ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 21 de JULIO al 27 de JULIO

Una guerra que no termina

Al finalizar la segunda guerra mundial que causó enorme destrucción y millones de muertos, se pensó que los enfrentamientos armados serían cosa del pasado. En 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas, ahora “integrada por 192 países independientes que se reúnen libremente para trabajar juntos en favor de la paz y la seguridad de los pueblos, así como para luchar contra la pobreza y la injusticia en el mundo” (“¿Qué es la ONU?” – Naciones Unidas – Centro de Información). Esta es una visión esperanzadora y noble.

Pese a estos buenos deseos, hay un conflicto que no termina. En verdad son varias guerras en una misma región –el Medio Oriente–, que ya han ocasionado destrucción e incontables víctimas. A estos conflictos, se añadió la violencia interna en Túnez, Libia, Egipto y ahora la cruel guerra civil en Siria. Se identifican como causas del enfrentamiento interno la “pobreza, el hartazgo por el inmovilismo y la falta de democracia”.

Ahora se calienta aún más la región: “Los líderes iraquíes temen que el país se esté deslizando rápidamente hacia una nueva guerra civil peor que la de Siria”, afirma el periodista irlandés Patrick Cockburn (“La guerra civil en Irak ya ha comenzado”. The Independent). Se trata de una rebelión armada de militantes de la rama suní del islamismo, enfrentada a los chitas, amenazando con desmembrar Irak por medio de la violencia armada, y así crear el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL).

Ahora se calienta aún más la región: “Los líderes iraquíes temen que el país se esté deslizando rápidamente hacia una nueva guerra civil peor que la de Siria”, afirma el periodista irlandés Patrick Cockburn (La guerra civil en Irak ya ha comenzado, The Independent). Se trata de una rebelión armada de militantes de la rama suní del islamismo, enfrentada a los chiíes, amenazando con desmembrar Irak por medio de la violencia armada y así crear el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL).

El secuestro y el bárbaro asesinato de tres adolescentes israelíes a manos de extremistas palestinos, ha abierto una nueva herida difícil de soportar. Nadie puede quedar impávido ante un crimen semejante. La reacción era previsible. Y ya se ha iniciado una creciente escalada de violencia, en otra etapa de dolor de este largo enfrentamiento. “Ningún lugar más cargado de historia y sangre que la Tierra Santa, llamada Israel, Palestina, Caanán, Levante, etc.: diferentes pueblos, diferentes dioses y diferentes hombres repitiendo prácticamente el mismo acto: la muerte…” (De un video sobre este drama, de Nina Paley)

¿Esta ola de violencia, que amenaza con otros cruentos enfrentamientos, marca un nuevo fracaso de las Naciones Unidas en su incumplida la tarea de preservar la paz entre los países? ¿Esta constante de violencia irrefrenable se debe a la propia naturaleza de los seres humanos, dispuestos a destruirse unos a otros? Parece que sí y que, por ello, cobra actualidad la advertencia de Arnold Toynbee en 1948: la civilización está puesta a prueba.

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