Andrés Gómez VelaArtículosIniciosemana del 6 de OCTUBRE al 12 de OCTUBRE

Tinku verbal

Entre 2006 y 2008, la oposición al nuevo Gobierno acuñó una frase en una respuesta a la mayoría absoluta que había logrado el MAS: “Dos tercios es democracia”. ¡Qué paradoja! Los políticos que apenas habían sumado entre un quinto y un tercio en las urnas, en algo más de 20 años, pedían dos tercios como prueba de democracia.

Con esa falacia desafiaron a un referéndum revocatorio. El país les expresó su desprecio dándoles lo que pedían: dos tercios para el MAS. Y, por si tenían dudas, repitió los dos tercios en las elecciones de 2009.

Cinco años después ¿se puede decir que dos tercios es democracia? Hagamos una breve evaluación. Los dos tercios sirvieron para aprobar decenas de leyes y declaraciones, desde la Ley de Régimen Electoral hasta la Ley contra el Racismo, pasando por la Ley Marco de Autonomías y la Ley de Telecomunicaciones. Casi todas fueron discutidas, pero los dos tercios eclipsaron o desconocieron las sugerencias de la sociedad civil.

Ejemplo, varias instituciones representativas propusieron que la Autoridad  de Fiscalización y Control Social de Telecomunicaciones y Transportes  (ATT), que figura en la Ley de Telecomunicaciones, sea una instancia estatal independiente del Gobierno. Pero los dos tercios masistas desoyeron el clamor social y entregaron el control de las licencias de radiodifusión y televisión al mismo Gobierno. La ONU observó, en uno de sus informes, esa dependencia de la ATT.

Lo propio pasó con la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, que tiene dos artículos fuera de contexto jurídico e inaplicable. Sólo señalaré uno, el que castiga a una persona jurídica al establecer el cierre de un medio por culpa de un comunicador racista. Eso es como querer cerrar la Vicepresidencia por culpa de un vicepresidente corrupto. Los delitos son cometidos por las personas, no por las instituciones.

Los dos tercios sirvieron para violar la Constitución en materias como los derechos indígenas. Esta lamentable situación se presentó en el caso del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), cuyos habitantes tuvieron que marchar hacia La Paz para exigir su derecho constitucional a la consulta previa, después de que la cabeza del Poder Ejecutivo, con respaldo de la Asamblea Legislativa, dijera que se iba a construir la carretera por medio del parque, quieran o no quieran los indígenas, así sea violando la Constitución.

El uso más antidemocrático e inconstitucional de los dos tercios se produjo cuando los masistas hicieron una trampa para habilitar al Presidente actual a una tercera candidatura con la complicidad del Tribunal Constitucional, encabezado por Rudy Flores.

Tiempo después de esa maniobra se produce otra paradoja: dos magistradas están procesadas por haber admitido una demanda de una acción de inconstitucionalidad contra una ley, pero no los que habilitaron inconstitucionalmente al candidato presidencial del MAS.

Con los dos tercios desapareció toda posibilidad de autocrítica. Un ministro puede ordenar la muerte de dos jóvenes inocentes, como en Caranavi (donde sólo pedían cumplir una promesa del partido del Gobierno) y ser aplaudido por esos dos tercios en la Asamblea y quedar impune. También puede reprimir a personas que exigen el cumplimiento de la Constitución y ser premiado con una embajada.

Los dos tercios también mataron todo espacio de investigación, como pasó con el caso Rózsa, en el que cada día se constata que hubo y hay graves violaciones a los derechos humanos.

Fue y es peor el panorama en la nominación de autoridades. La crisis del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional tiene un culpable: los dos tercios masistas.

Cualquier fiscalización de la administración de nuestro dinero es casi imposible, los dos tercios sirven para ocultar, no para transparentar. Tras esta breve ilustración ¿podemos decir que “dos tercios es democracia”? ¿Vale la pena repetirlo? El voto es tuyo.

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