ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 7 de OCTUBRE al 13 de OCTUBRE

EL PAÍS PERPLEJO

No cabe duda de que S.E. encajó en la política nacional en el momento más propicio para llevar a cabo sus designios. Nadie antes en Bolivia había tenido ese halo extraño de S.E. que hizo pensar en que algo divino había recibido de sus atavismos; que era una reencarnación reivindicadora y vengadora de su raza. Aparecer en el espectro nacional como un indígena humillado, vejado, odiado, torturado por el “establishment”, pero estoicamente rebelde, impactó hasta en algunos sectores de la clase dominante boliviana, casi siempre acomodaticia. Ni qué decir de los trabajadores enardecidos y de los indígenas del campo, mestizos e indios, que vieron en S.E. a su liberador o cuando menos al jefe esperado para participar del poder político, aunque jamás se les pasó por la mente ocuparlo, como ha sucedido en realidad.

El MAS ganó las elecciones del 2005 cuando la población estaba abierta a cualquier cambio, luego de una etapa democrática decepcionante que, por la pobreza reinante, no llegó a satisfacer sus expectativas de bienestar después del largo período dictatorial. Además, cuando la gente estaba perpleja por el fácil derrumbe del gobierno del MNR, mediante un alzamiento insurreccional cuyo fondo aún es incierto, hace exactamente treinta años.

Lo que comenzó con refriegas aisladas en las calles de La Paz que produjeron algunos muertos y cuando la legitimidad de Sánchez de Lozada no era cuestionada aunque en vastos sectores se repudiara su gestión, se fue convirtiendo, día que pasaba, en una trampa mortal. Lo que inicialmente no contaba para los descontentos porque no era verdad (la venta de gas a Chile) apareció como una de las banderas del alboroto popular. Fue la excusa que se buscó para justificar la asonada final, sangrientamente resistida a tiros. En ese momento cayeron las caretas y apareció el “rostro de la furia”, donde, curiosamente, S.E. no era de los principales actores.

El país quedó perplejo y pasados los gobiernos de Mesa y Rodríguez Veltzé, el MAS arrolló en la elecciones generales del 2005. La figura de S.E. resultó hipnótica para el electorado, y la gente, con su voto, también le entregó su voluntad sin pedir ninguna garantía. Se dijo que todo lo anterior al 2005 no había servido para nada, que la democracia anterior y sus dirigentes eran corruptos y criminales. Quienes unos años antes habían militado activamente en los partidos tradicionales, los de la llamada “democracia pactada”, los de las mega-coaliciones, se acobardaron, callaron, y terminaron doblando la cerviz.

De pronto S.E. se encontró con que llegar a la presidencia no había sido cosa de superhombres, que no era nada del otro mundo. Él lo había podido hacer y sin sobresaltos. Observó que, además, el poder no estaba reservado para blancos o mestizos letrados, sino para indios y cholos también. Vio que los militares estaban más perplejos y acomplejados que los civiles, y tuvo la virtud de darse cuenta de que castigando y amenazando tenía ganada la batalla. Sin perder tiempo, empezó a utilizar el aparato judicial para someter a sus adversarios. Aunque de una inmoralidad sin nombre, procesar a los contrarios y encerrarlos en una cárcel era aparentemente más humano que las palizas, torturas y fusilamientos que habían cometido gobiernos civiles y militares durante la segunda mitad del siglo pasado. ¿Corazonadas de S.E.? ¿Intuiciones notables? ¿O planificación precisa de varias cabezas expertas?

Todos saben que las acusaciones de separatismo y terrorismo montadas en Santa Cruz fueron fraguadas. Lo único cierto es que asesinaron a tres mercenarios extranjeros. Sin embargo, los cruceños quedaron perplejos ante la maniobra y cuando hubo alguna reacción Santa Cruz estaba con parte de su dirigencia más combativa descabezada. Lo mismo sucedió en Pando. Igualmente antes, cuando se nacionalizaron los hidrocarburos. Y ni qué decir de cuando redactada a las patadas una Constitución que ni S.E. respeta, se suprimió la República. O cuando, de improviso, se afirmó que existían algunas dudas constitucionales sobre la reelección presidencial y luego se anunció que S.E. estaba habilitado para un tercer período por interpretación del Tribunal Constitucional. Como si no se supiera que los magistrados en Bolivia fueron elegidos por un voto engañoso, después de haber sido previamente seleccionados por el MAS.

El país quedó perplejo cuando supo que S.E. había expulsado al embajador americano. Cuando hizo comprar un avión para su uso en 38 millones de dólares sin licitación. Cuando dispuso cupos a las exportaciones agrícolas. Cuando se ordenó un tunda de palos a los indígenas del oriente. Cuando S.E. exigió que se cambie la sede de NN.UU. Perplejo quedó el pueblo cuando reconoció haber fallado al designar al Defensor del Pueblo. Cuando oyó de S.E. que los ministros y empleados públicos trabajarían en su campaña electoral.
Lo grave es que si la perplejidad se vuelve crónica en una sociedad quiere decir que la estupidez ha atravesado su umbral.

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