ArtículosInicioPercy Añez Castedosemana del 22 de ABRIL al 28 de ABRIL

Devolverle la magia al mundo

macarena

Tuve la oportunidad de vivir Semana Santa en tierra andaluza y pude comprender de manera directa la razón por la que es un destino de multitudes. Me habían hablado de las procesiones, del encanto de la ciudad, del llanto de los fieles –a veces también de los no fieles–, y de los piropos que lanzan los sevillanos a su virgen “más querida y más guapa”, la famosa Macarena.

Todo era cuento y recomendación, hasta que me vi inmerso con amigos, corriendo de un lado a otro en horas de la madrugada, viendo espectáculos de devoción, de cariño y de respeto, verdaderamente únicos. La sincronización, el orden y el silencio, eran norma que se cumplía a cabalidad por propios y extraños. Ni que hablar de la elegancia de la gente, que con saco, corbata y una sonrisa de oreja a oreja, hacían de ese paisaje nocturno un evento inolvidablemente agradable y fraterno.

La noche pasó volando, como pasan los buenos ratos, el hambre y el agotamiento ocupaban un segundo plano; la curiosidad de turista y la buena charla se impusieron en todo momento. Tan buena y espontánea fue la conversa, que todavía pienso en cosas que escuché y difícilmente olvide. Por ejemplo, un amigo dijo: “esto es lo que le hace falta a Europa, bajar a Dios de arriba y hacerlo presente en nuestras vidas”. Aquellas palabras me erizaron la piel: no dije nada. Repetí la frase en mi cabeza una y otra vez mientras miraba la procesión, y me pareció lo más atinado de la noche.

Dejando Sevilla, subido en el tren, pensé nuevamente aquellas palabras y no pude evitar recordar la advertencia weberiana, de que corremos el riesgo de pasar de una “irracionalidad ética” a una “glaciación ética”. Precisamente, el sentimiento de pesimismo que invade al “mundo desarrollado” se promovió quitando a Dios de la vida diaria de una forma despiadada. Quizás sea tiempo de devolverle algo de magia al mundo, para que tengamos en cuenta que nuestras acciones afectan a los demás, para que tengamos noción de lo trascendental, para que dejemos de aplicar la lógica del súper-hombre y dejemos de creer que los problemas del alma son financieros. Hace poco mi profesor de sociología dijo, “primero se mata a Dios y después al hombre”. Qué cierto.

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