ArtículosClaudio Ferrufino-CoqueugniotIniciosemana del 26 de AGOSTO al 1 de SEPTIEMBRE

Eterno lloriqueo

h2_26.72.156Sensación de vergüenza, de impotencia, de faltar voz a pesar de hablar, de formar parte de un país donde los hombres se arrean como bestias y los caciques se doran de supuesta inmortalidad.
Evo Morales se recuperó de la mudez, y apareció con esa cansadora ropa, disfraz mejor decirlo, que le prepara la modista. No puede vestirse con normalidad. Siempre tiene que aparecer de payaso. En su tiempo, viveza criolla, se presentaba con una chompita que detonó la estulticia general, hasta mundial, por su… modestia. Con ella le besó las manos al Borbón, aunque su herencia quiso lanzarlo a los pies del monarca y ejercitar la rugosa lengua que trescientos años de esclavo le impusieron en la psiquis. Los tiempos cambiaron, la trama ideológica también.
Curioso caso el suyo, el del presidente como muestra ejemplar de un estado, que conserva esas lacras de sirviente que no puede dominar y afloran en presencia de gente más poderosa que él, mientras que, por otro lado, le confieren dotes de déspota y tirano, ágil en castigar a quien le sirve la sopa, ducho en seducir a las que consideran deber político y revolucionario aflojar las bragas. Humilla al tonto Cala desde su silla segura, pero realiza genuflexiones ante el papa o sonríe como sonríen los lacayos ante mandatarios cuya talla extradimensiona. Futbolista que da de rodillazos a un rival inerme, desarmado por el poder, y que hace de pasapelotas, en sentido figurado, ante Leonel Messi que lo desdeña. Chávez tuvo su Maradona y Morales quiso su Messi. No se le dio.
El bestiario “socialista” del siglo XXI, inaugurado por el ya perecido mono mayor, representa una tragicomedia inverosímil. Gente de fango, nunca gente trabajadora; de circo no de sacrificio, con perdón de los circenses cuya existencia no es fácil. Tanto daño han hecho y hacen a la América Latina, gigantesco esfuerzo por derechizar la lucha de los desposeídos, por andar de ñañas con el fascismo y con descaro. Hay signos de deterioro, cómo no. Total, se irán, huirán a los paraísos fiscales que febriles han preparado, con fortunas que no soñarían ni los peores dictadores militares. Dejarán un vacío que se ha de apropiar la derecha, que en comparación con ellos estará a la izquierda a no dudarlo.
Entre ellos, como un infame apéndice con ínfulas de costilla de Adán, el plurinacionalismo boliviano. De la mano de un peligroso mesías y de un mentecato semi- ilustrado, sacando a flote extremas manifestaciones de abyección de una historia conflictiva y de un pueblo abusado, instándolo a permanecer ruin e ignorante, disfrazado como el curaca de una tradición que ellos mismos desconocen, imbuidos de retazos coloniales, mestizos, locales, hispánicos que poco tienen que ver con el ilusorio pasado que les inventaron ideólogos de afuera.
Duele, porque uno ha nacido allí, y por lo arduo de desligarse de una memoria, cosa que ni hago ni quiero. Pero, lejos, con la angustia no de no poder hacer nada, sino con certeza de que nada se puede hacer ante un pueblo complacido, de abajo arriba, de arriba abajo, con quien lo representa mejor que nadie, de oriente a occidente, norte a sur, de maravilla, mintiéndose a sí mismo, y destrozando lo que podría garantizar un futuro. Al fin, cuando no quede brote verde en el yermo, cuando el narcotráfico haya encontrado mejores sitios para instalarse, quedará la reacción boliviana, la del mendigo, la del que llora y lloriquea pidiendo ayuda, que alguien le saque la caldera del horno, que lo alimente y lo vista, porque pobrecitos somos, indiecitos, violaditos, maltrataditos. Pueblo que necesita amo, pueblo que no sirve.
29/08/13
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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 30/08/2013
Imagen: Rembrandt/Mendigo apoyado en bastón
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