ArtículosIniciosemana del 17 de OCTUBRE al 23 de OCTUBREWinston Estremadoiro

La guerrilla de los subtenientes

El sábado pasado disfruté con mi esposa de uno de los almuerzos mensuales que me honran, sin merecerlo, como miembro de la Promoción Reconquista del Colegio Militar de Ejército. Digo sin merecerlo, porque por un año fui cadete pensionista, de esos que pagaban para ser “chocolateados”. No afligían mis notas ni afligían a mis padres las fechorías juveniles, pero deseaba culminar la secundaria al tiempo de cumplir con el deber patriótico del servicio militar. Hoy pavoneo mi diploma firmado por el Gral. Armando Escóbar Uría.

Corrían los primeros días de octubre y me sorprendió la evocación de la Guerrilla de Ñancahuazú. Inclusive, un General de la República preparó una alocución al respecto. Otro envió una lista de las víctimas –soldados, dragoneantes, cabos, sargentos, subtenientes, tenientes y capitanes— de cada una de las refriegas. Un acucioso camarada acuñó la frase “la guerrilla de los subtenientes” para relievar los muchos miembros de la Promoción Reconquista que regaron con su sangre aquellos áridos parajes. Hoy somos una veintena de nostálgicos amigos; una decena sufrieron la vivencia.

Cómo olvidar que la matanza empezó un 17 de marzo de 1967, segando la vida al Sbtte. Rubén Amézaga Faure; seis días después asesinaron al Dgte. Pedro Romero García y media docena de bisoños soldaditos. Todos temerosos de la ruleta de una flor colorada en el pecho, o conscientes del siniestro silbido de una bala que le tocó a algún camarada, era fines de abril y en Iripití cayeron los Sbttes. Luis Saavedra Arable y Jorge Ayala Chávez, el suboficial Raúl Cornejo Campos y ocho soldados.  En Ñancahuazú un 9 de mayo fue acribillado el Sbtte. Henry Laredo Arce, junto a los cabos Alfredo Arroyo Pizarro y Luis Peláez Alpiri. ¿Alguno recuerda al “repete” Wilfredo Banegas Dorado?: murió junto al Sbtte. Eduardo Velarde Rodríguez en la emboscada de Espino, un 30 de mayo de 1967. Quizá después se volcó la suerte a favor del Ejército boliviano, pero muchos piensan en Tania la guerrillera, herida y ahogada en Vado del Yeso; no evocan que también cayó el soldado Antonio Vaca Céspedes. Vinieron muchos después: más de medio centenar de bolivianos ofrendaron sus vidas.

En esta Bolivia de muchas batallas ganadas gracias al heroísmo de nuestros soldados, y muchas guerras perdidas por la imprevisión y torpeza de gobernantes militares y civiles, el actual mandamás, Evo Morales, emprendió otro de sus mentirosos denuestos. “Fanático guevarista”, lo tilda el hijo del Gral. Quizá cumple instrucciones castristas de asesinar de una u otra manera, en este caso con mensajes subliminales a los acusadores del Gral. Gary Prado Salmón. Lo acusó de ultimar al guerrillero, a quien tomó prisionero, es cierto, pero ni siquiera estuvo en la escuelita de La Higuera donde fuera rematado.

El Gral. Gary Prado Salmón era un pundonoroso oficial cuando yo era mostrenco en Irpavi. Valiente y acertado es su hijo, indicando que su padre no fue el único militar que condujo operaciones triunfantes en la campaña de Ñancahuazú: el entonces Cap. Mario Vargas Salinas en Vado del Yeso; el entonces Subtte. Eduardo “Lalo” Galindo, camarada y amigo, en La Higuera; el entonces Capitán Gary Prado Salmón en la Quebrada del Churo. Fueron victorias militares que “diezmaron la guerrilla y el Ejército boliviano combatió y venció; el mítico jefe guerrillero perdió y se rindió. Ningún patria o muerte”, asevera Gary Prado Araúz.

Yo estaba lejos, escarbando en la historia de países vecinos lo poco que se habla de Bolivia, quizá después de haber sido “la Prusia Americana” y haber claudicado por primera vez, en Paucarpata, la valía de nuestras armas al agresor chileno, que luego se aprovecharía de nuestra nobleza, en 1839 y 1879. Tal vez estaba contagiado por edad y medio universitario de la infección de un aventurero que la lente de un fotógrafo hiciera ícono de ese tiempo. Ya curado por viejo y sabio, me sorprendió ver su efigie hace poco en la remera del Presidente de los bolivianos, tal vez en siniestro coro al retrato que cuelga, dicen, en algún recinto del Palacio Quemado. Ninguna sorpresa, pensé, si sus adulones acomodaron el suyo en la cúspide de retratos de Túpac Katari y Bartolina Sisa, a un lado, y de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, al otro.

El soldado boliviano tiene muchas batallas ganadas, así como las Fuerzas Armadas varias guerras perdidas. En la Campaña de Ñancahuazú, el soldado boliviano fue victorioso en cancha ante el agresor cubano, pero el gobierno de Evo Morales se ha rendido en mesa al castrismo, sin importar que hoy ande Cuba de ñañas con su enemigo del norte. Ejemplo lo proveen las irresponsables y mentirosas necedades proferidas por el Presidente en contra del Gral. Gary Prado Salmón. Quizá ignora que el Che no se mosqueaba con la justicia burguesa cuando el guerrillero era juez y verdugo en las siniestras mazmorras de La Cabaña en La Habana. Entonces el adagio “en la duda, abstente”, se cambió por su fría divisa “ante la duda, mata”.

Tal vez iluso combatiente contra la corrupción y la impostura, doy mi humilde y respetuoso saludo a los victoriosos de la Campaña de Ñancahuazú, así hayamos perdido en mesa lo que se ganó en batalla.

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