ArtículosIniciosemana del 4 de MARZO al 10 de MARZOSusana Seleme Antelo

Que en paz descanse…

Hugo Chávez Frías, tras su ya público fallecimiento. Murió como todo mortal, él tras una larga, dolorosa, fatal y manipulada enfermedad, condición que contribuyó a la construcción mediática sin ética ni estética del presidente luchando como un héroe contra la Parca.

Que en paz descanse, ahora que oficialmente la dirigencia  chavista ha  anunciado su muerte, y globalmente somos testigos de su apoteósico  funeral, aunque en mucho tiempo no sabremos cuándo falleció realmente, o cuándo se produjo una muerte cerebral, o cuándo le falló el corazón, o cuando lo desconectaron. Murió y la repercusión de su muerte tiene remate mundial, a la par de su talla política: se había ganado ese espacio a las buenas con sus amigos, y a las malas o muy malas con sus enemigos.

Que en paz descanse Hugo Chávez Frías, militar golpista y líder carismático que irradiaba un magnetismo emocional no racional sobre sus seguidores, patrón que explica como ninguno otro la cualidad carismática. Sobre esa base, exigió poderes excepcionales y extraordinarios para su proyecto político-militar con el fin de controlar las fuerzas de la historia y realizar  los objetivos trascendentales para la reproducción de su poder sin fecha ni horario  en el calendario. El ejemplo cundió en los países de la órbita bolivariana –Bolivia, Argentina, Ecuador, Nicaragua y algunas islas del Caribe, convirtiendo a la democracia en un instrumento electorero para satisfacción de los autócratas.

Que en paz descanse Hugo Chávez Frías, quien en los dos años que vivió su cancerígeno calvario,  se transformó en católico militante y rogaba a Dios que no se lo lleve a la otra vida para continuar la obra de su creación: la controvertida revolución bolivariana; el socialismo del siglo XXI; el ALBA, ineficaz grupo de integración para el libre comercio independiente, y la férrea oposición antiimperialista sudamericana.

Que en paz descanse Hugo Chávez Frías,  paz que en vida él mezquinó a la mitad de sus conciudadanos, inflingiéndoles dolores humanos, no de sarcoma, sino de intolerancia política frente al pensamiento diferente y al disenso político democrático.

Que en paz descanse Hugo Chávez Frías, que  no creo empleos productivos, seguros, a largo plazo y con cobertura de seguridad social,  pero otorgó  visibilidad y bienes nunca antes habidos, a miles y miles de mujeres y hombres de su país, con la convicción de que América Latina  sufría una injusticia intolerable, transcurridos doscientos años de su independencia. Y en lugar de enseñarle a su gente a pescar, les dio pescado y optó por crear muchos bonos, construir viviendas, escuelas, hospitales, infraestructura y así se aseguró la fidelidad de millones que lo lloran hoy sin consuelo y probablemente lo seguirán llorando  en el tiempo.

Qué en paz descanse Hugo Chávez Frías aunque no sabemos si sus  herederos políticos tendrán la talla y la paz que necesitan para gobernar las pasiones humanas desatadas, quieran o no, tras la muerte del caudillo carismático, autócrata, autoritario, demagogo y populista. Lo más grave, caudillo que marchó  sin dejar repuesto ni sustituto, y que deja un país convulsionado socialmente y polarizado políticamente, con escasa institucionalidad democrática y con graves problemas económicos, a pesar de su exorbitante  riqueza petrolera,  mal administrada .

Qué en paz descanse Hugo Chávez Frías, hoy que sabemos que la foto publicada hace unas semanas, con él sonriente y dos de sus hijas, era antigua. Y también podemos saber  que aquella otra foto,  la publicada por el periódico El País, de Madrid, en la que se observaba a Hugo Chávez, intubado, inconsciente y cuasi moribundo, era cierta, aunque no estaba muerto, y por eso, con razón,  obligaron al medio a retirar toda la edición ya en la calle.

El 5 de marzo de 2013, murieron “los dos Chávez”, como escribió Gabriel García en 1999, en un artículo publicado en el mismo matutino El País de Madrid, luego de conocer a Hugo Chávez y sopesar su arrolladora personalidad, tras largas conversaciones. “Los dos Chávez” a los que se refería García Márquez eran  “Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”. Catorce años después, Chávez seguía siendo la suma del juego dialéctico de una personalidad construida sobre la base de opuestos.

Qué en paz descanse Hugo Chávez Frías, a quien nadie calló, ni el Rey de España, sino la muerte, implacable y puntual siempre.

Paz para Venezuela y su gente.

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