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Fatídicos apóstoles

Fatídicos apóstoles

Choquehuanca sentencia la divinidad de Morales como salvador del mundo. Entramado mediático que cree bastante gente, no nos engañemos, no solo “hermanos y hermanas” del pueblo sacrificado y pobre (donde se incluyen potentados cocaleros y comerciantes que todavía lo parecen porque no saben vivir de otra manera), hasta los “primos y primas” de otras clases sociales, muchísimos en el oriente, que eran supuestamente hasta hace poco enemigos irreconciliables del individuo aquel y su discurso.

Qué decir, qué hacer porque ya cansa esta cantaleta de dar importancia a personajes que ninguna tienen. Cómo evitarlo, imposible, en una región del mundo donde la alucinación colectiva producto de la ignorancia, considera a los hologramas sujetos de carne y hueso.

Bien abajo estamos, y casi nadie se salva. Hasta pensar que la existencia nuestra como país es nominal, un mal sueño, pesadilla a la que se le han dado alas demasiado grandes para volar y transmitir su reflejo sombrío por doquiera se le permita pasar.

A un paso, una pizca, un detalle, estamos para que se desate en Bolivia la ignominia coreana, la sevicia de Ruanda, Bosnia, Kosovo, Somalia, Sudán, Birmania etcéteras. Lo frágil del razonamiento y la nula imaginación que han convertido al presidente electo en la transmutación de un dios. Y todos bien con ello, porque los que carecen de análisis viven al día y consideran el presente como la eternidad. De ahí que se permita, y se incite además, la destrucción del medio ambiente, ampliación de cocales hasta el infinito, sahumerios que ya no tienen asidero antiguo, que son representación de payasos y bufones disfrazados, bueno para gringos marihuanos y demás especímenes de olvido. A ratos recuerdo esa imagen de Apocalypse Now, de aquel oficial de caballería con helicópteros, cuando aspiraba y decía que le gustaba el olor del napalm por la mañana. Hablaba con ello de la redención a través del fuego, y me pregunto hoy lo que no me hubiese preguntado ayer sobre su validez.

Pavoroso el tiempo que perdemos los bolivianos en el circo que nos tocó. Años, casi una década, donde las voces que deciden provienen de lo más preclaro del fango ¿o debiese decir lo oscuro? Un senador de aretes, chic, aparece cada vez que el gobierno necesita una explicación docta que embelese a las masas. El ciudadano en cuestión construye oraciones que semejan el cubo de Rubik, insolubles acertijos e incomprensibles reflexiones. Eso, y no solo ahora, en Bolivia se considera inteligencia; por ello, los pésimos manipuladores de la palabra arrastran aire de genios. Ejemplos sobran.

O nos indignamos o hacemos la vista gorda. En mi caso, finalmente vivo afuera, que tampoco es paraíso pero donde hay derechos y cierta lógica de supervivencia en comunidad que permite sobrellevar la brega diaria. Si no la certeza, al menos la posibilidad de que mis hijas lleguen hasta donde sus talentos o sus aspiraciones les permitan, sin necesidad de congraciarse con ningún cacique, local o mayor, dedicando su tiempo a cosas prácticas, útiles, creativas, ajenas a la tragedia de los jóvenes bolivianos cuyas opciones pasan por la zalamería con las autoridades, la universidad como intervalo solamente para lanzarse a un mundo inhóspito y yermo, la coca, la droga, el contrabando, o vender dulces y pantalones que quizá les den riqueza pero nada más: en la cabeza, cero.

Los fundamentalistas peroran acerca del nuevo mesías. Para mí es tiempo de tomarme una aspirina y olvidar por un instante esas tierras que no me abandonan pero me irritan.
8/7/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 09/07/2013

Imagen: Bufones medievales del manuscrito del Li Romans d’Alixandre escrito e iluminado en Flandes (c. 1340). (Bodleian Library, Oxford (264, f. 84v.)

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