ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 29 de FEBRERO al 6 de MARZO

NUEVO TIEMPO PARA EL M.A.S.

Antes del referéndum del 21 de febrero pasado, ya se palpitaba que el tiempo de la euforia masista y de sus triunfos, estaba pasando. El número de sus partidarios menguaba y muchos empezaban a preguntarse qué había realizado S.E. en una década de Gobierno, además de gastar a manos llenas. Porque desde luego que mostrar al pueblo nuevos caminos, puentes, edificaciones, y ofrecerle bonos, impresionó favorablemente durante la primera gestión, pero luego la administración se colmó de discursos en torno al culto a la personalidad y la gente se desencantó.

El Gobierno erró al haber convocado al referéndum que pretendía otorgar a S.E. otro período constitucional cuando todavía le restaban cuatro años de la presente gestión. Eso pareció una grosería de tragaldabas. Los jóvenes de hoy no son los del 2005, porque han podido ver el fracaso de los regímenes populistas o pseudosocialistas en América latina. Los profesionales que retornan al país luego de haber estudiado lejos del campanario en los últimos diez años, tienen una idea distinta de la política, que la de los jóvenes escasamente formados en Bolivia, amigos de los posibles favores del poder que fue parte del voto masista.

Es de esos jóvenes – hombres y mujeres – de donde saldrá el nuevo Gobierno del año 2019. Los partidarios del MAS siempre preguntan cuáles pueden ser los candidatos de la oposición que se enfrenten al “proceso de cambio”. Es evidente que a casi cuatro años de las próximas elecciones presidenciales no existe un candidato que pueda mostrar la oposición, simplemente por eso, porque quedan cuatro años por delante. Más bien, los masistas deberían ir pensando en qué van a hacer ellos para tener un postulante aceptable que tome el lugar de S.E., que ha quedado noqueado. S.E. ha perdido, aunque sus partidarios lo disimulan. Y no vemos a nadie del MAS capaz de conducir a la nación.

Los oficialistas preguntan a cada momento qué proyecto de país tendría una futura administración que no fuera del MAS. Al parecer no se dan cuenta de que ellos no han sido capaces de cambiar casi nada en el aspecto económico y que continúa, en la práctica, con el tan vapuleado modelo neoliberal. Porque, ¿cuál es su “modelo económico”? ¿Existe realmente un modelo social-comunitario? ¿O hay otro? Seamos claros: el modelo masista ha sido gastar miles de millones. Nada más cómodo. Encargar “llave en mano”, sin licitación siquiera, la construcción de grandes obras que no eran indispensables. El modelo masista ha sido el gasto y no la inversión. Dispuso, para despilfarrar, de todo el dinero que no tuvieron sus antecesores. El modelo de la oposición, en el gobierno que vendrá el 2019, deberá ser, simplemente, la producción y la industrialización. Hay que dinamizar, con tecnología avanzada, el modelo que no ha sido reemplazado y que continúa vigente, pero cuidándose de cortar severamente la corrupción y el derroche.

El MAS tiene que afrontar, llevando a cuestas su derrota de febrero, el reto de los próximos cuatro años. Nada de referendos revocatorios ni de más consultas populares, porque, ¿cuándo van a gobernar? ¿Cuándo la gente va a poder trabajar en paz? Se les advirtió que el referéndum era un disparate, pero lo hicieron. Perdieron y ahora tienen que freírse en su propio aceite. Abundarán las denuncias de corrupción contra el régimen (sepultura de la “reserva moral” de los bolivianos) y no les queda más que tratar de defenderse y moderar su instinto hacia la rapiña. Pero que eso no sea motivo para querer irse y dejar el muerto a otro. Que S.E. se las aguante hasta el final y que se deje de convocar a nuevas votaciones. Que gobierne de una vez. Pero que gobierne de verdad, desde el Palacio, porque no es gobernar andar de un lado a otro haciendo entrega de “regalos” que no  salen de su bolsillo.

La oposición tiene casi cuatro años por delante para buscar a un candidato sólido. Sabemos que el triunfo en el referéndum no es atribuible a ningún personaje político, por lo que en su momento habrá que esperar cordura para que las fuerzas vencedoras del 21 de febrero no se dispersen excesivamente. Y el mejor programa que se puede ofrecer es el de producir para exportar. Lo demás vendrá solo.

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