ArtículosIniciosemana del 28 de OCTUBRE al 3 de NOVIEMBREWinston Estremadoiro

Alabanza en boca propia

Dicen que alabanza en boca propia es vituperio, pero entretejo ideas de una selección de artículos, que en formato de libro trataré de alumbrar –toda obra es una parición– para el 6 de noviembre próximo. Doy a conocer ciertos temas, esperanzado de atraer atención, cual canillita que a viva voz anuncia los titulares más picantes para vender sus periódicos. El libro se titula “Saetas a Evo Morales”. Opino que los delirios de cambio de su régimen populista se fraguaron en el Foro de São Paulo, se financiaron con la megalomanía ahíta de petrodólares de Hugo Chávez y se digitaron con mano diestra del castrismo en el timón ideológico, con la complicidad de Lula da Silva.

Usaron con efecto la máxima “dividir para reinar”. Evo empezó demócrata y acabará autócrata. En su aritmética, más que sumar y multiplicar, manejó bien restar y dividir. Ahondó prejuicios entre collas y cambas: los últimos, con Tarija y parte de Chuquisaca, se unieron en lo que se llamó la “media luna”. Se instigó asonada incendiaria y criminal en Cochabamba; se provocaron brotes racistas en Sucre. La media luna fue endilgada de separatismo. La oposición fue reprimida con tramoyas en Porvenir y Santa Cruz, la prisión de mandos electos y ocupación militar en Pando, y acoso judicial a opositores en Tarija, Beni y Santa Cruz.

El régimen de cambio ahondó el cisma entre indígenas agrandados y blancos estigmatizados. Si bien en nuestro color de piel abundan tonos de marrón, son nociones falsas “originario” y “quechuaymara”. La una es sinónimo de oriundo o nativo: soy tan originario de Bolivia como un aymara tejedor de totora en el lago Titicaca. Siendo las culturas andinas procesos de absorción, el “quechuaymara” soslaya el encono entre esos dos pueblos. Quizá no concluyeron la absorción de los aymara por el Imperio Inca, cuando llegaron los barbados hispanos con caballos, armaduras, arcabuces y perros amarillos.

La dicotomía de “t’aras” y “k’aras”, de ‘indios’ y ‘blancos’, dividió al 70 por ciento de nuestra variante de mestizos latinoamericanos, variopinta igual a la diversidad natural del ‘microcosmos del universo’, como algún sabio llamó a Bolivia. ¿De qué sirve rescatar el orgullo autóctono, si se niega la otra mitad de la sangre? Lo indica la poca filiación ciudadana con la raíz indígena en el Censo de 2012.

Simplista es la trilogía de aymara, quechua y guaraní con que quieren encasillar el complejo medio etnográfico del país. El tronco guaraní en Bolivia tiene registro histórico del arribo de belicosas bandas tupí-guaraníes, quizá caníbales, en busca de la “Tierra del Metal” –el Imperio Inca. Hay bocetos de guaraníes sojuzgando a pacíficos Chané de stock Arawako. Se relaciona a Samaipata y otros fuertes incaicos con los malones guaraníes. ¿Qué estudio vincula el origen tupí-guaraní de Ayoreódes, Isoseño-guaraníes, Sirionó, Guarayos y otros grupos, unidos por tronco lingüístico común, pero separados por la evolución del idioma en la distancia y el tiempo? Falaz es asumir que todo el Oriente boliviano es guaraní. Los Jesuitas agruparon idiomas indígenas en una “lengua general”. En el portentoso Paitití, quizá urdieron lalingua franca sobre la base del mojeño, salpicado de palabras de otras lenguas, incluso castellano. Prejuicios andinos o ignorancia, las modificaciones actuales a título de reivindicador cambio, en mi opinión ocultan afán de primacía aymara y centralismo paceño. ¿Qué base tiene esa trilogía étnica, en intentos de revivir el protagonismo indígena en un país mestizo?

Balcanizar el país en treinta y tantas “naciones originarias” fue parte de otra argucia: la proyección de Evo Morales como adalid de la Pachamama. Sobrevino el terrorismo de Estado en Chaparina y atropello a los indígenas del Tipnis. Abusaron del recurso del conquistador de trocar oro nativo por lentejuelas. En la pugna del Tipnis subyacen el oro de su valor natural –parte de corredor deslumbrante que incluye el Manú peruano, y en Bolivia abarca desde el Parque Madidi hasta el Amboró–, trocado por espejitos: antenas parabólicas, enajenante tele, y depender de energéticos e insumos externos. La carretera asesina, el hambre de tierras vírgenes de cocaleros y los hidrocarburos de entrañas del Tipnis quizá inclinarán la balanza a favor de su destrucción.

Nacionalización y sequía de inversiones es un ejemplo de que a la acción sigue la reacción. A la renegociación de contratos se disfrazó como “nacionalización”, incluyendo la toma de instalaciones civiles por milicos. Ofendieron a Brasil, principal cliente desde que concluyó la mayor inversión en nuestra historia: el gasoducto Santa Cruz-São Paulo. Petrobras se volcó a la cuenca Presal, y su éxito le hará potencia petrolera mundial. Seguirán comprando gas boliviano, pero ajustando tuerca para lograr mejores precios. Bolivia, periférica como la ven, tiene la mayor frontera común y puede inundar con cocaína las Olimpíadas y el Mundial de Fútbol.

El favorecido fue Perú, adonde migraron las petroleras, incluso nuestras, con su dinero y su tecnología. La “guerra del gas” del eslogan “ni una molécula de gas por Chile” –quizá instigada por Perú– a la postre resultó en que el Pacific LNG por puerto chileno, ahora tenga planta y puerto peruanos, que incluso ofrece gas a Chile. La alianza de Pdvsa con YPFB, fue como aparear un fosilizado mamut con una elefanta de papel. Hoy endulzan con incentivos para que vuelvan las transnacionales.

Manden emails si desean comprar el libro, que autografiaré si así lo desean.

(20131031)

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