ArtículosIniciosemana del 24 de AGOSTO al 30 de AGOSTOWinston Estremadoiro

El ‘Lava Jato’ salpica a Lula

Como en todo lavadero, alguno de los chorros de agua tenía que salpicar a Lula, el ex Presidente de Brasil. Hablo de la operación ‘Lava Jato’, lavadero automático de agua a presión con que bautizaron al mayor escándalo brasileño (por los montos y los involucrados en la red de corrupción) en Petrobras, su estatal petrolera y quizá “fuerza que mueve al país” como YPFB.

Puede que Lula da Silva no haya sido el mandatario inicial de tales corruptelas, porque tal vez las prácticas hediondas venían de mucho antes. Pero si tuviésemos que identificar a grupos manchados, estos serían políticos, burócratas de alto vuelo y la perla del avance de Brasil al exclusivo club de los ‘Bric’ (Brasil, Rusia, India y China), potencias emergentes que remachaban el fin del ciclo unipolar y el comienzo de un planeta de entes regionales de comercio y países inmensos. El fundamentalismo islámico proveería otro actor clave, el mundo árabe, que fuera engañado por Inglaterra y Francia después de la Gran Guerra de 1914-1918. Si bien es reconocida como una región, la América Latina no figura. Todavía se debate entre esquemas integrativos o que los países que la integran anduviesen solitos, peligrosos cual leones solitarios.

En todas partes se cuecen habas y parecen proclives a hervir los políticos, los altos ejecutivos sean gubernamentales o no, y las empresas que ejercen poder y aparentan bonanza. Enron en EE.UU y Pdvsa en Venezuela parecieran extremos capitalistas y estatistas de un mismo fenómeno; Petrobras se ubicaba en el medio porque es estatal pero se manejaba con criterios capitalistas. El buraco costó a los brasileños, más de 20.000 millones de dólares, y suma y sigue.

Envidia ajena causa la fortaleza institucional brasileña, con un fiscal que declara que “el mensaje es que Brasil no tolerará el crimen, no importa cuán poderosos sean los culpables”. Sin embargo, no entiendo porque Lula da Silva alega que la izquierda política de su país está acosada por logros de su régimen en mejorar el nivel de vida de los pobres. “Poppycock” dirían los ingleses, “bullshit” los gringos y “conversa fiada” los cambas, hoy que los extremos de izquierdas y derechas políticas han perdido vigencia que tenían durante la Guerra Fría. Los tiempos actuales dan para dividir países en minorías progresistas y retrógradas que los gobiernan, con la mayoría de la población aquejada de ‘nomeimportitis’, un mal que prospera en medio ambiente de ignorancia o de lucro del estado de cosas.
Sostengo que la raíz del problema pudiera estar en la ‘conspiracionitis’, enfermedad paranoica que afecta a mandatarios y a regímenes populistas que necesitan un enemigo mayor al que culpar de lo malo o endilgar el fardo de sus fracasos. Otro rasgo de ellos es distraer a la opinión pública con ‘pepas’ penosas, cuando no triviales, que ocupan titulares de los diarios y blablá de presentadoras de televisión. Por ejemplo, penosos fueron los crímenes de la “justicia comunitaria” y trivial es el derrame afectando 200 m2 de tierras, ambos en una población chapareña ‘de cuyo nombre no quiero acordarme’, Cervantes dixit. Más actual, penoso es el crecimiento desigual de sectores económicos y regiones; trivial que amenacen expulsar ONG nacionales, peor si antes los mandamases las alabaron o postularon para dirigirlas.

Rasgo populista es inconformarse con sus verdaderos logros. ¿Por qué Lula no se conforma con haber reducido la pobreza? Su predecesor Fernando Henrique Cardoso estará orgulloso de haber detenido la inflación galopante de su país. Ojala que su actual gobernante, Dilma Rousseff, no flaquee en eliminar la corrupción en Brasil, caiga quien caiga, en lugar de satanizar a los informantes.

El escándalo desnudado por la operación Lava Jato ha salpicado a Lula, es cierto. Antes había pringado a países y mandamases en los que se practicó su política de proteger a corruptas ‘empreiteiras’, como las llamaba Bakovic. Esas que habían recibido dinero sucio de Petrobras para comprar u aplacar a políticos brasileños. Que a su vez compraban con dinero sucio a poderosos de otros países para obtener contratos. La pregunta es, entonces, ¿Bolivia es una isla de la fantasía, donde no se dieron tales abusos corruptos? Pienso que ahí hay un ‘puchichi’ sin reventar que todavía no ha derramado su pus. ¿Cuáles serán las penosas o triviales noticias con las que entonces se distraerá la atención pública?

El extremo de la megalomanía populista es desatar conflictos, como el de los milicos retrógrados argentinos tocando el nervio jingoísta de sus gentes en las Malvinas; para jaquearlo bastó una colonialista y guerrerista Albión, aliada con EE.UU. Quizá lo mismo pasaría con Maduro de Venezuela, si es que hurgara la justa reivindicación del territorio del Esequibo en Guyana con protección inglesa.
Ojalá que Bolivia crezca cinco por ciento y paguen doble aguinaldo en 2015. Se vienen épocas de vacas flacas y por ahí se les ocurre ocupar Bahía Negra en el alto río Paraguay para marear la perdiz. Como en la Guerra de la Triple Alianza, solo que esta sería quíntuple. Lima, Santiago, Brasilia, Buenos Aires y Asunción se juntarían, aporrearían al Estado Plurinacional y se acabaría el cuento. ¡He dicho!

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