ArtículosIniciosemana del 30 de MAYO al 5 de JUNIOWinston Estremadoiro

Madre nuestra de cada día

Otro Día de la Madre en Bolivia. En el mes de Mayo se festeja a las madres en todo el mundo.

Pensé en la oración que enseñó el Crucificado, que aparte de orar por el pan de cada día, debería honrar todas las mañanas a las damas que nos cargaron nueve meses en el vientre y nos cuidaron por añadas desde que salimos al mundo en un estropajo de agua y sangre. Sin embargo, viejo lobo de la realidad que soy, ponderaba cuántas notas de diarios de a peso (bueno, ahora cuestan dos), darán cuenta de golpes que se propinarán y feminicidios que se cometerán hoy. Encima, en su día la mayoría de madres benditas, pero pobres, tendrán que cocinar ricos manjares para la familia.

En Bolivia, ocasionan una cínica sorna la inundación de publicidad interesada y avisos de leyes que protegen a las féminas. Es una de las hipocresías que se viven a diario: hay tantas.

Porque es mujer la “Llajta bendita” que ensalza un estribillo de la alcaldía cochabambina, mientras miles de peces y aves murieron en la laguna Alalay y hoy no pasa día sin que instituciones y burócratas hablen de solucionar un problema que hace rato se veía venir; ¿será?, o una vez más el burro muerto trancará al corral.

Es mujer la “hoja sagrada” de excedentes cuya magnitud no se conoce, al no ser prioridad de un

Gobierno presidido por quien oficia de mandamás de las seis federaciones de productores; será secada, pisada, diluida y embalada para rendir el polvo blanco que engendra nuevos ricos, mientras “pobrecitos” cocaleros corcovean que los gringos les hayan colocado en su lista de “extraditables”. ¿No es madre la Pachamama achicharrada todos los años al quemar y chaquear monte, o los vertederos de venenos minerales que matan el pan de cada día de indígenas Weenhayek en el río Pilcomayo?

Pero no me saldré de la senda, porque el tema que me tiene insomne es la violencia contra las mujeres. Lo propició la revisión de una obra con cierto problema de identidad: es texto de enseñanza y es libro sobre Derecho de Familia, a la luz del nuevo Código de las Familias y del Proceso Familiar (Ley 603).

Este último es otro de los cambios que el actual régimen cacarea, no sin antes tener de rodillas al otrora

Poder Judicial para sus propósitos politiqueros y de acoso a opositores. En su opus, hincho el pecho de orgullo que mi esposa Rosario Rioja Roca destila más de tres lustros de experiencia como jueza y vocal de Corte. Su texto adjunta la Ley 348, ampulosamente llamada Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia. No garantiza nada, ¡diantres!

Apelando una vez más a imagería marxista, en superestructura de normas y leyes tal vez estamos al nivel de Suiza, pero en estructuras se engaña al pueblo con transformaciones que no lo son. Mientras tanto en los hogares las madres afrontan que muchas veces no alcanza para el pan de cada día, ya que en este Gobierno la humilde marraqueta de cinco se encogió a dos por un boliviano –sin contar el pesaje cada vez menor–, pero se inflará su mandato de cinco años a veinte y quizá treinta, si los bolivianos del campo y la ciudad acceden a sus chicanas prorroguistas.

No pretendo poner en el microscopio de análisis toda la Ley 348 actualizada el año 2013. Aseguro que no es “Corrientes, tres cuatro ocho/ segundo piso ascensor/ no hay porteros ni vecinos/ adentro cóctel de amor” del tango. Baste rebatir algunas disposiciones. En su Título Uno, Artículo Tres dictamina que “es prioridad nacional la erradicación de la violencia hacia las mujeres”. La profusión de transgresiones diarias es una muestra del “obedezco, pero no cumplo” de los encomenderos de antaño.

El Artículo 4.1 de sus Principios y Valores, la doctrina del Vivir Bien, es una muestra del blablá de buenas intenciones desdichas por la realidad de los hechos. El acápite 4.1, “Despatriarcalización”, aparte de ser término que no reconoce el mata burros, es una burla en un país en que tal vez “porque me quiere me aporrea”, manda la madre de familia, especialmente en los estratos populares.

En la Quinta de sus Disposiciones Transitorias, dictamina que en tres meses “la Fiscalía General del Estado adoptará las medidas necesarias para la creación de las Fiscalías de Materia especializadas contra la violencia hacia las mujeres”. Quizá soy ignaro, porque seguro estoy que aún no existen salvo en las capitales de departamento, así que aguanten moretones las mujeres del campo o colmaten, pobrecitas, los juzgados departamentales y acusen a jueces de mora procesal. Mueve a risa que la Policía Boliviana implemente en tres meses la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia, si sigue impune un oficial que mató a su consorte, hizo “tocata y fuga”, y para protegerle suplantaron la identidad a un muertillo.

Hace poco Evo Morales declaró que “ser un Presidente es como ser un padre de familia”. Aparte de lo incongruente con su renuencia a pagar pensiones para sus hijos cuando era diputado, contradice sus bravatas mestizas de preñar a las féminas del campo cada vez que visita comunidades rurales. Por mi parte, preferiría que presida el país una madre de familia, mientras mis hijos no se llenen los bolsillos con el tráfico de influencias, como los de Cristina, Lula, Hugo y Michelle.

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