ArtículosIniciosemana del 10 de DICIEMBRE al 16 de DICIEMBREWinston Estremadoiro

Mellizos de corrupción

Ya son mellizos. Si cunde el ejemplo de los que las denuncian habiendo sido testigos o víctimas, por ahí llegaremos a quintillizos, como en los partos múltiples que inducen los especialistas en fertilidad. Me refiero al escándalo del llamado “mensalão” en Brasil, y a la telaraña de podredumbre extorsiva en Bolivia, que, como en una serie televisiva de suspenso, se va develando día tras día, capítulo a capítulo.

Saltó uno de mi foro de discusión de los lunes. Hugo Chávez y el enriquecimiento de sus familiares, al mejor estilo de codiciosos arribistas, ya califica como trillizo. Ni hablar de los “K” en Argentina, esos nuevos ricos del sur de esa gran nación; ¿qué de la maleta llena de dólares que el dictador de Sabaneta mandó a Cristina antes de las elecciones?: ya serían cuatrillizos. Ni mencionar al sandinista de las gafas carísimas, acusado de pedofilia por su hijastra: serían quintillizos. Un poco más y se tendría uno de esos partos múltiples, como de gatas, en que vienen al mundo una decena de críos: ¿acaso una madre de la India no ha parido once criaturas? No me refiero a la última, pobrecita, que madre es madre. El vientre sufrido es la patria y abundan los espermatozoides afiebrados de la corrupción, que alcanzan la meta del óvulo prodigioso.

¿Qué es el “mensalão”? El más descarado y escandaloso caso de corrupción que ha ocurrido en Brasil, dicen, que amenazó tumbar al régimen de Luiz Inácio Lula da Silva en el año 2005. Neologismo típico brasileño, “mensalão” quiere decir mensualidad grande, que llegaba de opulentos presupuestos de publicidad de las empresas estatales. Seis mil dólares mensuales, que entonces equivalían al doble, a los congresistas; a cambio, tenían que levantar la mano y aprobar medidas legislativas del Gobierno.

Tenía que ser una dama de hierro la que está detrás de la lucha contra la corrupción, caiga quien caiga. No la conservadora inglesa, sino una progresista Dilma Rousseff quizá insomne por el recuerdo de torturas, en un Brasil que desbancó al Reino Unido como la sexta economía del planeta. Empezó con su entorno palaciego, quizá heredado de su mentor Lula. Ahora continúa con gordos –y no me refiero a la obesidad– congresales, enriquecidos sabe Dios desde cuándo por su venalidad.

Adviertan el parecido a la actual situación boliviana. A los dos mandatarios le pincharon el globo de sus pretenciosas candidaturas al Nobel. Aunque Lula fue reelegido en 2006, muchos de sus asesores clave renunciaron, y varios diputados se encuentran entre la cicuta o la espada: renunciar o ser expulsados del Congreso. Hay indicios no comprobados de contribuciones ilegales de Cuba y de las FARC para campañas electorales; también conexión política en el asesinato de un alcalde. No cito nombres, pero el escenario político boliviano se presta a conjeturas similares, desde la colusión de conocidos miembros del Gobierno, fiscales y jueces en redes extorsivas, hasta la penumbra que rodea el reciente asesinato de un testigo de descargo del defenestrado, y encarcelado, Gobernador de Pando. ¿Y qué del desvelamiento paulatino de la verdad en la masacre de supuestos terroristas separatistas?

De poco valieron gestiones de la embajada estadounidense; este es un régimen desconfiado del “imperio”. Para que reventase el puchichi bastó que un conocido actor de Hollywood, por añadidura amigo del padrino de Venezuela, visite al extorsionado, saqueado y encarcelado Jacob Ostreicher que creyó en el país para invertir. Es sospechoso que la Ministra de Transparencia espante nuevas denuncias poniendo a maleantes y víctimas en el mismo saco; hoy cargan el bulto a la CIA, ¿mañana al coco? Pero el affaire acentuará la fama de leproso a capitales extranjeros de una Bolivia xenófoba y expropiadora, que necesita inversiones, pero que las ahuyenta por la inseguridad jurídica.

Poco a poco se cierra el círculo que vincula al ex Presidente de Brasil con el abuso del “mensalão”: cabe preguntar si afectará, o postergará, su retorno a la primera magistratura de su país. La pregunta del millón en el embrollo boliviano es si el Presidente sabía de la corruptela. Ya uno de su partido ha declarado, y los mandatarios callan y otorgan, que Evo Morales conocía desde agosto 2012 las tropelías de la banda extorsionadora, que dicen actuaba desde el área jurídica del Ministerio de Gobierno. Entonces su encargo fue que el denunciante “aguantara las presiones”, algo de esperar en quien expresó “yo le meto por más que sea ilegal… si es ilegal, legalicen ustedes (los abogados), para qué han estudiado”.

Así fueran idiotas los electores bolivianos por su poca memoria, será interesante conocer cómo se manejará un Presidente en abierta campaña electoral para su tercera reelección. Aún con la podredumbre endémica del país, sorprende cuán buen pupilo ha resultado el “gobierno del cambio” –relevo de ratero, digo yo. Sin embargo, la disolución y castigo de la red de extorsión puede marcar un antes y un después en la lucha contra la corrupción.

A decir verdad, andaría como Diógenes con mi lampión buscando personas honestas, pero quizá la luz de la probidad me quemaría a mí y a muchos, porque a veces cohonestamos la corruptela menor, que da paso a la mayor. Solaza la ironía que sea negro el juez que manda a chirona a los corruptos brasileños. Ojala que sea indígena el que lleve a la cárcel, sin tapujos ni enjuagues, a la banda criminal extorsiva de asesores, fiscales y jueces en Bolivia. Hay más corruptos. Como dice la canción, ¿qué será, será?

(20121213)

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