ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 5 de MAYO al 11 de MAYO

LA HORA DE LA UNIDAD

El 12 de octubre serán las elecciones presidenciales. Entendemos las dificultades que tiene una oposición a la que le cuesta unirse para enfrentar un vendaval como el MAS, que arrasa todo dejando solo tierra quemada y que sigue festejando sus victorias con inauditas orgías de gestión. No nos sumaremos a las críticas a una oposición que hace lo que puede y de la que nos sentimos parte. Lo que le correspondía a los opositores – si no estuvieran frente a pícaros de tanto calibre – hubiera sido impugnar la re-reelección de S.E. por abusiva e inconstitucional; objetar la burla al pueblo mediante un bloque sólido, recurriendo a todas las instancias. Al no existir una oposición firme que frene estos desmanes, hubiera quedado la alternativa de llamar a la abstención electoral, lo que podría preocupar a cualquier gobierno consciente,  que no es este el caso.

Si se llamara a la abstención para el 12 de octubre, así se hiciera todo el escándalo del mundo, S.E. ordenaría que siga adelante el proceso y la Asamblea ni el Tribunal Electoral no chistarían. El MAS arrasaría en solitario y se quedaría con el 100% de los votos y por supuesto con el 100% de la Asamblea. Sería suicida. La muestra está en las elecciones judiciales, cuando la abstención y el voto en blanco rechazó a los magistrados designados previamente por el MAS y el gobierno procedió igualmente a posesionarlos con las gravísimas consecuencias que ahora vivimos.

Si esa salida no es posible, ¿qué entonces? Todo el mundo lo sabe. No inventamos la pólvora. Hay que dar pelea en las urnas con una candidatura única. Hay que disputarle voto a voto la elección al MAS; hay que arrancarles algo de poder así sea a mordiscos. Si ganan con todas las canonjías en su favor, que les cueste. Hay que pelear por cada curul, por cada espacio de mando. Se debe achicar la diferencia entre los dos primeros candidatos. Si el MAS vence en la escandalosa re-reelección, que no le sea fácil. No hay que darle el poder total porque dejará el desbarajuste total.

Si Doria, Costas, Del Granado, no pueden sumar lo suficiente por separado como señalan las encuestas, debe ir uno de los tres apoyado por el resto. Si no se ponen de acuerdo o las perspectivas no dan esperanzas de forzar una segunda vuelta a ninguno de ellos, que candidatee otro, como sugirió Rubén Costas. Pero no hay que dejarle el camino expedito al MAS. Nadie debe estar ausente en esta hora decisiva.

En ningún departamento ni ciudad de Bolivia se debería de bajar la guardia. Santa Cruz, que es el gran trofeo a conseguir por el MAS, va a recibir la peor arremetida en busca de que S.E. aparezca como vencedor. Sus incondicionales le han prometido ganar con  holgura. Desde luego que los masistas pusieron todas las trabas posibles en la Asamblea Departamental obstruyendo la designación de los vocales electorales que nos corresponden, con el fin de que las ánforas cruceñas se despachen hasta La Paz para el recuento de los  votos cambas. Duro golpe pre electoral.

Propaganda y recursos no van a faltar. El G-77 se convertirá, lo sabemos, en el ariete para ablandar la hasta ahora frágil resistencia cruceña. Ese G-77 que aparece como un enorme triunfo diplomático de Bolivia para los legos en materia internacional, para quienes desconocen que esa presidencia es rotativa y que por estas fechas le correspondía asumir a una nación americana. Este G-77 le ha caído como anillo al dedo a S.E. porque será el gran escenario histriónico para mostrarles a los compatriotas que Bolivia tiene una presencia internacional impactante, que no es tal.

Será la hora en que los cruceños, para el 24 de septiembre, en vísperas de las elecciones presidenciales, exijan ver con sus propios ojos qué es lo que se avanzó con todos los decretos que nos leyó S.E. el año pasado en nuestra efeméride. Que S.E. no venga el próximo 24 a mostrar papelitos o que se refugie en las Naciones Unidas como ya se le ha hecho costumbre en otros años. Que esté aquí para certificar lo que se ha avanzado, por ejemplo, con la mega inversión para Rositas, la habilitación definitiva de Puerto Busch, el anunciado ferrocarril de Bulo-Bulo a Montero, el funcionamiento de la siderurgia en Mutún, y otras cosas más que vuelan por ahí.

Pensamos, sobre todo, con confianza plena, que este es el tiempo preciso para que la popularidad del alcalde Percy Fernández haga causa común con Santa Cruz. No con el masismo cruceño que lo rodea, que está absolutamente expectante, solapado, y que lo adula. Eso sería incomprensible proviniendo de un cruceño de cepa con él. Su 86% de apoyo en la ciudad, junto a más del 60% de Rubén Costas en el departamento, sería suficiente como para contener cualquier propósito de avasallamiento político del MAS. Si se debe empezar por casa, salvemos nuestro terruño.

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