ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 13 de ENERO al 19 de ENERO

Populismo y crisis

Se va confirmando la afirmación de que “las políticas populistas conducen a la alta inflación y a crecientes desequilibrios macroeconómicos cuando escasean los recursos”. (Néstor O. Scibona. “Malos diagnósticos, peores tratamientos”. La Nación. Buenos Aires, 05.01.2014). Esto se observa en el drama de la rica Venezuela, cuyo gobierno populista dilapidó sus inmensos ingresos provenientes del petróleo, ocasionando, causando, entre otros efectos perversos, una incontrolable inflación que, según lo reconoció el presidente Nicolás Maduro, ha llegado en 2013 a una tasa anual de más del 56%, y que se calcula que este año será aún mayor.

El hecho de que la magnitud de los ingresos del Estado se mantengan solo por un tiempo, y que luego, la inflación se convierta en galopante –en Venezuela se llegó a ese porcentaje de inflación luego de más de una década de desenfreno en el gasto– muestra el destino de los países cuyos gobiernos, confiados en que nunca más habrá épocas difíciles (nadie sabe el por qué de esa creencia), se empeñan en gastar sin medida ni prudencia.

Por supuesto que hay varias maneras de dilapidar los recursos; aunque el prebendalismo y el clientelismo, son las preferidas. Otra forma es crear emprendimientos sólo útiles para la demagogia electorera y que, con mucha frecuencia, luego, son abandonados. A esto se añade el delirio de grandeza, y se erigen monumentos espectaculares y de dudosa utilidad y –cuando no–, en estos casos, se desenfrena la corrupción.

La observación de Scibona sobre la situación argentina, se refiere a un gobierno –el del kirchnerismo- con parecidos con los neopopulistas que abrazan el socialismo del siglo XXI. Enrique Krauze, en el Decálogo del Populismo, menciona que, entre otras particularidades, “el populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos (…) El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos”.

La crisis venezolana, la que se va agravando en la Argentina y la que podría desatarse en nuestro país si se acaba la época de las “vacas gordas”, serán de la responsabilidad del neopopulismo. En el primer caso, por un modelo fracasado y, en el segundo, por el prebendalismo e ineficiencia en la administración de un país que siempre fue próspero que hoy, por obra de kirchnerismo, decae ostensiblemente.

Es evidente que tarde o temprano el populismo crea crisis. Por ello, desde ahora, tenemos que “poner las barbas en remojo”.

(20130115)

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