ArtículosIniciosemana del 18 de NOVIEMBRE al 24 de NOVIEMBREWinston Estremadoiro

País de dolor de muela y pico verde

Puedo ser escribidor ocurrente pero soy mal vendedor, cavilaba después de presentar mi libro Saetas a Evo Morales, sin consignar ejemplares en librerías. Para colmo, debo viajar a Santa Cruz a repetir la experiencia. Será pronto, no sea que prefieran trago, comilona y regalo de burreras, a comprar libros en la bonanza consumista de fin de año. Luego será La Paz, y aunque todavía sin auspicio, ojalá que visitar la bella ciudad del Illimani no resulte en nariz sangrante, corazón arrítmico y bloqueo de arterias, que por disposición rastrera quizá ordenada por mandamases de turno, ocasionó la muerte a mi amigo José María Bakovic hace poco más de un mes.

Como tormenta de época, ésas que amenazan y luego el viento la dispersa, hace más de un mes anunciaban que finalmente sabríamos del Estudio Integral del Consumo de la Hoja de Coca en Bolivia. Atrasadísimo desde que la Unión Europea lo financiara en 2007, la investigación empezó el año 2008 y recién concluyó cinco años después, ante un crescendo de reclamos de estudiosos, entes y cancillerías cansadas –además de atrasos sospechosos–, de censos sesgados, abuso socapado a derechos humanos, acoso judicial de opositores, delirios risibles de grandeza, y falacias de bonanza económica en un Gobierno desconocedor del pasado de auges efímeros, e incapaz de proyectar el futuro con políticas perdurables.

Aumenta el descrédito de un régimen notorio, entre otras cosas, porque su guardia pretoriana son los productores de hoja de coca del Chapare. Quizá a ellos se debe que se atrasase el Estudio. Llegaron al extremo de insistir que dejen sin tapa la olla de producción de hoja, permitiendo 20.000 hectáreas para usos tradicionales. Digo “hoja” y no “coca”, porque para los gringos –versión norteamericana o europea– la ‘hoja sagrada’ es sinónimo de cocaína. A ellos, y a tanta persona desvelada por la blancura de la sonrisa, poco importa el acullico tradicional que muestra cachete hinchado como con dolor de muela, dientes y encías verdosos: ¿acaso no les dicen ‘pico verde’ a los paceños?

Me late que los cocaleros ya conocían resultados del Estudio, que fijan sólo 14.705 Has cultivadas de la erythroxylum coca requerida para consumo tradicional, por eso el apuro. Imagínense, permitir 5.295 Has en exceso de las establecidas por el Estudio de marras: son 5.295 nuevos catos de los consentidos por la extorsión al gobierno de Carlos Mesa. ¿Son 5.295 nuevos cocaleros, o serán repartidos entre huestes leales al jefazo en Chapare? Porque ya hay exceso de coca sembrada en los Yungas de La Paz. Además, calculan que el 92% de la coca consumida legalmente en Bolivia proviene de allí. Tal significa que 92% es coca excedentaria del Chapare mayormente, y de Apolo y otros lugares donde se ha esparcido ilegalmente. ¿Adónde va?

Supongo que las diferencias de rendimiento hoja de coca/clorhidrato de cocaína, toman en cuenta advertencias de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD), cuyo anterior agente en Bolivia indicaba que nuevas técnicas –el “método colombiano” – habrían duplicado la producción de droga con menos hoja. Apelo a Pruebas de Rendimiento de Coca en el Chapare, que en 1978 hiciera el Proyecto de Desarrollo “Chapare-Yungas” (PRODES): tomando muestras en parcelas altas y bajas en rendimiento, un promedio de 2.60 toneladas métricas por hectárea/año. Si de 150 a 400 kilogramos de hoja se obtiene un kilo del clorhidrato de cocaína, imaginen cuánta pichicata adicional se obtendría.

Porque la pregunta del millón es: ¿cuánta cocaína se elabora con la hoja de coca excedentaria en Bolivia? Es materia de especulación, tomando en cuenta que si el segundo Estudio Integral del Consumo de la Hoja de Coca en Bolivia tomó 6 largos años, llevaría sesenta que acepten un trabajo serio de calcular cuánta droga se elabora con los sobrantes de coca en Bolivia. Sabe Dios en cuántas se han multiplicado las 300 Has permitidas en Apolo. ¿Y en los Yungas de Vandiola? ¿Quién medirá la coca en La Asunta, que, dicho sea de paso, no es zona ‘tradicional’ de producción? Ni hablar del infame “polígono” invasor del Tipnis, los sembradíos en otros Parques y Reservas Naturales, como Carrasco, Amboró y el Choré. ¡Vaya hombre!, si hace poco hallaron cocales en Ayopaya…

En 1978, el primer Estudio Multidisciplinario del Uso Tradicional de la Coca en Bolivia, realizado por William Carter y Mauricio Mamani, estableció que se requerían 12.000 Has de sembradíos de coca, para cubrir la demanda del acullico y otros usos “culturales”. No era vinculante, pero la cifra se hizo norma en la vapuleada Ley 1008. Hoy el ministro Romero puede aventurar que 14.205 hectáreas de coca que cubrirían la demanda tradicional no son vinculantes. Sin embargo, apuesto a que la cifra justificará el nuevo “techo” de producción. Conviene más a interés cocalero –y cocainero– que las 8.000 Has calculadas para usos “tradicionales” por el Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin).

Los varios atrasos del segundo Estudio Integral del Consumo de la Hoja de Coca generaron desconfianza nacional e internacional. Los ingenuos tendrán que reconocer que los ratones no pueden, ni deben, cuidar el queso. Pero clamores sesgados del grupo de presión más allegado al Gobierno –los cocaleros– marean la perdiz con clarinadas de que no tomaron en cuenta cuánta coca se necesita para industrializar en productos que pocos quieren. O para exportar, quizá a países donde la incompetencia atrae el hambre que el acullico oculta.

(20131116)

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