ArtículosIniciosemana del 22 de AGOSTO al 28 de AGOSTO

Las reservas internacionales no son infinitas

Juan Antonio Morales

Desde noviembre de 2014 hasta julio de 2016 se han perdido 4.118 millones de dólares de reservas internacionales en divisas. No considero las reservas internacionales en oro por sus cotizaciones volátiles y principalmente porque son muy poco líquidas por las disposiciones de la Ley del Banco Central de Bolivia (bajo la hipótesis heroica de que esa ley se cumple y se cumplirá).

Se ha estado perdiendo reservas a un ritmo promedio de casi USD 206 millones por mes. Se podría proyectar que a ese ritmo las reservas (incluyendo los intereses que puedan ganar) nos durarán 48 meses (es decir, cuatro años). Se dirá que cuatro años son un largo periodo, que muchas cosas pueden ocurrir en el intertanto y que además el problema ya no será para el actual gobierno.

Se puede visualizar dos escenarios. El primero, que el ritmo de pérdida baje de los 206 millones por mes, sea porque los precios de nuestras exportaciones se habrán recuperado, o porque habremos encontrado nuevos rubros para exportar o porque las importaciones habrán disminuido. El segundo, que el público se asuste ante la pérdida de reservas y que anticipando que ya no habrán más apure el proceso, con lo que en vez de 206 millones se estaría perdiendo mucho más. Esta especulación contra las reservas y, en última instancia, contra el tipo de cambio es muy peligrosa, tanto más que el Gobierno se vería compelido a devaluar (con una devaluación catastrófica) o a reemplazar desordenadamente el sistema de cambio fijo por uno más flexible, aún antes de que las reservas se hayan terminado completamente.

Si se mantienen los déficit de Balanza de Pagos, que van de la mano además con los déficit fiscales, las reservas internacionales terminarán acabándose, por más grandes que sean, a no ser que logremos conseguir créditos internacionales, lo que no es fácil en la coyuntura actual. Está aumentando la percepción de riesgo del país a ojos de los acreedores por la misma pérdida de reservas, por los temores para toda la región sudamericana y por el escepticismo que crea la manera boliviana de enfrentar la crisis.

Los megaproyectos de inversión pública y sostener una demanda interna con incrementos salariales que restan competitividad a nuestra producción, aún en nuestro propio mercado, no llegan a convencer a las instituciones internacionales de financiamiento ni a los mercados de capital. Aún los créditos chinos que parecían estar más a mano están muy demorados en su trámite.

No se detiene tampoco la pérdida de reservas poniendo trabas administrativas a los importadores y a los otros demandantes de divisas, o aumentando las comisiones para transferencias al exterior, como ya está sucediendo. Estos mayores costos de transacción no son un disuasivo suficiente cuando hay temores. El país no se ha estado ajustando, lo que la calificadora de riesgo Moody’s ya lo ha hecho notar.

Las reservas pueden mitigar los efectos de la caída de los precios de exportación y están para eso. Están para ser gastadas, pero para ser gastadas bien. Emplearlas en megaproyectos de larga maduración puede ser muy riesgoso. Mientras lleguen los frutos de esos proyectos, los déficit continuarán o aún se agravarán, socavando las reservas y la confianza del público.

En efecto, un tema soslayado en las inversiones públicas es el de los tiempos. Aún antes de comenzar un proyecto pasan a veces varios años y ni qué decir para completarlo. Hay varias etapas entre la idea, la aprobación, la obtención del financiamiento y la ejecución. Basta pensar en los 15 años que ya lleva Miscuni.

Un programa de inversiones públicas más pequeño y mejor pensado tendría más sentido. El país tiene también que apostar más a su sector privado y al financiamiento por la inversión directa extranjera. Con inversiones privadas insertas en cadenas de valor estables, los déficits tanto de la cuenta corriente de la balanza de pagos como los fiscales se pueden reducir.

Fuente: paginasiete.bo

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