ArtículosClaudio Ferrufino-CoqueugniotIniciosemana del 2 de SEPTIEMBRE al 8 de SEPTIEMBRE

¿Orinoco u Orinoca?

Calzón cintas seda verde

Propongo, para adelantar los asuntos, que se haga la propuesta al gobierno de Hugo Chávez de cambiar el nombre del río Orinoco por el de Orinoca, para conmemorar el lugar de nacimiento del mayor líder que dio América Latina desde Simón Bolívar: Evo Morales Ayma, el Gran Hermano andino, selecto seguidor de la línea de Rafael Leónidas Trujillo, los Duvalier, el mismo Stalin. Vanidoso como René Barrientos, más versátil que el Mono Paz, y más pagado de sí mismo que Islam Karimov, Evo Morales ya nombró «monumento histórico» la casa donde nació, y pronto sacralizará las sudadas ropas autóctonas que vistió en su alumbramiento.

Ya tiene, según reza la noticia, un pueblo con su nombre, alejado y perdido en la remota Pando. Pronto vendrán los carteles, los murales, su sonrisa, su rostro de robusta campesina aymara, en todo lugar visible. Su palabra será ley, y sus desmanes, decretos. Observará a sus pequeños hermanos desde un altar como el mismo Stalin, con la única diferencia que el dictador solitario del Kremlin no sufría de los extraños arrebatos de Morales. A Stalin no le gustaba la efusividad de los bailes ni mostrarse en persona. Era parco, opuesto a la verborrea crónica del fatuo presidente boliviano.

Un texto como este puede pecar de defectos. Hace eco, sin embargo, del cansancio de quienes ven convertidas sus esperanzas en insano carnaval. ¡Qué socialismo del siglo XXI ni demás farsas! Nos acercamos al imperio del desorden, aunque en desorden siempre hemos vivido; la mentada «justicia comunitaria» reemplazará las pobres y jamás implementadas leyes que tenemos. Nos habremos de llamar Ruanda, Sudán, Haití, para que el individuo este satisfaga su abyecta necesidad de ser notable. Por eso, que el gran Orinoco se convierta en el gran Orinoca; solo hay que hablar con el otro, el aun más peligroso bufón de Caracas. Y, también, a no olvidarlo, pedirle al Gran Bonete, el papa en Roma, canonizar de entrada, y en conjunto, a toda la pléyade de Morales Ayma: mamá, papá, tíos y tías, y que no se olviden de la abuelita, ni del compadre, ni la comadre, ni la vendedora de sucumbé. Y que ya nadie toque el trombón -o lo que tocara- en las bandas, porque Evo fue, en un momento de ofuscación histórica, cuando aún no lo marcó el espíritu de Pachakuti, latapuku. Y si él fue, nadie podrá ser.

Por ello las ropas que viste, vistió o vestirá, merecen estar en vitrina como patrimonio cultural. Hay que hacer sesión especial de congreso para ver si antes de santificarlos, se deben lavar sus calzones.
13/07/07

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 07/2007

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