ArtículosCarlos Miranda PachecoIniciosemana del 30 de DICIEMBRE al 5 de ENERO

YPFB EN SU 77 ANIVERSARIO

YPFB es la segunda empresa petrolera estatal más antigua Latinoamericana. Su vida, al igual que la de sus colegas, tiene luces y sombras. Eso no debe extrañarnos porque todas ellas llevan genes de dependencia y obediencia al gobierno de turno. Así, tenemos a Petrobras, que ha perdido su posición de 3ª empresa mundial del petróleo, siguiendo algunos lineamientos de su gobierno. Es una gran empresa estatal que tiene que aceptar que lo más conveniente para Petrobras no es necesariamente lo más conveniente al Brasil en su conjunto.

En México tenemos lo inverso. Pemex está siendo sujeto de terapia intensiva para su crecimiento gracias a la nueva política energética de su gobierno.

No obstante esas subidas y bajadas en la vida de las empresas petroleras estatales, estas persisten, así YPFB llego a 77 años y continuara muchos otros más.

El rico anecdotario petrolero puede ayudarnos  a comprender esas oscilaciones empresariales. Se relata que cuando se pidió a Rockefeller (el primero) indicar cuál era la empresa más rentable, esto contesto rápidamente: “una empresa petrolera bien manejada”, y que cuando se le requirió indicar cuál sería la segunda, también contesto sin titubear: “Una empresa petrolera mal manejada”. Esto ilustra que los márgenes de utilidad petroleros son tan altos permitiendo cometer grandes errores sin poner en peligro la existencia de la empresa.

Solo nos queda desear que lo anterior suceda en nuestra empresa  porque el 2013 será recordado como el año que YPFB fue precipitado a un ingreso desordenado a la petroquímica, haciendo las mayores inversiones en la historia del país.

La petroquímica es el máximo estadio de crecimiento de una empresa petrolera. Como su nombre lo indica, rebasa su condición petrolera e ingresa a la química con un mercado terriblemente competitivo.

El ingreso de una petrolera estatal a la petroquímica debe resultar de un cuidadoso análisis: de disponibilidades financieras, mercado existente y acceso  ellos y disponibilidad de materia prima que pueda obtener mejores precios que exportándola.  No menciono tecnología. Ninguna empresa estatal debe correr el riesgo de desastres utilizando tecnología no probada ni disponible en el mercado.

En nuestro caso, ese análisis se complica por no tener un mercado interno que pudiera absolver total o parte importante de la producción. Además el no contar con una infraestructura de transporte eficiente.  Esos dos factores negativos, nos obligan a exportar la mayor parte de la producción.

Nuestra producción de gas es rica en licuables que son materia prima petroquímica por excelencia (etano, propano, butano). Al exportar grandes cantidades de ese gas rico al Brasil, nos colocamos en el umbral de la petroquímica y no lo traspasamos. Se dejo pasar la oportunidad de construir un complejo petroquímico binacional en Puerto Suarez y aprovechar el mercado más grande de América Latina.  Gravísimo error.

Lo más lamentable es que sucedió por razones ideológicas. El discurso insurreccional de El Alto pidiendo la industrialización del gas, se convirtió en un compromiso político  difícil de cumplir.  Esa presión precipito un segundo y más grave error al decidir construir una planta de fertilizantes sin tener mercados asegurados.

Ese ingreso desordenado a la petroquímica parece que continuará con la planta de polietileno y polipropileno en el Chaco.  Hasta donde se nos informa la producción será exportada a Argentina y Brasil. Ambos nos proveen de esos productos y satisfacen nuestro mercado ¿Qué curioso no? Será muy interesante ver como cambiamos roles con esos países. De comprador de pequeñísimas cantidades a vendedores en gran escala.  Finalmente, error de errores. A todos estos proyectos se les provee fondos de reservas nacionales en el BCB. Dineros, estimado lector, suyos y míos.  Ningún banco comercial los hubiera financiado. El lanzar a un país hacia la petroquímica es una decisión de política económica respetable y admirada, siempre y cuando se lo haga en forma ordenada que impida tener grandes fracasos económicos que coloquen a la empresa petrolera estatal en la segunda categoría de empresas que relato en la anécdota al inicio de esta nota.

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