ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 29 de ABRIL al 5 de MAYO

¿Racismo de René Moreno?

En una nación como la nuestra, donde el racismo se empeña en dividir con ahínco a los bolivianos, donde hasta la actual Constitución Política del Estado se parcializa a favor de ciertas etnias “originarias” –lo que es intolerable– resulta natural que don Gabriel René-Moreno no sea de lo más querido, como no lo es Arguedas, por citar a otro intelectual de fuste que lleva también el sambenito de racista.

Si observamos el transitar de la historia boliviana en el último siglo, podremos ver que ni Moreno ni Arguedas estaban tan equivocados en lo que hace a las diferencias étnicas en Bolivia, aunque, tal vez, no preveían el choque cultural que, más allá de toda teoría, se está dando en estos tiempos. Entonces, habrá que convenir en que ciertas expresiones en la obra de René-Moreno sobre las diferentes razas en Bolivia, donde él se aferra a su añeja estirpe criolla, y su actuación en la Guerra del Pacífico, cuando fue un emisario oficioso que temía por el destino de su patria, han sido malignamente utilizadas para restarle el honroso sitial que se merece en esta República que tanto amó.

Lo del Moreno “traidor” de 1879 fue incitado injustamente por personalidades que prejuzgaron sin fundamentos su conducta, hiriéndolo en lo más hondo de su sentimiento. Es posible que en las acusaciones hubiera maldad o simple ignorancia de lo acontecido. Pudo ser también una maligna inquina conspirativa por su presunto racismo que hería a algunos doctores charquinos. Aquello provocó que el insigne historiador se presentara voluntariamente en Sucre, en 1880, para asumir su defensa levantando uno a uno los cargos en su contra. Logró dejar limpia su imagen sin dejar dudas.

En cuanto a su racismo no pasó del trato de “altoperuanos” que don Gabriel daba a sus coterráneos de las tierras altas, de su orgullo de ser cruceño hispánico, y de algunos conceptos de diferencias étnicas entre blancos, mestizos e indios, sobre comportamiento moral, que presuntamente puso en boca de Nicomedes Antelo, como muchos suponen, y que están recogidos en sus “Notas Biográficas y Bibliográficas”.

Ni lo primero ni lo segundo agravian el comportamiento intachable de Moreno ni opacan su enorme talento. Aunque la acusación de traidor lo llevó a decir, con pesadumbre, que ya no tendría una “patria a quien servir”. Llamar de indios, cholos, cambas o “cunumis”, durante el siglo antepasado no era como hoy, cuando es necesario buscar forzados términos en la expresión diaria, como “campesinos” u “originarios” y otros distintos eufemismos para no ofender a quienes, por el contrario, dicen ser orgullosos de su origen.

Los políticos y escritores reivindicadores del indigenismo del siglo pasado y quienes por estos años levantan banderas de revancha étnica, si no atacan a Moreno, lo ignoran. Sería mucho pedir que quienes conducen la Bolivia actual conocieran sobre sus escritos. Mas, los estudiosos, los verdaderos críticos e historiadores, la gente seria que busca la verdad sobre una nación en declive, coinciden en que René-Moreno fue, seguramente, el más acucioso de los investigadores bolivianos, el más brillante de sus prosistas, el más profundo, implacable, y docto intérprete de la historia de la República y anterior a ella.

Moreno vivió con intensidad las primeras décadas de la Bolivia republicana, aunque residiera en Chile, y desde entonces empezó a observar que su nación no se consolidaba como hubiera deseado. Advirtió que, desde el comienzo de su existencia independiente, se imponía el desorden generalizado y los apetitos incontrolables de poder que la hacían ingobernable. Anotó en cada una de sus páginas su temor porque el destino de Bolivia se encontrara enturbiado desde su origen social e histórico. Observó que el caudillismo era dañino y que Bolivia estaba transitando por una senda plagada de peligros. No se equivocó.

El Deber – Santa Cruz

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