ArtículosIniciosemana del 9 de DICIEMBRE al 15 de DICIEMBRESusana Seleme Antelo

Los boliburgueses y la clase media

Mientras el expresidente de Venezuela Hugo Chávez (+) proclamaba la vigencia del socialismo del siglo XXI y la revolución bolivariana, al mismo tiempo demonizaba al capitalismo y al imperialismo norteamericano. Sin embargo, se hacía de la vista gorda frente a cientos  de empresarios, funcionarios y banqueros que se transformaron en la casta más rica y ostentosa del país, incluida su familia, al calor de negocios con su gobierno, vía la corrupción. Lo mismo sucede hoy, con  su histriónico sucesor  Nicolás Maduro,  quien ve a su difunto mentor convertido en “pajarico” o retratado en una pared del metro.

A esa clase de nuevos ricos venezolanos, se los llama los “boliburgueses” y a sus hijos los “bolichicos” de la revolución, por haber amasado inmensas fortunas a la sombra del gobierno y por sus estrechos vínculos con la estructura socialista y bolivariana de ayer y la actual.

No es Bolivia un país tan rico como Venezuela que genere millonarios a diestra y siniestra, y que gasten sus millones sin el menor pudor en Miami, Nueva York  o en otras ciudades del mundo. Sin embargo, aquí sí hay nuevos ricos, no sabemos cuán ricos,  cuyos dineros también surgen a la sombra del régimen pluri-corruptelas,  de la extorsión y el chantaje desde el más alto nivel al más bajo, y se convierten en socios, accionistas o ‘rentistas’ de empresas legales productivas y de servicios. Amén del acoso a la prensa, al periodismo y al pensamiento críticos, como en Venezuela y otros países del eje  bolivariano.

Al extinto y al actual ‘jefazos’ venezolanos, Evo Morales los emula también en autoritarismo autocrático con poderes absolutos, sin rendir cuentas, sin transparencia ni responsabilidad en los gastos de la gestión pública.  Así, gracias a la bonanza de los precios de materias primas, compra un avión en 7 millones de dólares para uso de la nomenclatura masista en tiempos electorales, aparte del suyo que costó más de 40. Construye cientos de canchitas de pasto sintético; quiere un nuevo satélite para la prospección de recursos naturales, aparte del Tupac Katari de comunicaciones y anuncia la incursión en energía atómica para usos medicinales, en vez de destinar recursos para disminuir la desnutrición y mortalidad infantil o para la enseñanza obligatoria de 12 años de estudio en los ciclos primarios y secundario.

Y por último, al menos hasta este fin de año,  regala a las Fuerzas Armadas más de 9.000 nuevos conscriptos, con los cuales el gasto militar  para su manutención ascenderá a 164 millones de bolivianos. ¿Se trata de comprar más lealtades militares, que ya las tiene, o espera Morales suplir con esas nuevas, la disminuida lealtad de sus  bases sociales, salvo el cerco político de sus afiliados cocaleros?

En este panorama, no se sabe, todavía, si miembros del régimen de Morales se equiparan a sus homólogos venezolanos en gastos fuera del país. No obstante, dentro de él,  una mayoría sí es “…medio rica,
medio culta, y 
entre lo que cree ser y lo que es, 
media una distancia medio grande, 
 como dice con sorna el poeta argentino Daniel Cézare. Es una cruda definición poética para un concepto como el de clase media, que tiene más de una, según los teóricos sobre el tema.  Pero la boliviana ya ostentan nuevas compras de ‘medio lujo o lujo entero’, a título de que son la nueva clase media boliviana y la mayoría representa la acertada definición de Césare.

El millón de nuevos clase media de los que el régimen se vanagloria, no son la clase media ilustrada que dio luces a la filosofía, a la literatura, a las artes y a las ciencias exactas entre otras ramas del saber y el conocimiento a lo largo de siglos. Tampoco es la que Margueritte Yourcenar en Memorias de Adriano, calificaba como  “seria e instruida. Conozco sus defectos, pero un Estado sólo se mantiene gracias a ella” porque pagan impuestos.

La realidad  de la clase media en Bolivia

En Bolivia sólo pagan impuestos los trabajadores y profesionales a los que se los descuentan de  su salario y son apenas 30% de la Población Económicamente Activa (PEA). Algunos analistas económicos la cifran en apenas 25 %.

La demás ‘clasemediera’ la elude, porque no encuentra trabajo estable, bien pagado y con cobertura social. Si antes esa clase media y sus discutibles atributos como media-media y media-baja,  se iba a España,  que la devolvió  arrebañada y frustrada, hoy se va, a  Arica, en Chile, en busca de nuevos horizontes.  Sí hay una mayoría política de clase media que luce algunos lujos antes impensables, a título de que son la nueva clase media boliviana.

En los últimos 10 años, aproximadamente la mitad de la población en Bolivia salió de la clase pobre para pasar a la clase vulnerable, lo que significa que aún le falta un escalón para ser parte de la clase media, según el reporte denominado “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, elaborado por el Banco Mundial (BM) * “En Bolivia más o menos el 50 por ciento de la población experimentó una movilidad ascendente, pero la mayor parte de la movilidad fue de la pobreza a la clase vulnerable, mientras que en otros países fue de la clase vulnerable a la clase media”, manifestó  Augusto de la Torre, economista y jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. Explicó que, según ese estudio, la clase pobre está identificada por un ingreso de 1 a 4 dólares diarios por cada persona, y la clase vulnerable de 4 a 10 dólares. De la Torre elaboró el concepto de “movilidad económica”,  según el reporte de Agencia de Noticias Fides, “por el que se aborda el crecimiento de la clase media en América Latina, en base a una combinación de fuentes, de datos, que incluyen desde numerosas encuestas a los hogares y pruebas de evaluación de estudiantes, hasta estudios sobre las actitudes, opiniones y creencias, con el fin de arrojar luz sobre las transformaciones sociales que se están produciendo en esta área,  en este nuevo milenio”.

La mayoría de la nueva clase media que proclama el régimen en Bolivia provienen de la informalidad que se desliza con facilidad a la ilegalidad como el contrabando a chica, mediana y gran escala.  De hecho, lo más industrializado en la Bolivia actual es la ilegal economía política de la cocaína, como relación social de producción. Ahí está con su amplia cadena productiva de campesinos cocaleros que cultivan la materia prima: la hoja de coca;  los rescatadores, transportistas, distribuidores y contrabandistas de insumos varios como químicos, precursores y otros; los procesadores de pasta base y clorhidrato de cocaína, narcotraficantes chicos, medianos y grandes de origen local y externo, y los infaltables lavadores de dinero de toda procedencia. Corrupción a granel y a la carta.

La corrupción no es privativa de países como Venezuela y Bolivia, en el chavista marco bolivariano. Existe en todas partes del mundo, cierto. La diferencia es que estos, sus presidentes y sus entornos, amparados en una administración de justicia venal y dócil al poder político, se han arrogado poderes casi o totalmente absolutos. De esa manera,  han eliminado todo control político desde el poder Legislativo y Judicial y cualquier control social. Es decir, la impunidad y la corrupción de boliburgueses y clase medieros de nuevo cuño.

*Ferreira, Francisco H. G., Julián Messina, Jamele Rigolini, Luis-Felipe López-Calva, María Ana Lugo, y Renos Vakis. 2013. La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina. Washington, DC.  Banco Mundial. Licencia: Creative Commons de Reconocimiento CC BY 3.0

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