ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 28 de SEPTIEMBRE al 4 de OCTUBRE

¡Salvemos Tariquía!

El séptimo de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas a ser alcanzado hasta el 2015, se refiere al compromiso, entre otros, de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; es decir, “incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales y reducir la pérdida de recursos del medio ambiente; haber reducido y haber ralentizado considerablemente la pérdida de diversidad biológica”. Ciertamente, no se ha logrado crear toda la conciencia necesaria para prevenir los daños de la depredación del medio ambiente por obra de las personas, ya sean gobiernos, empresas o individuos.

Esta preocupación es compartida por muchos pueblos, pues se incrementa cuando las crisis se quieren prevenir la explotación de regiones susceptibles de que su entorno sea dañado gravemente. Ya en el pasado, el gobierno nacional pretendió  construir una carretera que atravesaría por el medio el Territorio Indígena—Parque Nacional Isiboro—Sécure (Tipnis) y, ante las protestas fundadas de sus pobladores, estos fueron víctimas de una brutal represión.

Un ejemplo del empeño en desarrollar una actividad petrolera con el consiguiente daño al medio ambiente, especialmente en un área protegida, es el del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que ante la crisis que enfrenta por la baja de los precios internacionales del crudo, pretende compensarla con un aumento, a cualquier costo, de la producción de hidrocarburos. Se trata de explorar campos petrolíferos en la zona amazónica protegida del Parque Nacional Yasuni, lo que ha provocado protestas generalizadas, ya que esto dañaría a una zona de gran diversidad biológica.

Ahora, le ha tocado enfrentar el peligro de ser depredada a otra región privilegiada por la naturaleza: la Reserva Boliviana de Flora y Fauna de Tariquía, en el departamento de Tarija, creada en 1989, y que tiene una superficie de 2,468 K2. El portal Biobol.org, describe a Tariquía como una región que “ofrece una notable belleza escénica conferida por el relieve montañoso y sus bosques mayormente bien conservados”. Y añade: “Dada su categoría, la Reserva presenta una interesante potencialidad para desarrollar programas de manejo de vida silvestre con repercusión y aplicabilidad regional. La Reserva es sin duda un reservorio natural de una notable diversidad de recursos genéticos”.

Hace muchos años, un amigo, cuya familia vive en Tariquía sin camino carretero, decía que, felizmente, no se había construido una carretera, puesto que así se preservaba esta bella región de los depredadores que, ávidos, podrían acabar con los bosques de árboles de maderas finas.

El gobierno de Bolivia —como el ecuatoriano—  sabe que se cierne una crisis que será agravada por la aguda baja del precio internacional del petróleo y otras materias primas que se exporta, y pretende, por medio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, explorar en esta Reserva posibles campos de hidrocarburos para aumentar a cualquier costo la producción. Lamentablemente, las reclamaciones de las organizaciones tarijeñas que han salido en defensa de un patrimonio natural frágil frente a la mano depredadora del hombre, no han conseguido hasta ahora explicaciones sobre los planes de exploración, ni referencias al daño ambiental que seguramente traería una actividad de exploración de campos de hidrocarburos.

Una noticia preocupante es que hay resistencia de YPFB —la empresa encargada de la exploración— para explicar sus planes en Tariquía. Peor aún: un medio de difusión informa que “el ministro de hidrocarburos, se reunirá el próximo viernes con la Asamblea Legislativa Departamental de Tarija para explicar a los asambleístas la agenda energética en el país durante la década 2015—2025. Sin embargo, en esa reunión, pese a petición de los asambleístas, el Ministro, no tiene previsto hablar sobre los planes de exploración de la reserva natural de Tariquía”. Esto, no solo es un ultraje a la ciudadanía, sino una indecencia.

Por supuesto que la protesta, ante un plan depredador en nuestra región preservada por ley, debe partir de la consigna: ¡Salvemos Tariquía!

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