ArtículosIniciosemana del 16 de SEPTIEMBRE al 22 de SEPTIEMBREWinston Estremadoiro

La crispación como técnica populista

A millones de años luz de la espléndida e inmensa galaxia que es Mario Vargas Llosa, quizá estará el cúmulo de gases y escombros que ojalá se junte para originar un pequeñísimo planeta que seré yo, en la explosión primigenia que iniciara el universo en expansión del mundo de las letras, desde que los primeros garabatos se pintaron con el carbón de cálida fogata en la pared de una cueva protectora. Vargas Llosa demuestra tener conciencia del mundo a su alrededor, en especial el latinoamericano; unido a la posición ideológica que se va desarrollando con los años, le permitió opinar que preocupa la situación en Venezuela: “país donde en vez de avanzar, se retrocede”, dijo.

En retruca hecha posible por la innovación en las comunicaciones, casi toda del “Imperio”, vomitó una Joan que no es la parchada Collins, y menos la iluminada Juana de Arco. Con pocas luces y mucha virulencia, comentó que el ilustre escritor debería dejarnos en paz, algo como dejar que algún herido en la carótida se ahogue en su propia sangre. Me da pie para comentar un rasgo suyo que comparte la América Latina aquejada del virus del socialismo del siglo 21: la crispación como recurso de gobiernos populistas.

Septiembre es mes de celebraciones crispadas. Petardos de universitarios brasileños sobresaltaron a los canes el 7. Pobres chilenos, confundidos aún por llorar maldades del 11, inicio de dictadura siniestra, o celebrar su fiesta patria el 18. Tronarán bandas de música en Santa Cruz el 24, a pesar del asedio de barrios en lo que fueran afueras de una ciudad de anillos en vertiginoso crecimiento.

A pocos importa el cochabambino 14 y su brilla el sol de septiembre radiante: las noticias resaltan 40 años del golpe a Salvador Allende. Tan crispadas están las cosas en Cochabamba, que se brindó su fiesta en dos recintos distintos. Su Club Social, el más antiguo de Bolivia, lo hizo en amplio salón honrando a tres meritorias instituciones educativas. No vino el Presidente. Alguien conjeturó que se debió a la inquietud de ser ninguneado. En el otro ágape, imagino que el mandatario alzó la copa de champán, o la tutuma de chicha, rodeado de “wachimanes” caribeños y adulones capos criollos, mujeres de lujosa manta española y testa cubierta de bonete de origen inglés, militares con tanta presea que parecen generales soviéticos que sí ganaron batallas, empresarios que volcaron la gorra con encargos gobiernistas.

Carlos Malamud, meritorio analista chileno, enfoca la rememoración del golpe de Estado desde el punto de vista de diversas fuentes. “Uno de los artículos más llamativos”, resalta, es “Los terceros” de Carlos Franz. Alude a la posición del candidato de la Democracia Cristiana, en la reñida elección que ganó el carismático Salvador Allende y reflexiona sobre quienes apoyaron el golpe y luego lo lamentaron. Malamud cavila que “si algo muestra la experiencia chilena, es lo funesto que resulta para el futuro de un país y la convivencia social la utilización de la crispación y la polarización con fines políticos”. Asevera que algo parecido ocurrió al caer Perón en Argentina, país que requirió varias generaciones para recuperarse, “hasta que la llegada del “kirchnerismo” al poder supuso una vuelta a las andadas”.

No puedo evitar símiles nacionales. ¿No fue el MIR boliviano el tercero en discordia, que encumbró a su candidato en alianza de puentes sobre ríos de sangre? Allende es calificado de hábil político y pésimo gobernante, ¿no fue Siles Zuazo una versión boliviana del gobernante chileno, donde la coalición UDP fue como juntar perros, gatos, zorrinos y serpientes?

Malamud alega que en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador ocurren situaciones parecidas, no porque la contienda política sea dura, sino por la crispación y polarización de bandos que criminalizan al adversario y dividen a familias y amigos. ¿No pasó igual con Evo Morales? Sus “k’aras” y “t’aras” –blancos e indios- desconocen la mayoría mestiza del país en el Censo 2013, entre otros ejemplos que le dan buena nota en restar y dividir, pero le aplazan en sumar y multiplicar. Para qué hablar de Maduro en Venezuela, que quizá en “self-fulfilling proffecy” –augurio que lleva en sí mismo su cumplimiento- convoca a recordar a Allende, siendo que su gobierno populista, heredado de Hugo Chávez, agrava ineficiencias tan parecidas a las chilenas en 1973, sin torrente de petrodólares, por supuesto.

Sospecho que la sangre derramada también tiene que ver con tamaña crispación. Uno que juraba renunciar al primer muerto, ya casi llega a una centena a la fecha. “Jóvenes idealistas” llamaba Allende a sus asesinos, como permanecen impunes los autores del asesinato de un joven en Cochabamba. ¿Existe la figura jurídica del terrorismo de Estado, que socapa a los reales culpables de matanzas en Pando y los crímenes a supuestos separatistas acribillados en Santa Cruz?

Comentarista del acontecer de mi país que soy, ando crispado con la corrupción. En Brasil, un representante renuncia por sindicación de desviar casi 200 millones de dólares de fondos públicos. En Bolivia, crispa a muchos que no “renuncien” a los que a título populista y demagógico de “nacionalización” de hidrocarburos, son culpables de la rogativa actual del Gobierno para seducir con incentivos infamantes a las petroleras, de volver a invertir recursos y tecnología. Tal megalomanía, ¿no costará miles de millones que irían a salud, educación e infraestructura en este sufrido país, además de una década desperdiciada?

(20130919)

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