ArtículosInicioPercy Añez Castedosemana del 28 de ENERO al 3 de FEBRERO

Lo que no compra el dinero

Es difícil ser partidario de una organización política en nuestro país, las ideas o principios que “los partidos” dicen defender son cambiadas con facilidad por otras más rentables, dejando a los seguidores decepcionados y desorientados. Sin embargo, no puedo negar lo importante que es la victoria del frente político de Carmelo Lens en el Beni. El triunfo del contrincante de Jordan, resulta vital para la vida democrática de Bolivia, pues la existencia de fuerzas divergentes es un antídoto que puede frenar las pretensiones hegemónicas del actual partido de gobierno si se manejan bien las cartas.

El Beni ha dado una bofetada a los estigmas, que insistentemente, quiere crear el poder central sobre los pueblos del Oriente. Uno de esos imaginarios que pretenden establecer, es que en las tierras bajas somos frívolos y no sabemos distinguir entre un certamen de belleza y una pugna política. La gente dejó muy claro que sabe distinguir situaciones de relevancia para su futuro y no ha permitido que ingrese en sus vidas la agresiva desmoralización que se lleva adelante con el uso de millones de dólares.

Por ahora, uno de los retos más importantes que tiene el frente político ganador, es acoplar a sus fuerzas a la organización que conformó el tipniano Pedro Nuni, pues el movimiento que él lidera, encarna parte importante de la dignidad y voluntad de nuestros pueblos. Además significará la posibilidad de desmitificar otra falacia que en las últimas décadas se ha tratado de promover, que es la división entre los originarios de las tierras bajas y la población mestiza.

Tanto el frente de Lens como el de Nuni -que se necesitan mutuamente, uno por cuestión moral y otro por fuerza representativa-, tienen el reto histórico de desenmascarar la incoherente lucha de clases y razas que incita una élite, que olvida que esas fricciones que abanderan, no hace mucho llevó a Europa a la tempestad de la guerra y la pobreza.

Bien por el Beni que optó por no convertirse en el satélite de un gobierno desorientado y con anacrónicas ínfulas de imperio. La dignidad y las ansias de libertad han demostrado, otra vez, no tener precio.

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