ArtículosIniciosemana del 24 de AGOSTO al 30 de AGOSTOWinston Estremadoiro

¿Es poco cuarenta por ciento de coca?

A propósito del informe de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC), sobre monitoreo de la coca en Bolivia, presentado hace días en presencia del Presidente: todo fue vino y rosas, quizá porque ya se habrían asegurado de que no sacaría roncha a los cocaleros, que también, ¡qué casualidad!, dirige Evo Morales. No caigamos en medias verdades llevando agua a nuestro molino, como el Viceministro de Defensa Social, quien admitió que parte de ese cuarenta por ciento “se usa en la cocaína”. Bueno, relleno de papas no es. También justificar un supuesto contraste de bases discutibles, del aporte al PIB boliviano del narcotráfico a la economía en los “gobiernos neoliberales”, y en el ‘proceso de cambio’ y la “dignificación del país” de Evo Morales. ¿Acaso el narcotráfico no es problema universal?

¡Qué capos los del UNODC! “Calculan” con tanta exactitud que en el país se produjeron 33.100 TM de hoja de coca, de las que 19.700 toneladas métricas (60 por ciento) llegaron a mercados en Cochabamba y La Paz. La buena noticia es que “en el periodo 2010-2014 se redujo en un 34 por ciento” el tamaño de las superficies de hoja de coca en Bolivia, al pasar de 31.000 a 20.400 hectáreas, “el menor volumen reportado desde 2003”.

“Cabalingo”, dirían en mi tierra, para que la nueva reelección presidencial se endulce con aumento de 8.000 hectáreas a las 12.000 permitidas por ley: serían 20.000 hectáreas legales. Un “estudio integral elaborado por estadísticos del Gobierno y con apoyo financiero de la Unión Europea (UE) señaló en 2013 que se necesitan 14.705 hectáreas para usos legales de la planta.” Son pichangas las 5.295 hectáreas de diferencia entre 20.000 hectáreas a permitir, y las 14.705 que pico-verdes y otras vainas menores exigen. ¡Pobrecitos los que hoy sufren semejante carestía o déficit o como quieran llamarlo!

El negocio de la coca, o la cocaína, es tan bueno que asemeja a un globo mal inflado: aprieta aquí y se infla más por allá. La mala noticia es que con la política ‘de a buenas’ del cato de coca legal y sin requerir ‘retribución económica’ alguna, mientras reducían por aquí, aumentaban por allá. Y el ‘allá’ habían sido los parques nacionales del país, que hoy reportan superficies de sus áreas protegidas taladas para sembradíos de ‘mamá coca’.

De arranque, lindo el paquete de 79 páginas, con fotos a colores y todo, del Monitoreo de Cultivos de Coca, 2013. Pero leer su Resumen Ejecutivo generó más dudas. Ah, la diplomacia que inhibe de hablar ‘a calzón quitado’, privilegio que parece ser exclusivo de mandamases, a veces con reverberos negativos. Entre líneas, hoy la UNODC recomienda que se hagan estudios sobre el rendimiento de la coca en Yungas y Chapare, y se precise “el factor de conversión” de coca en cocaína. Sin embargo, las leyes bolivianas no permiten investigar sobre la transformación de la hoja de coca en cocaína. Tampoco permiten comprobar “in situ” si la cacareada reducción es de cocales viejos que ya no rinden. ¿Por qué solo el 7 por ciento de la coca chapareña pasa por el mercado de Sacaba?

Asumo el riesgo de que me endilguen alabanza en boca propia, que es vituperio. Bajo mi dirección durante el Proyecto de Desarrollo ‘Chapare-Yungas’ (PRODES) ya se investigó el rendimiento y los factores de conversión en los años 70, quizá no tan secretos como se presume. En efecto, una hectárea de coca en el Chapare produce 2.560 kilogramos de hoja seca; se requieren 100 a 150 kilogramos de hoja para un Kg de pichicata. O sea, 25,6 kilogramos de cocaína por hectárea/año.

La reducción del 53 por ciento en seis áreas protegidas es puro papo. Primero, porque estimaron sin prueba de campo. Segundo, y más sugestivo, a un campesino toma mucho tiempo regularizar su título; pero con ‘muñeca’ a los cocaleros del infame “Polígono Siete” el trámite en el INRA pasó como cañón. Añade casi 5.000 hectáreas de coca a los invasores del TIPNIS, que han sido restadas de coca en áreas protegidas. Ciento veintiocho TM, ningún agua de mote.

Las 8.000 hectáreas que acarrearía el aumento de la coca legal bajo consideración del ejecutivo de las seis federaciones de cocaleros del Chapare, de acuerdo a las “Pruebas de Rendimiento de Coca en el Chapare”, como serían tierras nuevas de producción alta, significarían 204.800 kilogramos de hoja, o sea más de 204 toneladas de cocaína. Ningún agua de borraja.

El 40 por ciento de la producción (19.700 TM) que ‘no se sabe adónde va’, dependiendo del contenido de cocaína en la hoja (y la chapareña es rendidora), se convierte en 197.000 kilogramos de cocaína. Y eso que entonces no se conocía el ‘metodo colombiano’. Ciento noventa y siete toneladas, ninguna friolera. Eso significa que en Bolivia se producen arriba de 529 toneladas de cocaína.

Leer los resúmenes de producción de coca en Perú y Colombia es harina de otro costal. Pero desde que en los 80 asistiese a un informe de la encargada colombiana de reducir cocales, cuando solo se registraban 5.000 hectáreas, me intriga que ahora sean 69.000 hectáreas, un 44 por ciento de aumento en 2013. Mientras se desinfla el globo en Perú y Bolivia, ¿se infla más en Colombia?

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