ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 3 de AGOSTO al 9 de AGOSTO

LA FARSA DEL BILINGÜISMO

Los bolivianos siempre hemos sido bastante faroleros pero eso se ha multiplicado por cien con este gobierno plurinacional y multiétnico, que muestra tantas maneras de bufonería que están impresas hasta en el preámbulo de la Constitución, aunque esta fuera citada por el papa Francisco. Una de las fanfarronadas está en los 37 idiomas oficiales del Estado y en la obligatoriedad de que todos los empleados públicos deban hablar el español y una lengua nativa, que puede ser aymara, sirionó, machajuyaikawaya u otra.

Bolivia no es una nación bilingüe ni multilingüe, lo que no significa que muchos bolivianos hablen aymara o quechua, además de español. Pero si el censo del 2001 consigna que el 18% habla aymara, el 28% quechua y el 1%  guaraní, ¿cuántos se expresan en mosetén, toromona, zamuco o chimán? Casi nadie. Está claro que eso de la nación bilingüe o multilingüe es una farsa en un país donde el 88% habla español (censo del 2001).

Existen naciones bilingües y multilingües en el mundo, por supuesto. Pero en Sudamérica sólo Paraguay es bilingüe porque un 95% de sus habitantes habla indistintamente el castellano y el guaraní. En el occidente boliviano existe bilingüismo en los centros urbanos donde aymaras y quechuas se han asentado provenientes del campo. Tenían esos idiomas como lengua madre y en las ciudades aprendieron el español para poder trabajar. Son los únicos bilingües.

En las ciudades del oriente – principalmente en Santa Cruz – sólo se ha hablado castellano. En mis largos años, nunca escuché hablar a nadie guaraní ni ninguna de las otras lenguas  que consigna la Constitución. No lo oí ni en el campo. Por lo tanto, sólo los cruceños aymara-parlantes o quechua-parlantes, que ahora hay muchos, podrán cumplir con los requisitos constitucionales. El resto debe dedicarse a aprender de inmediato cualquiera de las 36 lenguas originarias para no quedarse sin trabajo.

El viceministro de Descolonización Félix Cárdenas, ha afirmado que en el país existen 350.000 empleados públicos de los que 23.500 (el 6,71%) aprendieron un idioma nativo en los últimos nueve años. Eso significa que, si se aplica la ley como dice el Gobierno, los cargos y los ascensos en el Estado Plurinacional, tendrían que beneficiar a quienes, además de español, hablen quechua o aymara, porque sabemos que lo del guaraní no cuenta numéricamente. De cumplirse esto, el bilingüismo se va a convertir en el suceso revolucionario más grande que S.E. pueda ofrecer a la avidez masista.

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