ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 8 de DICIEMBRE al 14 de DICIEMBRE

BOLIVIA AISLADA

Algo sucede con el vecindario que no está bien. Los bolivianos hemos perdido muchas amistades en el entorno geográfico aunque no lo parezca, aun cuando el Gobierno se empeñe en convencer que somos ejemplo envidiado entre las naciones de nuestro continente. Pero las relaciones con nuestros vecinos no son buenas. Una cosa es tener amistosas  relaciones y otra, muy distinta, es que nos toleren y se sientan obligados a aplaudirnos en los foros internacionales para que no se diga que existe discriminación contra S.E.

Con Chile ya no sólo que las relaciones diplomáticas siguen rotas desde 1978, sino que estamos en medio de una hostilidad creciente que treinta años atrás pudo ser motivo hasta de un ultimátum militar. Con Perú, increíblemente, hemos hecho los mayores esfuerzos para alejarnos. Desde Alan García hasta Humala, todo ha sido un concierto de lamentos y reproches. Muchas esperanzas ingenuas habían en S.E., seguramente, de que Ollanta Humala, por sus antecedentes como opositor, se sumaría al destartalado carro del etnocentrismo andino y a la inútil ALBA. Tuvimos hasta la impertinencia de criticar su presencia en la Alianza del Pacífico. Hubo allí diplomáticos nuestros de muy triste recuerdo. Con Argentina la afinidad ideológica hace que todo pase y que la amistad con la presidente Cristina Fernández sea un bálsamo refrescante hasta ahora, mientras no se hurguen los precios del gas. Con Paraguay se continúa la mutua diplomacia de proyectos. Ambos pobres, no podemos hacer ningún emprendimiento conjunto de valor. Pero Paraguay se preocupa por el narcotráfico y más aún por las armas que adquiere Bolivia para luchar contra los narcos, pero que los paraguayos creen que pueden servir para otras cosas que pueden inquietarlos. Y con Brasil, nuestro gran socio y amigo, resulta que la única relación importante es venderle gas. Aparte de eso, no hay sino roces diplomáticos, malestar, y muy pocos deseos de la señora Rousseff de abrazarse aquí o allá con S.E.

Bolivia anhelaba ser allá por los años 40, una “tierra de contactos y no de antagonismos”, al decir de nuestros más ilustres diplomáticos. Lo de “tierra de contactos” tomó cuerpo cuando se tendieron los FF.CC. que unían al oriente boliviano con los puertos atlánticos de Argentina y Brasil. Por la misma época se vertebraba la nación con la construcción de la carretera Cochabamba-Santa Cruz, esencial para ser una tierra de vínculos con los vecinos. Y poco más tarde se plasmaba la idea del ferrocarril transcontinental Santos-Arica, que atravesaría Bolivia. Este último proyecto no se hizo realidad por diversos motivos entre los que estaban los altos costos de la construcción del tramo Aiquile-Santa Cruz, además de una evidente falta de coraje y visión. Pero con Chile había relaciones diplomáticas y Ostria Gutiérrez negociaba, responsablemente, una salida al mar. Brasil era garante del estatuto territorial boliviano después de la Guerra del Chaco y construía el tren Corumbá-Santa Cruz. Argentina, igualmente, estaba empeñada en el ferrocarril Yacuiba-Santa Cruz. Con Perú la amistad era estrecha, cordial, como debe ser. Y con Paraguay, terminada la contienda, ambos habíamos aceptado el tratado de paz firmado en Buenos Aires, aunque unos y otros nos lamiéramos las heridas por nuestros muertos y gastos en la “guerra estúpida”, como la calificó Augusto Céspedes.

La Bolivia actual está en pos de una diplomacia superior, de gran potencia. Poco le interesan los trenes, los caminos, ni los procesos de integración donde se hagan buenos negocios. Estamos queriendo salvar al mundo antes que a nosotros mismos. Hemos entrado a un juego de temas serios: Grupo 77, cumbres presidenciales, antiimperialismo, apoyo al Islam, proyectos nucleares, era satelital, en fin cosas grandes. Sin embargo, lo que parece menudo, de potencias de segundo orden, es lo que hacen las otras naciones del entorno, que reconocen su pobreza. Son los países que no viven de la extracción de gas y minerales solamente, sino que se industrializan, buscan mercados, tratan de vincularse.

Pues bien, en los últimos encuentros de jefes de Estado, no hemos tenido noticias de que S. E. hubiera hablado ni con la señora Roussef ni con el presidente Humala sobre el FF.CC que unirá Brasil con Perú, pasando al norte de Bolivia. Pudo hacerlo con la presidente Rousseff en la VIII Cumbre de UNASUR en Ecuador, y con Humala en la Cumbre del Clima, en Lima, pero no lo hizo. No hemos sabido que le haya recordado a Brasil que tenemos una vía de 3.800 km. donde falta construir 450 km. y mejorar la vieja vía para unir Santos con Arica o con otro puerto del Pacífico. Pero algo más grave todavía, Brasil y Chile están empeñados en el FF.CC. bioceánico Paranaguá-Antofagasta, que atravesará por Argentina y Paraguay. Habrá entonces un ferrocarril al norte de Bolivia, otro al sur, donde todos nuestros vecinos estarán vinculados a éste o aquél. Nosotros seguiremos enseñando a la comunidad internacional sobre el Abya Yala y conminándoles no ser ni mentirosos, ni ladrones, ni flojos. ¿No parece una broma esto último?

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