ArtículosIniciosemana del 21 de ABRIL al 27 de ABRILWinston Estremadoiro

Somalia: ¿piratas o patriotas?

Después de ver el film “Capitán Phillips”, quedé con ganas de conocer más contexto del lado de los somalíes.¿Qué era la dieta de los negritos flacuchos, al lado de la bien dotada mesa del capitán? Humor negro quizá es pensar que en 33 años de cárcel del somalí apresado tendría 3 comidas diarias… Si todos tenemos jefes, como asevera el diálogo de dos espléndidos actores –el secuestrado y secuestrador– ¿quiénes serán?

Juan Falque revela que la información sobre la piratería somalí quizá llega siempre distorsionada, incompleta y manipulada. Ofrece una versión alternativa al origen, motivación y consecuencias del incordio. Su documental “Piratas” aparea imágenes audiovisuales lacerantes del ciclo de dictadura, guerra civil, señores de la guerra y hambruna generalizada en un país paupérrimo. Sus comentarios hurgan su origen en mercaderes de armas e intereses pesqueros. Y, como las ratas que defecan donde comen, en el avieso botadero de basura tóxica, industrial y nuclear en el mar somalí. Culpables son los países ricos de donde proceden tales sórdidos lucros, siniestros restos y la tolerancia cómplice de sus clases políticas.

Empezó por piratas y corsarios hechos nobles de films de los años cuarenta del siglo pasado, que barnizaron el origen delincuencial en el siglo 16, de la que fue primera potencia mundial por varios siglos: Inglaterra. Quizá el afán de controlar su posición estratégica en rutas marítimas del cuerno de África hizo colonizar Somalia por ingleses e italianos, hasta que consiguió su independencia en 1960.

Nueve años más tarde un militar se erigió en dictador hasta 1991 con el apoyo de EE.UU, cuyas petroleras obtuvieron grandes concesiones. Desde su caída, varios clanes luchan entre sí para llenar el vacío de poder, con armas vendidas por mercaderes de la muerte de los países desarrollados. La guerra civil ha ocasionado más de 300.000 muertos, un millón y medio de fugitivos y la terrible hambruna agravada por una sequía de varios años, de la que conocemos penosas estampas de niños y mujeres famélicos.

A río revuelto, ganancia de pescadores. La zona económica exclusiva del mar somalí es una de media docena de cornucopias piscícolas del mundo. Rapiñan de la anarquía del país intereses pesqueros de la Unión Europea, EE.UU, Japón, India, Arabia y otros países de Asia, con más 800 barcos y ganancias de 450 millones de dólares anuales, que depredan ricas áreas pesqueras. Roban la principal fuente de proteína de uno de los más miserables pueblos del mundo. Vetados en otras partes, lucran de la falta de control y usan métodos de pesca ilegal, sin regular y sin reportar. El atún está casi extinto por la sobrepesca de flotas de España (60% de capturas) y Francia (40%). De nada han servido protestas somalíes ante la ONU y otros organismos mundiales.

Aún más sórdido es otro ‘negocio’ de países poderosos. Por casi cinco lustros, barcos de países ricos han vertido cargas en la zona económica exclusiva del mar somalí, ante la resistencia de sus esquifes pesqueros. En 2004, el tsunami en el sudeste asiático y oleajes que azotaron costas somalíes, reflotaron y reventaron contenedores vertidos y revelaron su vil contenido: dañinos residuos sanitarios, desechos tóxicos industriales y sórdida basura nuclear. Pescadores somalíes en sus minúsculos botes no erraban al acosarlos: contaminaban su fuente de ingresos y alimento.

Mohamed Abshir Waldo es un somalí residente en Kenia, que asevera que existen dos piraterías en Somalia. Se pregunta por qué el mundo desconoce la otra. En efecto, afligen las noticias sobre los piratas somalíes: que apresaron un pesquero español; que asaltaron un barco ucraniano cargado de armas; que apresaron un petrolero saudí; que dando tema a una exitosa película, acosaron un carguero de EE.UU.

Es cierto: desempleados hambrientos son fichados y armados por señores de la guerra somalíes para ser piratas. ¿De dónde provienen las armas dotadas a los muertos de hambre convertidos en piratas? ¿Cuántos son pescadores de esquife perjudicados y desplazados por naves-nodriza y buques pesqueros foráneos que aprovechan su pastel pesquero, tal vez en ‘arreglo’ con señores de la guerra somalíes? Hoy ocupa los titulares la creación de una “armada multinacional”, con el pretexto de proteger las vitales vías marítimas del Golfo de Adén y el Océano Índico de los atropellos de piratas somalíes. Pero, ¿acaso no es la pesca ilegal piratería aún más inhumana y criminal, que deteriora el medio ambiente y priva de sustento al pueblo somalí?

Pongamos las barbas en remojo. Rememoro lo sucedido en 1865-66, cuando nuestro país se unió a Chile, Perú y Ecuador en resistir el intento español de recuperar colonias sudamericanas. Puede ser un sueño de Pascua Florida que en Chile prime la cordura y Bolivia recupere un acceso soberano al Pacífico. Contrastada a la realidad de hechos en la vida de las naciones, pregunto qué pasaría si la doble moral de países poderosos acabara con recursos pesqueros del mar somalí, y volcara sus aviesos intereses al mar de peces de la Corriente de Humboldt. ¿Se aliarían Chile, Bolivia, Perú y Ecuador en contra de una armada de países poderosos y abusivos, presidida quizá por la U.S. Navy, como hoy en Somalia?

Dicen que la historia la escriben los vencedores. Los poderosos deben ser, porque como en la cara o cruz de la moneda, los que mandan en el mundo pueden sesgar para que caiga siempre de un lado la ficha de la historia, a su favor u ocultando la verdad a la gente.

(20140425)

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