ArtículosIniciosemana del 14 de DICIEMBRE al 20 de DICIEMBRE

Cuando el tamaño cuenta

Juan Antonio Morales

No ha dejado de llamar la atención la brutal reducción del patrimonio neto del Banco Central de Bolivia (BCB). Se ha de recordar que en 2005 el patrimonio neto del BCB alcanzaba a 6.722 millones de bolivianos, cifra muy superior a la de 440 millones de bolivianos al 31-12-2015.

En teoría un Banco Central no necesita ni capital ni patrimonio neto para funcionar, como en el caso de los bancos comerciales. Se tiene los ejemplos del pasado de Chile y de la República Checa, que han tenido patrimonio neto negativo durante muchos años. Nuestro Banco Central tuvo también patrimonio neto negativo en 1991.

En 1992 se consolidaron las deudas que el sector público no financiero (principalmente el TGN) tenía con el BCB en un bono a 99 años. El bono devengaba intereses a la tasa de mercado y, fraccionado, sirvió durante muchos años para las operaciones de mercado abierto del BCB. Con ese bono, que era un activo para el BCB, se capitalizó. Fue una solución imaginativa que reemplazó a las acreencias de dudosa recuperación que tenía el BCB con el Gobierno.

Un Banco Central, al margen de si contablemente tiene patrimonio positivo o no, es normalmente rentable y genera utilidades porque tiene un pasivo sin costo, que es la emisión monetaria, y rendimientos sobre sus activos, sean externos o internos. Obviamente tiene los gastos de administración y de sus operaciones de mercado abierto.

Puede tener también pérdidas, por sus operaciones cambiarias o por cambios en la valoración de sus bonos y otros activos. Todo esto afecta a sus utilidades, pero, salvo excepcionalmente, no las hace desaparecer. En un análisis económico se tomaría en cuenta el valor actualizado de las utilidades, que sería siempre positivo. El resultado de este cálculo económico difiere del valor contable, que puede ser negativo y que se calcula sobre lo que ya ha sucedido y no sobre lo que puede sobrevenir.

A pesar de lo dicho en los dos párrafos anteriores, los bancos centrales se esfuerzan por mantener, también contablemente, un patrimonio neto positivo y suficiente con relación a sus activos. Un patrimonio neto suficiente es necesario para ejecutar bien la política monetaria, cuando la hay, y para reforzar la credibilidad de la autoridad monetaria. Esta credibilidad es esencial para acceder a créditos, a tasas de interés razonables en los mercados privados de capital.

Un patrimonio neto negativo o muy pequeño crea riesgos políticos más que económicos. El riesgo político mayor es que se recorte aún más la independencia del Banco Central con relación al Gobierno, del que dependerá para una eventual recapitalización. Esta pérdida de independencia afecta a la capacidad y credibilidad del Banco Central para ejercer sus funciones monetarias.
El patrimonio neto se computa sumando al capital pagado, las reservas para contingencias y los resultados de gestión. Las reservas están para absorber pérdidas, las que generalmente provienen de operaciones cambiarias (por cambio de monedas diferentes al dólar) y por la caída en el precio del oro. Provienen también de cambios en las tasas de interés, especialmente las internacionales.

Con la subida esperada de tasas de interés en Estados Unidos se puede pronosticar, sin mucho temor a equivocarse, que habrá pérdidas cambiarias y caídas adicionales en el valor del oro y de otros activos. El patrimonio actual de 440 millones de bolivianos del Banco Central puede no ser suficiente para absorber esas caídas de valor y conducir contablemente a un patrimonio neto negativo, que acentuará la ya fuerte subordinación de la anémica política monetaria a la política fiscal.

La crítica más fuerte está, empero, al traspaso de 600 millones de dólares del patrimonio del BCB a la misteriosa FINPRO. Ese fondo tiene los mismos problemas de falta de transparencia que el desacreditado Fondo de Desarrollo Nacional Venezolano (FONDEN), creado por el presidente Hugo Chávez.

No es la primera vez que se atenta contra el patrimonio del BCB. En febrero de 2003 se intentó hacer lo mismo, a lo que, estando de presidente del BCB entonces, me opuse tenazmente y por buenas razones. El intento fracasó.

Fuente: paginasiete.bo

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