ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 20 de MAYO al 26 de MAYO

¿QUÉ SUCEDIÓ EN LA OEA?

Si una persona no está muy cerca del lugar donde suceden los acontecimientos es difícil formase un criterio sobre lo que pudo acontecer, pero en el caso del retiro del asunto marítimo del temario de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) deja una sensación frustrante, un tufillo a desistimiento y abandono de uno de los pocos logros diplomáticos bolivianos que producían escozor y malestar en la Cancillería chilena. Todo esto cuando S.E. estaba en Atlanta, EE.UU, interesándose en cómo el ex presidente Carter había devuelto el Canal a los panameños y cuando lograba arrancarle a Carter una promesa extemporánea e inútil de mediación con Chile.

Desde 1979, Chile debía informar ante la comunidad interamericana sobre los avances – o retrocesos – en lo que se refiere a nuestro enclaustramiento marítimo. Había que debatir sobre el problema. Como consecuencia de la Resolución de 1979 aprobada masivamente en La Paz y las subsiguientes resoluciones del Organismo, Bolivia abrió un espacio de discusión sobre la necesidad de que nuestro vecino diera pasos efectivos hacia una solución de nuestro justo reclamo.

Resulta que ahora, sorpresivamente, Bolivia, a través del embajador Pari, ha solicitado que el punto de la mediterraneidad sea excluido del temario donde permanecía inamovible, aunque ciertamente las resoluciones no obligaran a Chile a resolver la demanda. A fin de cuentas, si Chile cumplía o no era un asunto aparte, pero sus diplomáticos tenían que informar al plenario de la Asamblea sobre una materia que siempre les fue ingrata. Los chilenos sostuvieron y sostienen a rajatabla que el conflicto es bilateral y que la OEA nada tiene que hacer en el pleito, que no le reconocen competencia alguna para ello. Sin embargo la piedra en el zapato estaba ahí, todos los años, permanentemente.

Parece que con la nueva Diplomacia de los Pueblos que ha instaurado el MAS – y que es una caja de sorpresas a cual más desconcertantes, como la referida visita a Atlanta de S.E. – Chile ya no tendrá que preocuparse de la OEA; peor todavía, tampoco podría Bolivia plantear su reclamo en otras instancias internacionales ni en negociaciones directas o mediaciones, en vista de que su demanda ante la Corte de Justicia Internacional de La Haya está pendiente de un fallo. Chile afirma que esto está perfectamente establecido en los estatutos de la Corte de La Haya y la Carta de la OEA.

Además, el canciller chileno, Alfredo Moreno, y el propio presidente Sebastián Piñera, han recibido el retiro de la demanda marítima del temario de la OEA como un importante triunfo de la diplomacia chilena, explicando que Chile realizó una labor de convencimiento absolutamente exitosa con las naciones miembros del Organismo, y que Bolivia estaba destinada a fracasar, aplastada por la votación de la Asamblea, si pretendía mantener el punto de la cuestión marítima en discusión.

No obstante, pese al triunfalismo chileno, en Bolivia, es decir en el Gobierno, existe una versión absolutamente distinta, porque desde el canciller Choquehuanca pasado por otros portavoces, han asegurado que Bolivia no fue aislada por la diplomacia chilena, que no hubo desistimiento ni derrota, que la demanda marítima se puede reponer en el futuro en la OEA, y que nuestro país podrá continuar reclamando  su derecho a un puerto en el Pacífico en las instancias que mejor le parezca. Ha dicho el embajador Pari que todo fue producto de una decisión soberana de Bolivia en vista, efectivamente, de que estaba planteada la reclamación en La Haya.

¿Bolivia sabía entonces que si se iba a La Haya, nuestra demanda marítima tenía que ser retirada del temario de la Asamblea General de la OEA que se realizará en Guatemala dentro de una semana? ¿O el embajador Pari fue ingratamente sorprendido como parece? Porque, seamos sinceros, esto de la OEA ha caído como un rayo en el país. Ha quedado la duda de si Bolivia quedó arrinconada y sin argumentos, pero, asimismo, sin la menor posibilidad de recurrir al resto de las naciones miembros para conseguir apoyo.

En el curso de los próximos días, cuando la Asamblea General esté reunida en Guatemala, se sabrá más de lo que ha sucedido. Y es de esperar que el triunfalismo chileno sea una exageración electoralista de Piñera, porque si Bolivia fue atracada diplomáticamente por su ingenuidad y desconocimiento de los asuntos internacionales, querría decir que estamos transitando por el peor de los escenarios posibles. Ya no se pueden aceptar tantas frustraciones en el campo diplomático con total indiferencia. No se puede echar por la ventana lo que tanto costó lograr en un frente tan complicado como es el del pleito con Chile.

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