ArtículosIniciosemana del 2 de DICIEMBRE al 8 de DICIEMBREWinston Estremadoiro

Dieron ‘pele’ en el Nobel, ¿surtirá San Evo?

Una deliberada política del Gobierno parece ser el fuego de artificio de zonceras proferidas por el mandamás, que concitan atención en los medios de comunicación, y tienen efectos anestésicos, casi hipnóticos, en las masas ignorantes, o ideologizadas, proclives al voto consigna. En los populistas años 50, era el “puka papeleta, puka papeleta” que mofaba mi padre, con que pastores sindicales movimientistas arreaban a borregos votantes. Hoy es “votar por el Evo, que es como nosotros”, no sé si por sus rasgos fenotípicos, o por su propensión a disparar burreras desde la cartuchera, vale decir, sin pensar.

Naturalmente, tal vez con aire doctoral se plegó el Canciller Choquehuanca, no para discurrir sobre el derecho al Pacífico que tiene Bolivia, o la necesidad de una política exterior que aferre al país a retazos del acceso a tres mares que tuvo la patria al nacer –el Océano Pacífico por el Litoral, el Atlántico Sur por la Hidrovía Paraguay-Paraná, y el Océano Atlántico por el río-mar: el gran Amazonas– sino para pontificar del sexo entre las piedras o las virtudes nutritivas de la coca en reemplazo de la leche en el desayuno escolar.

Ahora el Vice parece haberse plegado a las tonterías que distraen atención a los abusos de poder y a problemas acuciantes que pudiera haber en tapete. Ya lo hizo antes, discurseando sesgados galimatías sociológicos sobre el proceso de cambio, o proclamando delirantes visiones de la grandeza boliviana. Quizá en versión andina ha calcado un eslogan de la Alemania de Hitler –“ein Volk, ein Reich, ein Fuhrer” – en las recientes declaraciones sobre que Bolivia apunta a ser una potencia, porque tiene “un norte, un líder, recursos económicos y la unidad de la patria”, ante guaraníes soliviantados por 36 nacionalidades étnicas de la Constitución, que quizá no quieren ser ni bolivianos, ni chapacos ni chaqueños, solo Ava.

Peor aún, la maquinaria propagandística del Gobierno se empeñó en que Evo Morales ganara el Nobel de la Paz. Ya en 2007 sacaron siete, pele, antes de repetir el ocho, tapa el mocho, en el juego de dados de ‘craps’ politiquero que fuera postular a Evo Morales al premio Nobel de la Paz. En Estocolmo, fue suficiente quizá la grabación de promesas electorales de renunciar si había un muerto en su gestión, al lado de la truculenta cosecha de difuntos durante los años de su Presidencia. En el 2010, hicieron pele una vez más, con un nueve, no se mueve, antes del siete. Le dieron el premio a un activista chino, y Evo ya tenía al frente a candidatura boliviana: la IX Marcha indígena, que resistía, y aún resiste, la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos que asesinará el Tipnis.

Un apoyo de la candidatura de Evo fue Rigoberta Menchú. Otro, cómo no, fue Fidel Castro, quien en 2009 deslució al Presidente Obama para merecerlo, porque antes debería ganárselo –según el activista Michael Moore. Al enaltecer a Evo, habló del “corte de caña en la provincia argentina de Jujuy”,… “no muy lejos de La Higuera, donde el Che herido y desarmado fue asesinado”. A lo menos, se aplazó en tramos kilométricos de la inmensa geografía sudamericana. A lo más, soslayó el precepto bíblico de que “el que a hierro mata, a hierro muere”: que lo digan soldados y oficiales bolivianos muertos en acechos guerrilleros, el Che en mazmorras de moribundos en La Cabaña. O el mismísimo Fidel asistido de su hermano Raúl, en fotos donde vendan ojos de infelices a ser fusilados en el monte.

Hoy, quizá por adulonería al ‘hombre símbolo’ que lo mantiene en el cargo pese a su impopularidad entre las huestes ‘quechuaymara’, el Vicepresidente García Linera arremetió con misterioso misticismo, tal vez agradable a oídos pachamamistas, al instar a la población “a acordarse de Evo Morales antes de dormir y al momento de despertarse”. Pucha, yo que apenas balbuceo el ‘ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que llegue a los brazos de Jesús y de María’.

Ahora deberé memorizar el nuevo credo que, según Carlos Valverde, podría ser: “Creo en Evo, Tata poderoso/ creador del Estado Plurinacional, creo en su talento y en su honestidad/ creo en la Pachamama, que lo consagró sin estudios, por obra y gracia del movimiento cocalero/ Nació en Orinoca y se crió en el Chapare/ padeció bajo el poder de los gobiernos neoliberales entreguistas, fue expulsado del Congreso, detenido y gasificado/ bloqueó los caminos y fue candidato entre un montón de políticos muertos/ subió al poder para no irse más, y está sentado entre el Palacio y los aviones/ desde allí hace lo que quiere y no rinde cuentas, ni a los vivos y por los muertos de sus represiones/ Creo en el Tata Evo, en los gloriosos movimientos sociales, en el poder de los cocaleros, en el socialismo del siglo XXI, en el poder del canal 7 y en la reelección eterna/ amén”.

Mucho palabrerío de citas y lecturas, para decir que así como ironicé intentos de concederle el premio Nobel de la Paz, corcoveo adulonerías recientes que hacen de él un santo: sería San Evo, aunque no sé dónde entraría en el santoral católico. Tampoco creo que merezca dicha categoría, así hubiera depuesto anteriores posturas anti-religiosas y visitado al Papa Francisco. Más bien, postulo que tales ‘llunqueríos’, junto al discurso de dislates y pontificación afiebrada, son parte del arsenal de fuegos de artificio con que su Gobierno tapa abusos, como malgastar en aviones ejecutivos los recursos de todos, encandilando la atención hacia naderías.

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