ArtículosIniciosemana del 8 de FEBRERO al 14 de FEBREROSusana Seleme Antelo

La grotesca estupidez

«Si alguien de aquí a cinco a 10 años quiere venir a quitar el petróleo, la electricidad, pónganse sus cartuchos de dinamita y vayan a botarlos a patadas… son vendepatrias.” No es una frase lanzada por algún miembro de la organización terrorista Al Queda, ni por algún yihadista, perteneciente al violento ejército de Daesh (Estado Islámico en árabe). Tampoco por los titiriteros de “Alka Eta”, que montaron un espectáculo infantil en Madrid, en el que hacían apología del delito, con muertos a granel. Estuvieron detenidos, aunque luego liberados con algunas restricciones, pues ni la sátira ni la libertad de prensa tranzan con espectáculos violentos para menores de edad.

 “Pónganse sus cartuchos de dinamita y vayan a botarlos a patadas…” fue la arenga dicha por el Vicepresidente, Álvaro García Linera, a un grupo de niños en la entrega de una escuela técnica en Porco, pequeño poblado minero de Potosí.  Me atrevo a calificar su cruel instigación como una grotesca estupidez”,  según definió Hannah Arendt las últimas palabras de Adolf Eichmann, durante  su juicio en Jerusalén, en 1961. *

Salvando las circunstancias, el personaje  y los delitos de lesa humanidad por los que aquel fue juzgado, nada me impide imputarle a García Linera esa aplastante construcción, más que gramatical, esencialmente política. En el caso del Vice boliviano, la “grotesca estupidez” apunta a una copiosa carrera de violencia desde que era miembro del grupo irregular ‘Ejército Guerrillero Tupac Katari’ (EGTK), bajo el seudónimo de “Qhananchiri”, que en aymara significa “el que da luz”. Por sus acciones delictivas, estuvo preso, pero salió libre, vencido el término legal del  proceso,  sin que se hubiese dictado sentencia. La administración de justicia, en los años ’90 en Bolivia aun guardaba, al menos en las formas,  el respeto a la civilidad jurídica.

Ese entramado, más allá de sus falencias,  fue desterrado hace 10 años,  desde que este Vice y su presidente, el caudillísimo Evo Morales, detentan el poder, con su larga secuencia-secuela de muertos, asesinatos, violación a los Derechos Humanos, corrupción, negación de la democracia y la práctica política como convivencia entre diferentes. Es decir, como síntesis de múltiples determinaciones, algunas veces en las antípodas.

Quizás a causa de la acumulación de su izquierdismo radical indigenista, de su práctica militarista y de su pesada carga de odios, el Vice comete la “grotesca estupidez” de inducir a menores de edad a la violencia. También les dijo que «Más importante es leer que comer…”,  sin preguntarse  si el hambre de siglos entre niñas y niños mineros ha sido saciada alguna vez solo con comida abundante. Y eso,  sin pensar en proteínas, carbohidratos y vitaminas para que sus neuronas hubiesen desarrollado el placer de la lectura.

Esa estupidez  me lleva a otra sentencia de Hannah Arendt: “la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes”. ¿Será por impotencia que el vil mandato del Vice, no ha tenido la necesaria resonancia en los medios de comunicación, seguida de una firme repulsa ciudadana? ¿Dónde anduvo la oficina de protección al menor?  Es como si lo dicho por el Vice fuese normal y por eso nadie se ha conmovido. Sin embargo, ahí están, en vivo y en directo,  la maldad de un hombre frente a unos menores de edad y, al mismo tiempo, su impune y peligrosa derivación política-represiva desde el ejercicio del poder,  que lo quieren reproducir sin limite de tiempo. Por eso él y Evo Morales buscan su re-re-reelección  con la maniobra del referéndum de 21 de febrero próximo. Una razón más para tener razón y para votar NO.

El vicio de la corrupción

Morales ha dicho que mediante ese referéndum quiere saber si el pueblo lo quiere. Otra estupidez que Bolivia se ha tragado como si la acción política fuese cosa de deshojar margaritas.  Y puedo suponer  que la grotesca estupidez del Vice ha sido opacada por las urgencias seminales del caudillísimo, y el culebrón que se ha montado acerca de su relación amorosa con una joven de 28 años y un hijo fallecido, según admitió Morales, en declaraciones a la prensa.

La denuncia fue hecha por el periodista Carlos Valverde Bravo, a quien ahora el régimen pretende juzgar, pues de por medio hay un menor. ¿Y los otros a quienes el Vice insta a matar? El mundo al revés, ahora para evitar ir al meollo del asunto, a saber:  tráfico de influencias al más alto nivel, las groseras mentiras del propio jefe del régimen y de sus funcionarios, amén de la corrupción que esta vez implica directamente al caudillísimo.

La frivolidad y el morbo le ganan a la verdad que el país necesita saber: ¿cómo explicar que una joven sin profesión alguna –cursó 4 materias de 36 de la carrera de Derecho-  sea representante legal y comercial de una empresa que maneja 556 millones de dólares en contratos otorgados a empresas chinas por adjudicación directa? Fotos, artículos y separatas lo atestiguan: el proyecto Misicuni, el tramo férreo Bulo Bulo-Montero, la planta de potasio en Uyuni, el ingenio San Buenaventura y la dotación de equipos de perforación para YPFB.  ¿Y como justificar que la joven hubiese pagado $us 100 mil de anticrético por  una casona en un barrio exclusivo de La Paz? Esta vez,  los medios si se hicieron eco,  quizás  porque la angustia por un trabajo digno y estable es pan de cada día para la mayoría de jóvenes en Bolivia.

Ojalá que la cobertura de prensa ayude a desenmascarar la ausencia de transparencia en los gastos públicos  y los manejos millonarios del bloque en el poder hace 10 años. Sus miembros se dicen de izquierda, pero esta resultó más corrupta que frívola y festiva.  Se ha convertido ya en burguesía voraz, sin haber acumulado más capital que el poder político, el tráfico de influencias derivado de él; mucha, corrupción y represión política. Esta nueva burguesía parasitaria sí que explotó a la sociedad boliviana, a falta de proletarios que rifaron su independencia de clase, al ser cooptados por el poder político.  Esta burguesía parasitaria desde el poder, estafó a los pobres a granel que tiene Bolivia, estafó a su salud, a su educación, a las oportunidades que nunca tuvieron, y que tampoco figuran en las millonarias inversiones de la empresa chino-boliviana, ni en las políticas públicas.

El vicio de la corrupción, la grotesca estupidez y la banalidad del mal de este régimen son sobradas razones para tener razón y votar NO.

* Arendt, Hannah. “Eichmann en Jerusalén”. Ed. DeBolsillo, Barcelona abril 2010.  p 368

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