ArtículosClaudio Ferrufino-CoqueugniotIniciosemana del 28 de ENERO al 3 de FEBRERO

Ícaro aymara

No podía callarse. Cómo va a callarse, si se considera a sí mismo profeta universal, para delicia de los bolivianos que -en todas las clases sociales valga aclararlo- ven en este individuo la suma de sus aspiraciones, aunque el mundo que se ha creado, y el aura luminosa que cree tener sean falsos. De ahí su popularidad y su en apariencia inamovible posición, del embeleso que ejerce en un país sin logros el mito como única posibilidad. Cierto que el asunto es más complejo, que hay temas como el narcotráfico, pivotal para el régimen, precios de materias primas, etc, que apuntalan la gran mentira de este discurseador de tres por cuatro, así chillen por lo que digo Stefanonis y otros invertebrados que reptan con holgura en el fango.

No se calló, ni el nefasto día 22, enero, que parió el esperpento bajo el decoro y la esperanza que tantos buscaban, ni en Santiago de Chile donde en pocas palabras, bajo “seis puntos”, explicó a un mundo estúpido y en exceso benevolente, que se debe seguir la senda boliviana para alcanzar bonanza y felicidad sin límites. No hay espacio para los signos de admiración que debiesen multiplicarse en la página, menos incluso cuando habló de la transparencia bancaria, de que a través de cuentas se llegue a quienes incurren en delito de narcotráfico y más. Eso es como tentar al diablo, no suceda que un día se les ocurra investigar las suyas y/o las de sus palos blancos, y salga a luz cuánto del “ahorro” del jerarca es salario y no.

Pero el mundo del revés continúa alentándolo. La reina Cristina, con luto hasta en el abanico, besa en la reunión de Chile a Morales; la Rousseff ríe con sus sandeces. Lo pusieron entre mujeres para inspirarle las siguientes coplas de carnaval en las que de seguro bajará los calzones hasta de la viuda, ahora que ya flor y floripondio de sus ministras han sido arrasados por la testosterona del comedor de papalisa.

Este Ícaro vuela demasiado alto. A veces demasiado bajo con riesgo de que lo salpiquen las olas del mar; figúrenlo ustedes. Y no hay registro, en los anales vacíos del pueblo más antiguo del mundo, el aymara según Choquehuanca, de vuelos con alas o sin alas, de laberintos, Dédalos, Minotauros e Ícaros. Habrá que prestarnos nomás un héroe griego, ya que los locales permanecen escondidos, para ejemplificar el riesgo de creerse por encima de la realidad e imaginar que nada ha de suceder cuando se acerca el incauto imbécil a una fuente de calor que ha de quemarlo. Dejémoslo hacer, que vuele más alto, que el destino es impetuoso e imprevisto. Si no que lo cuente el coronelito que se asfixia en La Habana, ya ni bravucón siquiera, a quien le habrán acomodado un crucifijo en algún lado porque ni sostenerlo puede.

El Santo de Caracas, el Niño de Orinoca, la viuda, el chofer que si manejaba tan bien como miente habrá sido campeón de fórmula uno, el violador de Managua, Lulita, toda una pléyade de nuevos monstruos que han hallado esta tierra sufrida e inerme para plantar bandera y hacer la América mejor que la hicieron los conquistadores. Con una recua intelectual que vocifera sus bondades para que le tiren un hueso que bien sabe roer.

El tiempo no debe desesperar. Porque el tiempo de los tiranos es más corto que el nuestro. Ellos tienen afición a las horas, los días, los años, sufren con la mortalidad que no saben cómo evadir o comprar. Son grandilocuentes. Hitler hablaba de mil años, Chávez de decenas, Evo Morales que hasta el 2025 o por quinientos años. Le digo a este último que con masticada de coca, alcohol, droga, el imperio plurinacional caerá como nuez partida, por falta de recurso humano. Hay límites, incluso para que la judicatura, la asamblea, el gobierno, sean refugio de pervertidos, violadores, ladrones, analfabetos y asesinos, obnubilados por el inmundo bolo que ensalivan y escupen, rumiando un poder que no tienen porque les falta cabeza y porque no hay huacas, achachilas, dioses ni vainas semejantes que los eternicen.

28/01/13

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