Iniciosemana del 20 de JULIO al 26 de JULIO

¿Estamos criando vagos?

A muchos de nuestros hijos hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela o la  universidad. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde por quedarse hablando por teléfono, viendo televisión o conectados en internet. No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con “arreglar algo en el hogar”.

mujerfloja

Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles “defectos” a sus padres, a los cuales acusan a diario de “sus traumas”. No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo. Hay que darles su “semana” o mesada, de la que se quejan a diario porque –“eso no me alcanza”-. Si son universitarios, siempre inventan unos paseos de fin de semana de los que, como menos sospecha uno, regresan con un embarazo, cayéndose de borrachos o habiendo fumado marihuana.

Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que nuestros hijos consiguen un trabajo, hay que seguir manteniéndoles. Con estas palabras me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 24 años y que conforman a la ya tristemente célebre “Generación de los NINI’S”, que ni estudian ni trabajan, o estudian y trabajan con todo el pesar del mundo (no manejan una buena actitud hacia las cosas).

¿En qué estamos fallando los padres?

nino-maleducado

Tiempo atrás, para los hijos nacidos en los cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevaban al taller de costura la ropa que elaboraba su madre o tenían un pequeño salario en la iglesia en donde ayudaban a oficiar la misa cada madrugada. A esa generación la dignificaba el trabajo y les gustaba hacerlo.

¿Y entonces que pasó ahora? Lo que pasó es que nuestra generación “elaboró un discurso” que no nos dio un buen resultado:

 ‘¡Yo no quiero que mi hijo pase por los trabajos que yo pasé!’.

joven-flojo

Analicemos bien dicha premisa… ¿Usted por qué tiene lo que tiene…? Pues porque le costó su esfuerzo… muchos sacrificios, y así es que aprendió a valorar los esfuerzos de sus padres porque al “ver y compartir” las responsabilidades del hogar con ellos, en lugar de aparentar que todo es “color de rosa”, usted logró entender que para conseguir lo que se desea en la vida hay que trabajar. Salir adelante no es una tarea fácil, razón por la cual es de suma importancia que les transmitamos a nuestros hijos las herramientas técnicas y actitudinales que les permitan hacerlo por sus propios medios… nosotros no siempre estaremos aquí para ellos.

Sin embargo, a pesar de reconocer esta verdad absoluta, hemos acostumbrado a nuestros hijos a recibir todo por obligación, sin que ellos den nada a cambio, sin que se esfuercen por nada…

Nuestros hijos nunca han conocido la escasez en su exacta dimensión, se han criado desperdiciando alimentos y todo tipo de cosas, a los 10 años muchos de ellos ya han ido a Disney World dos veces, mientras que nosotros a los 20 años no sabíamos lo que era tener un pasaporte. El “dame” y el “cómprame” siempre son generosamente complacidos por nosotros y nuestros hijos se han convertido en habitantes que cuentan con una pensión que trae todo incluido (TV, DVD, equipo de sonido, internet y comer en la cama, recogerle el reguero que dejan porque siempre se les hace tarde para salir, etc.)… los hemos convertido en unos pequeños emperadores que reciben todo en la vida sin ningún esfuerzo a cambio, y a quienes no se les ha inculcado el valor del agradecimiento por las cosas y el respeto hacia las demás personas.

La ironía de todo esto es que luego pretendemos que nuestra casa se convierta en un hogar fraterno, integrado y acogedor, y al ver que no es posible hacerlo, absurdamente nos preguntemos por qué nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, por qué consideran que cualquier cosa es mejor que sus padres o una actividad familiar.

Al final, muchos de ellos terminan marchándose al exterior a la conquista de una pareja y luego vuelven al hogar divorciados porque el compromiso del matrimonio “les apretaba”  mucho las cosas en su vida.

Este estilo de crianza hay que revertirlo… por eso sugiero que los padres que tengan hijos pequeños, los pongan los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos… enséñenles a ganarse las cosas en la vida. Un pago simbólico por esos trabajos puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar… de igual manera, es importante que dichos trabajos sean acompañados por ustedes mismos, ya que de esa forma podrán transmitirles el mensaje de que para triunfar en la vida se requiere del trabajo en equipo con otras personas y que el resultado final que se obtenga será producto de un esfuerzo integrado dentro del seno familiar.

De igual manera, las hijas mujeres deben aprender desde temprano a manejar el hogar para que de esa forma entiendan cómo administrar la economía doméstica en tiempos difíciles… no olviden que las mujeres siempre asumirán un rol protagónico dentro del hogar porque ellas tienen una conciencia más amplia del orden y el bienestar familiar; no obstante, también hay que enseñarle a los hombres que las responsabilidades dentro del hogar deben ser compartidas.

Asimismo, las modas actuales – como la música, los conciertos, la televisión, el estilo de vestir y toda la tecnología de la comunicación – han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó a nosotros, y nuestros hijos se aprovechan de la des-información que tenemos sobre muchas cosas para salirse con la suya; al parecer los patos le disparan a las escopetas hoy en día, pues ahora parece que somos padres ignorantes que tienen hijos mejor informados gracias a la tecnología – El problema está en que mucha de la información que ellos manejan no es buena ni sana en repetidas ocasiones.

“¿Será que nos hemos convertido en la generación que antes pedía permiso a los padres y ahora le pide permiso a los hijos?”

Hoy tenemos la obligación de revisar los resultados de nuestros métodos de crianza, evaluar si estamos siendo muy permisivos o si nos hemos distanciado mucho de nuestros hijos a raíz del trabajo. El distanciamiento por el trabajo suele ser un problema común que lleva a que nuestros hijos queden al cuidado de las trabajadoras del hogar y los maestros del colegio, quienes por lo general no pueden proporcionarles un compás moral o formativo que esté de acorde a lo que deseamos, ni tampoco les pueden nutrir del afecto que solo un padre puede dar a su hijo… Esta realidad a muchos padres les genera un cargo de conciencia que los motiva a compensar su ausencia con cosas materiales, lo cual empeora la problemática porque terminan insensibilizando cada vez más a sus hijos y los convierten en seres más materialistas… la mejor forma de compensar el distanciamiento producido por el trabajo es la de buscar compenetrar más en un plano personal en orden de transmitirles afecto y fortalecer los lazos personales intrafamiliares.

Muchos de nosotros debemos replantear nuestro rol de padres… NUNCA ES TARDE PARA CAMBIAR.

Autor: César Mella – Psiquiatra Dominicano.
Editor: Juan Carlos Rodríguez – CLV.

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ve también:
Cerrar
Botón volver arriba