ArtículosIniciosemana del 23 de DICIEMBRE al 29 de DICIEMBRESusana Seleme Antelo

Fin de año 2013

“Quiero escribir, pero me sale espuma, quiero decir muchísimo y me atollo; no hay cifra hablada que no sea suma, ni hay pirámide escrita, sin cogollo…” escribió César Vallejo un octubre de 1937. Al releerlo, miro retrospectivamente este 2013, y sin atollarme concluyo que de los  8 años que la democracia boliviana  ha vivido peligrosamente bajo el régimen autocrático de Evo Morales, este es el peor

Pocas dudas quedan de que hoy sufrimos una dictadura disfrazada de democracia, ‘dictablanda’ en algunos aspectos pues todavía hay quienes podemos  escribir y criticar al régimen. O ‘democradura’, como decía Eduardo Galeano, pues ahíto de prisas para consolidar su poder, Morales desterró de Bolivia el Estado de Derecho que preserva al ciudadano de los abusos de la concentración absoluta del poder, luego de la masacre a la institucionalidad de la ex República que no descansa  en paz hace 8 años.

La subordinación total de la justicia a los  fines del caudillo y  ‘jefazo’, confirma que esa ‘dictablanda’ o ‘democradura’, dictadura al fin cualquiera sea su envoltura, deja a la sociedad política y civil en total indefensión jurídica y a merced de ‘guillotinas judiciales’  o de la red de extorsionadores que acaban con vidas, honras y riquezas bien habidas.

Esa es  la misma administración de justicia que avaló este 2013 la ilegal tercera reeleción de Morales, con un continuismo que vulnera  uno de los principios más distintivos de toda democracia: la alternabilidad del poder político. Esa alternabilidad debiera revelarse sin ventajas a favor  de  ningún candidato ni partido en el tiempo decisivo de una elección, sin concesiones, ni manipulación ni trampas electorales, premisas que hoy por hoy está lejos de ser factible en 2014, año de las próximas elecciones nacionales, como no lo fueron en las pasadas de 2009 y otras más.

En este fin de año, afirmo que lo que parece ser ‘desarrollo’ en la Bolivia de Morales, es solo el resultado de la macroeconomía, fruto de los óptimos precios del gas y de los minerales, sin que el país hubiese dejado de ser subsidiario de una economía primario-exportadora, sin industrialización ni generación de empleos productivos y estables. Esa es la economía real del “proceso de cambio”: solo 30 % de la Población Económicamente activa (PEA) está sujeta al trabajo asalariado, se adscribe a la formalidad  y paga impuestos. Ahí está Santa Cruz y su patrón de acumulación agrícola y agroindustrial exportador, hostigado por las  invasiones a tierras productivas que  el régimen político apaña y tolera, a pesar de que aquí se produce 70% de los alimentos que consume Bolivia. El objetivo es acabar con ese patrón de acumulación en manos privadas, para darles esas tierras a los afines al régimen que la destruirán, adeptos y asegurar  su voto.

La reducida economía formal no impidió al autócrata decretar un demagogo y populista doble aguinaldo, aunque más de dos tercios de la PEA vive de la informalidad, como los campesinos que cultivan la materia prima de la cocaína, la hoja de coca, cocaleros afiliados  al sindicato que preside el mismísimo Evo Morales, hace más de tres décadas, el también propietario de su “cato” de coca. A esos cocaleros le ha regalado novísimas camionetas, este fin de 2013, como parte de su campaña electoral. Informales son los cooperativistas mineros, que tampoco pagan impuesto alguno, o los gremialistas, los contrabandistas pequeños, medianos y grandes de todo tipo de productos e insumos varios, como los que usa el narcotráfico y los por demás informales e ilegales  narcotraficantes de todo tamaño y procedencia.

En ese mar de ilícitos, en 2013 la violencia y  el crimen organizado creció sin freno, como el poder de las Fuerzas Armadas, a las que Morales permitió incrementar su número con 9.000 conscriptos más, sin que se sepa para qué fin, ni el por qué de la compra de helicópteros y armamento.  ¿Es de prever, entonces,  que la guerra interna contra la crítica y disidencia políticas desatada durante este año que termina, se prolongará en 2014? ¿Será para la guerra que debe “enterrar a la derecha”, como apuntó el Vice, con un tajante “No vamos a permitir que levanten cabeza”?

Entre tanto la policía no sale de su ineficacia, ineficiencia y de sus corruptelas, mientras en sus cuarteles han muerto conscriptos y cadetes de ambos géneros, sin que se aclare las causas y razones y, menos aún, se encuentre culpables.  Como tampoco los hay por la matanza en la cárcel de Palmasola, con 34 muertos asfixiados y quemados por peleas internas entre bandas de reclusos, mientras la policía que custodia el miserable penal  de Santa Cruz, miraba a un costado.

Termina este 2013 y tampoco se sabe a qué vino el ex ministro Sacha Llorenty.  Apareció entre gallos y media noche, sin previo aviso, a pesar de que la conciencia democrática de Bolivia exige su presencia para que asuma su responsabilidad en la brutal represión a  los indígenas del Oriente, durante la VIII marcha,  en Chaparina, el 25 de septiembre de  2010. La in-justicia del Movimiento al Socialismo se aplica para los demócratas y disidentes, pero premia a los serviles, como Llorenty, que de presidente de la Asamblea de  Derechos Humanos, pasó a ser su verdugo. .

El cacareado satélite  Tupac Katari ¿corregirá alguna de las graves falencias en educación, salud, generación de empleo productivo y seguridad ciudadana?¿Valían la pena más de 300 millones de dólares para entrar a la era espacial, si apenas puede el régimen con la era terrenal, a no ser el palo a la oposición política y el circo de la millonaria y excesiva propaganda oficialista, más algunas migajas improductivas?

No escribí ‘muchísimo’ sobre todos los excesos ocurridos en 2013. Pero no me atollé con este escaso recuento porque espero un 2014 más amable y más democrático.  Hay “cogollo, y cifra hablada”  para que así sea. Y porque así lo espero,  ¡feliz año nuevo!

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