ArtículosIniciosemana del 24 de AGOSTO al 30 de AGOSTOWinston Estremadoiro

Trump puede ser el Hitler de EE.UU

Mucha resonancia mediática tiene Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de EE.UU, en un mundo globalizado por innovaciones tecnológicas en gran parte originadas en su país, de las que otros pueblos se benefician mejorándolas mediante la copia, la miniaturización y la baratura de ellas. Nuestra parte del mundo vive bajo influencia estadounidense, pero pareciera imitar la peor parte de sus innovaciones: ¡que fijación en la cobertura mediática de culos de gringas de ascendencia armenia, que parecen ensombrecer a los de mujeres africanas de la etnia Hotentote, que en mis tiempos eran los más grotescos por su tamaño!

Es probable que Donald Trump no sea el candidato del partido republicano, y menos que gane las próximas elecciones presidenciales de ese país. Interesa, sin embargo, relievar que su popularidad debe mucho al histrionismo sensacionalista que los medios agrandan. Es un rasgo común con el populismo autocrático nutrido de complejos atraídos por la incultura que aqueja a muchas naciones latinoamericanas. El prejuicio, cuando no el racismo de base pseudocientífica desmentido por descubrimientos del genoma humano, sigue rampante y subyace la subida de ratings del polémico millonario estadounidense. Probará mi aserto revisar los contrasentidos y prejuicios exhibidos por Trump.

Empiezo por la inmigración que delimitada a los mexicanos es una perla de su discurso. ¿Acaso Estados Unidos no se precia de ser un país de inmigrantes? Cada ola de nuevos contingentes ha sufrido prejuicios: los italianos reputados de grasientos, los irlandeses de pendencieros y borrachos, etc. Hasta los africanos que fueron su fuente de riqueza y de cultura musical a pesar de la gran injusticia de la esclavitud. Todos comparten el ideal del ‘melting pot’ que la Estatua de la Libertad, en el ingreso al puerto de Nueva York, simboliza Emma Lazarus: “Give me your tired, your poor, / Your huddled masses yearning to breathe free…” (“Dame tus hastiados, tus miserables, tus abigarradas multitudes aspirando a respirar en libertad”) ¿Acaso chinos, japoneses, rusos, polacos, alemanes, cubanos, vietnamitas no se avienen a ello?

EE.UU prefirió enchufar la Doctrina Monroe –América para los americanos- falacia con que trabaron de su ‘esfera de influencia’ a Inglaterra, potencia dominante y a otros imperialistas europeos, sin que hayan impedido colonias, después repúblicas inglesas, francesas y holandesas, amén de atropellos como el de las islas Malvinas. Aporrearon a la vieja España, arrebatándole Puerto Rico bajo el ribete de “Estado Libre Asociado”, y Guantánamo a Cuba. Digo falacia porque apropiaron el gentilicio “americano”, que somos todos los oriundos del ‘Nuevo Mundo’. Hoy es errado hablar de ‘norteamericanos’ refiriéndose solo a los estadounidenses, porque Norteamérica comprende a Canadá, Estados Unidos y México.

Prefirió socapar, cuando no fomentar y ayudar a “sus hijos de perra”, como los tildara Theodore Roosevelt. Dictadores en su ‘patio trasero’ que primero comprendía a México, Centroamérica y el Caribe, y luego se expandió a todo el hemisferio. No se diseñó un Plan Marshall para la América Latina. Fracasó la Alianza para el Progreso cuyo éxito quizá hubiese restado ímpetu a la oleada de ilegales por la frontera que a mediados del siglo 19 completó el despojo de la mitad del territorio mexicano. No todos eran mexicanos, señor Rico MacTrump. Eran latinoamericanos en pos del ‘sueño americano’, con que en su país perpetúan una mentira para los que no saben que allí el dólar es el que monta y manda.

Hace cincuenta años ya se vislumbraba el ‘problema hispano’, como lo llamaría Trump. En esos tiempos el héroe era César Chávez, reivindicador de los sufridos zafreros mexicanos que aguantaban, mal pagados y peor alojados, la cosecha de productos agrícolas en California. Como han cambiado los años, dice una canción, el torrente de ilegales habría de cambiar el yanqui autosuficiente que hacía de todo en su hogar; hoy tienen jardinero salvadoreño, cocinera mexicana, camarera boliviana y “pusher” colombiano. Les aflige la criminalidad, la drogadicción, la obesidad y la mano de obra barata primero ‘latina’ que después arrimó a sus empresarios a las gangas chinas.

Noto cierta similitud entre los gestos de Hitler y Trump, por lo menos en la bravura y en aquel dedito índice sentenciador que parece ser patrimonio de los populistas, incluyendo el nuestro en Bolivia. ¿Acaso recuperar la ‘grandeza nacional’ no era papo de Adolfo (después de Versalles), y es ahora de Donald (después de una guerra perdida y dos empates que quizá saben a derrota?) Faltaría nomás que los prejuicios de Trump contra los mexicanos, extensivos a los latinoamericanos, emularan aquellos de Hitler contra judíos, gitanos, gais y minusválidos. Por lo expuesto, confieso mi preferencia de que al Presidente negro de Estados Unidos suceda una del sexo bello, porque el más débil no es: Hillary Clinton. Así fuera que la discreción con que manejara los deslices de su marido le hiciera socapar a nuestro machista, misógino y viajero Presidente vitalicio, que ya tiene varios hijos sin casarse.

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