ArtículosClaudio Ferrufino-CoqueugniotIniciosemana del 10 de JUNIO al 16 de JUNIO

Caras y caretas

¿Caras? No. Ni la tienen, ni la dan, en el sentido del valor civil de “dar la cara”, hacerse responsables de sus actos. Mostrar la cara, sí, aunque parezcan juegos retóricos estos y no sutilezas del lenguaje que se amoldan bien al quehacer político en general, al boliviano en específico.

Primero fue el TIPNIS, punta de lanza del vómito cocalero que por ahora se ha detenido. Agazapado espera, listo a saltar a la yugular de la nación y desangrarla. La coca necesita expandirse, a pesar de que los hijos de los campesinos ya no acullican y menos tienen intención de echarse atrás en la historia para reconocerse en un falso idilio indigenista. La coca levantó poblados en el pasado, ciudades, y sostuvo economías surgentes. Hoy lo hacen sus derivados, que multiplican edificios y avivan lo suntuario en las urbes y agro. La historia de siempre, la estulticia del nuevo rico incapaz de fundar con su dinero fácil estructuras para sostener el futuro.

Coca e hidrocarburos, los dos productos básicos sobre los que desea levantarse eterno el estado plurinacional, rimbombante designación para simple hurto; excesiva parafernalia doctrinaria por parte de la supuesta intelligentsia que moviendo las manos en prestidigitación intenta embelesar a un pueblo idiotizado e ignorante. Nunca mejor dicho aquello de que en país de ciegos el tuerto es rey. No solo tuerto, también bizco, y así y todo encaramado en la cima del mundo de las maravillas, desgajando, destruyendo, descuartizando la tierra como si fuese de regeneración espontánea; más que por el poder mismo, por la ambición personal e insultante fortuna.

Saben, a pesar del discurso de no ser inquilinos, etc. que sí lo son, y que la gloria es efímera como la dureza de los glúteos. Tienen que rebuznarlo porque en este juego, y en una región de las características nuestras, con atisbos de recua y no aglomeración humana, hay que mentir, y mientras se miente, se acumula. Asegurarse el porvenir y, con suerte, algo de historia. Apostar a la permanencia, mientras sustraen riqueza y la atesoran afuera, por si acaso.

El TIPNIS representó el intento fallido de la destrucción total. Ya la coca ha penetrado tierra protegida, pero de tal hecho concreto se quiere hacer política, abrir los parques y las zonas indígenas a la exploración-explotación hidrocarburífera por decreto: narcos y petroleros, asociados para dejar Bolivia exangüe, moribunda, prostituidas las etnias menores, desaparecidas a nombre del fascio aymara, del inmundo discurso plagado de parches de García Linera y del dedito sentencioso del apu mallku, el condorito.

Se veía venir, de entrada. Pero el país fue cómplice, aparte de la cobardía de políticos miopes e interesados que le abrieron las puertas al estupro masista. Es tiempo de pagar. Lo triste radica en que es tal la ceguera, tan tonta la masa que idolatra el dinero contante e inmediato, que para cuando se den cuenta ya no habrá república, ni estado, ni nada. Para entonces los prácticos y los teóricos del fascismo local habrán huido con arcas llenas, a relatar en gruesos volúmenes los detalles de la “experiencia boliviana”.

El maestro de estos alumnos, el milico Hugo Chávez, a quien se quiso eternizar y ya se esfuma como vapor de agua, da el ejemplo. No hay sustancia, ni esencia. Farsa, estrado teatral, no otra cosa. Ahora vuela como pajarraco por los cielos, y pía en los vericuetos cerebrales de su banda de imbéciles. Eso hasta que un avión que cruce el Apure llevando narcóticos a Centroamérica le rompa las alas y caiga el pajarito para que lo devoren las hormigas.

Los ladrones alistan machetes para convertir a Bolivia en un erial. Los opuestos divagan en minucias programáticas. Al menos sabemos hoy, en palabras, la verdadera intención. Necesitan droga, gas y petróleo si desean sobrevivir. Si al menos con eso dejaran de hablar, pero el silencio no es virtud de bocones.
9/6/13

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