ArtículosIniciosemana del 28 de JULIO al 3 de AGOSTOWinston Estremadoiro

De espionajes y pajaricos cantores

El otro día me subscribí a “El Deforma”, un blog de noticias satíricas creo que mexicana, después de leer un artículo sobre el presidente Evo Morales. En otra de sus ‘evadas’, el bien amado decretaba que debíamos matar a los caballos, “porque habían sido traídos por los conquistadores españoles”, siendo por tanto un símbolo de la dominación que había que ‘descolonizar’.

Pensé que luego les tocaría a los vacunos. Carne bovina altiplánica y valluna, porque a mal haya que los benianos fueran a derribar sus cabezas, ya castigados y sin ayuda estatal luego de la pasada ‘chope’ (gran) inundación que diezmara sus hatos. Después vendría el degüelle de ovinos, a cargo de matarifes diestros en degollar pichichos amarillos, porque con los caballos aterrorizaban a los indígenas al llegar los hispanos: a engullir costillar y mechado de cordero, ‘rostro asado’ y algún chino, de platillos perrunos.

Compartí la nota con mi hija, que recomendó chequear la fuente. Yo desconfiaba de mi afiebrada imaginación; ya urdía escenas truculentas de aztecas que sacrificaban cautivos, los descuartizaban y luego rodaban sus partes por gradas de templos para consumo de la plebe. En Bolivia sería con yatiri aymara, y equinos, bovinos y ovinos a precio de gallina muerta. Pero mi madrina de los animalitos tenía razón. Todo era farsa, una sátira sobre ocurrencias presidenciales bolivianas que sorprenden y hacen reír al mundo.

Se me ocurrió entonces, en un plano más serio, comparar un par de casos que afectan a gobiernos engendrados por el Foro de SãoPaulo.

El primero, fue la detención en Aruba del cónsul venezolano en esa isla caribeña. Ningún pollito ni pajarito chiquitico. Ex jefe de la inteligencia militar de Hugo Chávez, el general Hugo Carvajal fue detenido a pedido de EE.UU, que le acusa de narcotráfico y ayuda a la guerrilla colombiana. Con pasaporte falso que luego cambió a uno diplomático, fue liberado poco después, quizá porque Aruba, Curaçao y Bonaire, antiguas colonias holandesas, dependen del petróleo venezolano. El “Pollo” conocía del entorno íntimo del gobierno y los ‘popes’ del chavismo temían que hable, peor si le enviaban a Guantánamo y le daban una dosis de su propia medicina: la tortura.

Hay mucha tela que cortar en un segundo caso, típico de la corrupta escena política boliviana. No hablo de Pinto, senador huido a Brasil con ayuda diplomática: ¿quizá tenía pruebas de complicidad oficial en ilícitos? Tampoco de Ostreicher, ayudado por la tomadura de pelo de un actor nombrado embajador por Evo Morales: quizá hablaría por su rabia de las extorsiones y robos que ‘lo pelaron’ como a gallina, no criolla, sino neoyorkina. Menos de Sosa, que prefirió el autoexilio locuaz luego de ser abusador chantajista y acosador judicial de infelices en las listas negras del Gobierno.

Hablo del General de Policía René Sanabria. Oficial de adusta faz, requisito tal vez indispensable para hurgar tanta inmundicia como mandamás en la ‘lucha contra el narcotráfico’, y director de un nuevo – ¿cuántos hay en Bolivia?- Centro de Inteligencia y Generación de Información (léase espiar, en país donde se rasgan las vestiduras por el espionaje ‘imperial’). Ningún pollito ni pajarito chiquitico. En una operación trinacional fue detenido en Panamá, por un alijo de cocaína identificado en Chile, y condenado a 14 años de prisión en EE.UU.

En el caso del general Hugo Carvajal en Venezuela en 2014, lo importante era lo que podía revelar sobre otros capos del moribundo chavismo. ¿Alguien cree que antes de soltarle no copiaron los chips de los cinco teléfonos móviles y detalles de los tres pasaportes que tenía el preso? De mi parte, rehúso creer que René Sanabria no ‘cantó’, o ‘cantará’, por más que en 2012 el gobierno de Evo Morales se sintiera ‘aliviado’ porque el narco-general no revelara nombres de mandamases comprometidos, directa o indirectamente, en el narcotráfico, y sus principales evitaran hablar sobre el tema.

La clave del asunto no es llenar titulares noticiosos, sino cuánta ‘munición’ se añade al arsenal extorsionista de las naciones. No hay nada de eso entre Estados soberanos, dirá algún ingenuo. Pero si en la guerra y el amor todo vale, yo añadiría “y en las relaciones internacionales”, porque los países no tienen amigos, sólo intereses. En hipotética charla entre mandamases, siempre es útil un “no friegues con llenar tus cárceles de presos políticos, caso contrario yo suelto algo sobre Carvajal…”, o “ya basta de tanto palo al ‘imperio’, cuidado que ‘filtre’ a la prensa un cedé de los cantos de Sanabria…”

Trato de ser liviano, de combinar sardonia con hechos o palabras reales. Entonces pesa en mi alma recordar a mi amigo José María Bakovic, a quien ya enfermo de hipertensión arterial, a pesar de rubricados médicos que lo desaconsejaban, con acoso judicial le forzaron a morir en la altura de La Paz. Sus setenta procesos no tenían que ver con generales y narcotráfico.

El hilo común era la corrupción, mal endémico al que pocos dan bola quizá porque pocos no están pringados. Desde la pequebú que da diez pesos para que el ‘paquito’ no multe su infracción, o el burócrata que se afana a costa de ‘timbres de aceleración’, tocando al transportista que con ‘surubí’ chuto llena el tanque de gasolina subvencionada. Hasta abogados que pululan ganando juicios al Estado, engordando billeteras de jueces podridos; ¿qué tal los nuevos salvadores de la patria que sin licitación compran aviones y satélites o contratan caminos, quizá con sobreprecios sórdidos?

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