscritas en la Constitución, queda reducido a la supremacía “de una identidad expansiva macroaymara … es un hecho político y su presencia en el Estado depende de su capacidad de movilización, de presión, política y representación; es decir un cálculo de fuerzas físicas hacia el Estado”[6]. Esa confesión aymaracentrista, explica el desmedro y el desdén hacia las otras identidades indígenas como las del Oriente boliviano.

La más brutal prueba de la utilización utilitaria y mediática del tema indígena, es la forma represiva y racista con que fueron mal-tratados los pueblos del Oriente, agrupados en la Confederación Indígena del Oriente Boliviano(CIDOB). Ellos enarbolaron la oposición a la carretera que pretende partir en dos y matar el Territorio Indígena del Parque nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), uno de los mayores reservorios de la biodiversidad no solo de Bolivia, sino del continente. Y en el arrebato de su desprecio político hacia esos pueblo, han concluido una llamada “consulta previa”, en los hechos una “consulta póstuma” para la construcción de la carretera, cuando las obras ya se han iniciado. Bautizada como la ´transcocalera, pues pasará por esas zonas, la lucha indígena y de gran parte de la sociedad es para impedir que pase el centro del TIPNIS. Así, la defensa de la Madre Tierra fue otra impostura y otro burdo anzuelo utilitario.

Los responsables de la indefensión jurídica, política, social y étnica

Evo Morales es el principal. Viejo sindicalista cocalero y presidente de las poderosas 6 Federaciones de cocaleros del Trópico de Cochabamba, hace 17 años, cuya cosecha de hoja de coca va toda a la producción de cocaína, exportó a Palacio de gobierno el peor estilo sindical: la extorsión, el chantaje violento y el verticalismo a rajatabla. Y convirtió esa práctica en política del Estado plurificciones, más que plurinacional.

El indudable instinto político sindical del que goza, no suple sus carencias como dirigente político, ni como hombre de Estado, ni como el primer mandatario del país, ni como interlocutor con la oposición interna ni en el contexto internacional. Juega con un carisma que explotó y explota muy bien, hoy con menos rédito político. En el curso de estos años Morales ha prostituido la práctica política pues desconoce el ‘ABC’ del oficio político en democracia: el diálogo, la negociación, los acuerdos y los pactos por el bien común.

Tampoco le interesa conocerlo, pues es un sindicalista cocalero radical que maneja el Estado y el gobierno como su sindicato, su propiedad y su patrimonio personal. se ha convertido en adicto al culto a su personalidad, tanto que se está construyendo un museo de la Revolución étnico cultural, en su pueblo natal –un alejado villorrio del Altiplano- con una inversión de cerca de 7 millones de dólares, sin licitación y sin rendición de cuentas.

Le sigue su lugarteniente, el Vice Álvaro García Linera, reencarnación de la época jacobina del terror, no del Robespierre revolucionario de la primera y gloriosa época de la Revolución Francesa. Como la mayoría de las revoluciones que se pierden en el ejercicio del poder por del poder, terminan comiéndose a sus hijos: a Robespierre con la guillotina que aplicó a todos sus contrincantes. ¿Cómo acabará el ‘Vice’ que ya le ha ‘robado el alma’ a muchos k’ahras, tan mestizos y blancoides como él, que pasó de ser un terrorista guerrillero ‘tumba torres eléctricas y asaltante de remesas públicas y bancarias? Cada vez hay mayores elementos que lo apuntan como el autor intelectual del complot terrorista-separatista contra las autonomías, sus dirigentes y otras tropelías, aunque con su práctica clandestina de guerrillero urbano, sabe como camuflar sus instintos violentos y destructivos frente a sus oponentes.

Y un Juan Ramón Quintana ministro de la Presidencia por segunda vez, ex capitán del ejército, entrenado en la célebre Escuela de las Américas para la lucha anticomunista y contrainsurgente en América Latina, es un personaje con síntomas patológicos de violencia verbal y física. El es quien quería mandar al exprefecto de Pando, Leopoldo Fernández, “bajo tierra a convivir con los gusanos…” durante una campaña contra las autonomías. En ese afán coordinó, dirigió y supervisó las acciones que terminaron a enfrentamientos entre campesinos leales al MAS y jóvenes maestros trasladados desde La paz, frente a defensores locales de la autonomía, con un saldo de 11 muertos, de uno y otro bando. Fernández fue destituido, acusado de genocidio, no está conviviendo con gusanos, sino preso hace 4 años sin juicio. Quintana, por el contrario, sigue gozando de las mieles del poder, sin que le importe que esas mieles huelan a pura corrupción.

Hay otros personajes de menor ‘pedigrí’, pero quien más, quien menos no actúa en Beneficio del bien común o para el “vivir bien” según su lema, ni para vivir como iguales, reconociendo la singularidad de cada cual, sino para reproducirse en el poder por encima de toda la sociedad y a cualquier medio.

Hoy solo les interesa “atacar y castigar al que piensa distinto, quitar el patrimonio del oponente, acabar con los grupos de ideología diferente, amedrentar y atemorizar a los opositores y sobre todo hacer impunes y ricos a los miembros del gobierno”[7]. Nunca, ser bisagras entre la sociedad y el Estado. De ahí las facturas que la realidad empieza a cobrarles, que arrasa a su paso, entre otras cosas, con sus imágenes construidas con parafernalia mediática, sin sustentos de valores personales políticos, éticos y meritocráticos.

Los clivajes de la política económica

La mentada economía comunitaria- plural, y el capitalismo andino-amazónico del que se ufanaba el ‘Vice’, no correspondían a las estructuras económicas ni culturales, ni a las tendencias de la economía mundial actual. Hoy se hunden en la hojarasca del cultivo de la coca, materia prima de la cocaína, cuya producción responde a la más capitalista de las ilegales cadenas globalizadas de la droga.

La adscripción de Morales y compañía al estatismo más radical, vía la estatización de las empresas hidrocarburíferas, son los cambios más notables de la política económica del MAS, pero ha puesto en juego las articulaciones con el mercado capitalista mundial y las inversiones extranjeras.

Algunos economistas afirman que “A pesar de las diferencias de enfoque entre los esquemas de política económica aplicados desde la década de los ’90… no ha cambiado de manera sustantiva la base técnico material de la economía… ni cambios dignos de mención en el capital productivo moderno instalado en el país”[8].

En los hechos, la minería estatal o cooperativa no ha cambiado su patrón productivo y de acumulación desde hace 50 años y siguen formado parte de la economía primaria exportadora, sin valor agregado. La extraordinaria disponibilidad de excedentes del que goza hoy el Estado, se debe a la condiciones prevalecientes en la economía mundial por la demanda de materias primas de las que dispone el país. Sin embargo, ello no ha implicado creación de empresas productivas competitivas, productividad en el trabajo, ni empleo productivo seguro y con beneficios sociales plenos.

Y ello incide en que más de 70 % de la PEA, se cobije en la informalidad por deficiencias del sector productivo estatal, del privado y del débil mercado de trabajo lo que convierte a la informalidad en estrategia de sobrevivencia, frente al desempleo, subempleo o empleo precario masivos.

De los tres productos principales de exportación, que generan lo que llaman el salario del Estado: hidrocarburos, gas y soya, este último es el responsable de milagro cruceño, con un crecimiento promedio sostenible, superior al del resto del país. Con altas y bajas se enfrenta a la errática política económica del gobierno, sin reglas claras y con demasiadas cortapisas para el desarrollo de la actividad industrial agroexportadora. Por ejemplo, la poca seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra, los avasallamientos continuos, las trabas a la exportación y la pérdida de mercados externos. Esa práctica esta determinada por la ideología oficialista que sigue apostando por una economía más comunitaria que mixta, y a la postre ninguna de las dos recibe atención estatal.

La burguesía cruceña, grande, mediana y pequeña, que se denominan a sí misma como sectores productivos, enfrentan una disyuntiva sensible como clase, que produce 70% de los alimentos que se consume en Bolivia. O se decanta por ser una clase contestaria al proyecto del MAS, que está en sus antípodas reales y discursivas, o cede por la necesidad innegable de armonizar y negociar con los hombres del poder político para obtener políticas favorables al sector.

Hasta hoy no ha tenido más remedio que pactar, lo cual en política -y la economía también es política- resulta mejor que hacer la guerra. Pragmática práctica, sesgada además por el complot terrorista-separatista contra Santa cruz y su dirigencia, que ha dejado a gran parte de ella con bajísimo perfil, porque muchos se atemorizaron del titulo terrorista. El único terrorismo practicado en Bolivia, es el terrorismo de Estado acometido por el gobierno de Morales en esa caso.

Lo armaron con precisión de relojero, expertos en contrainteligencia, no boliviana, desde luego, porque Santa Cruz fue y es un obstáculo en la pretensión de ocupar todo el territorio, someter a toda la población y ejercer el poder total, en una región díscola, más bien conservadora y enfrentada a todos los centralismo. Pero siempre innovadora, emprendedora y dispuesta a correr riesgos económicos, actitudes ya comunes en los miles y miles de inmigrantes de toda Bolivia.

¿Jugará Santa Cruz algún rol vital en 2013? En tanto productor de 70 % de alimentos, seguirá cumpliendo ese papel nada desdeñable. En el campo político de poder, no podrá desarrollar papel de importancia alguna, ni aun con los datos del censo, que colocaron al departamento en el primer lugar de población y curules en el parlamento. Por una parte, la ideología y la práctica política de Morales y los suyos, lo impedirán a toda costa. Por otra, no se vislumbra un líder cruceño que tercie en las elecciones generales de 2014.

Su realidad productiva expansiva, su crecimiento económico y poblacional, y porque ya es un centro ineludible por su infraestructura de servicios de talla internacional, más allá de sus falencias como región emergente debiera tener un desempeño político más definitorio. Nada se vislumbra en ese orden, porque el poder político centralista no compartirá el poder con nadie.

A modo de cierre

Evo Morales pedirá a sus abogados que nuevamente “le metan nomás”, para su re-reelección en 2014, contra la norma constitucional que permite solo para una reelección. Él ya fue reelecto, en 2009, pero en los hechos poco o nada le importan las mismas leyes dictadas por sus hombres. Hoy dice que está habilitado y se acoge a la “estrategia envolvente” ideada por el ‘Vice’ en 2008. La mima consistió en recortar el mandato presidencial de 5 a 4 años, con la posibilidad de una sola reelección y convocar a nuevas elecciones, sin conclusión de mandato. Así lo pactaron las fuerzas políticas de entonces.

Brillante maniobra envolvente, sin que la oposición política intuyera la trampa. Hoy todo el gobierno argumenta que al haberse reducido el primer mandato, no cuenta como tal y que Evo Morales inició su gobierno en 2009, con la nueva Constitución Política del Estado.

Ni Mandrake el mago, ni Casandra, que poseía el don de la profecía regalada por Apolo, según la mitología griega, podrían prevenir el futuro de Bolivia, tras un 2012 devastador como practica obscena de poder.

No obstante, quien más quien menos, sobre todo si se tiene impulsos vitales de adhesión democrática y respeto a los Derechos Humanos y civiles, se podría afirmar que la dialéctica juega a favor de la sociedad boliviana y cruceña. Y es que como sobrevivientes de “otro año de doloridas incertidumbres, de rabias incontenidas, de sobradas amarguras y descoloridas esperanzas” como dice la voz estremecida y dolida del poeta, escritor e historiador, Ruber Carvallo, también somos “Los dueños del color y la esperanza, los árbitros del tiempo, los caminantes de sueños y buscadores de nuevas utopías. Que nada ni nadie nos detenga. Y que el Tipnis sea de nuevo un regalo de la vida”.

Felices Fiestas y hasta 2013.

[1]Arendt, Hanna. Hombres en tiempos de oscuridad. Ed. Gedisa. Barcelona 1992. Prefacio.
[2]Zizek, Slavoj. La suspensión política de la ética. Fondo de Cultura Económica . Buenos Aires. 2005. p.13.14, 189-191.
[3]Javier Sánchez Valverde. ¿La hora de la Antipolítica? El País. Universidad de Costa Rica, diciembre 2012. Internet.
[4]Eduardo Leaño. “Conflictos y desafíos políticos e institucionales del segundo gobierno de Evo Morales”, Periódico Digital PIEB. La Paz 6-9.12. El autor sostiene que en el país se privilegia el activismo en el campo político para ascender socialmente.
[5]Descentralización y democratización en Bolivia: La historia del Estado débil, la sociedad rebelde y el anhelo de democratización en Bolivia. Moira Zuazo, Jean-Paul Faguet y Gustavo Bonifaz, editores. Friedrich Ebert Stiftung. La Paz, agosto 2012.
[6]Álvaro García Linera en Revista Tinkazos # 20. La Paz, junio de 2006. pp. 32,33, 38.
[7]Ovidio Roca. “La obsesiva persistencia del populismo” Economista, consultor de la CAF. Recibido vía Internet.
[8]Grebe, Hosrt; Medinaceli Mauricio, y otros. Los ciclos recientes en la economía en Bolivia. Instituto Prisma, PIEB, Reino de los Países Bajos. La Paz 2012.

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