ArtículosIniciosemana del 14 de NOVIEMBRE al 20 de NOVIEMBREWinston Estremadoiro

Desarrollismo, ecologismo y ecosexualismo

“Guarda Bolivia su hermoso futuro”, “País zoológico o progresista”, “Control del agua y lagos secos”, son títulos alternativos de esta nota. El primero es ironía de una estrofa del himno beniano, que hoy cumple 170 años después que se fundara al año del triunfo de Ingavi y ocultara, quizá hasta hoy, la victoria sobre el ciclo de sequía y agua al coto, mediante camellones y canales de la civilización del Gran Paitití.

Igual que la patria que lo parió, el Beni es una región que ha perdido territorio en todos sus frentes. No hablo del Territorio de Colonias, que cediera su inmensa selva a Brasil sin siquiera negociar lengüeta de río Madera allende las cachuelas. Imaginen, la represa hidroeléctrica de Jiraú sería binacional si los capos bolivianos hubiesen tenido algo de cultura de monte y conocimiento de geografía nacional. Luego vino el despojo del Acre. Ni hablar del Purús que se llevó Perú. A eso se suman que el departamento de La Paz se volvió selvático mermando la provincia Iturralde al Gran Moxos. Santa Cruz mordió parte del territorio de Guarayos. Cochabamba apetece el tramo entre los ríos Isiboro y Sécure, quizá para que ex mineros cultiven coca en tierra virgen y mojeños tumben bosque y provean carne de monte a boliches de Chimoré.

El dilema de la dicotomía “desarrollismo y ecologismo” con que endilgan a Evo Morales, en mi opinión es un debate entre la visión de una nación progresista y un país zoológico. El Presidente quizá ha resbalado de ser prisionero de cerebritos de ONG, a cautivo de mandamases palaciegos. Según Gustavo Pedraza y Carlos Guzmán, si antes se advocaban derechos de grupos vulnerables, proteger territorios y parques nacionales y respetar la madre tierra, esa visión distinta de desarrollo quedó a un lado con el discurso modernizador que asumió el Gobierno a partir de la segunda gestión. Pena que el modernizador blablá quizá oculte intereses angurrientos y distorsión de prioridades. ¿Pesan más eventuales “coimisiones” que el progreso del país?

El mejor ejemplo es la discusión sobre las represas del Bala y Chepete, y la de Rositas. ¿Qué es más importante, el control y uso de recursos hídricos o la conservación ecológica del monte?

Sobre los primeros, baste recordar que Bolivia es una potencia en cuanto a recursos hídricos de agua dulce se trata. Sin embargo, el lago Poopó se secó y a pocos les importó la suerte de los Uru Muratos. Los “originarios” de los alrededores del lago Titicaca, tanto peruanos como bolivianos, están contaminando el cuerpo de agua navegable más alto del mundo; ¿alguien quedó insomne porque mueran ranas gigantes que encontró Cousteau? En Santa Cruz la sequía azota sembradíos y en Beni mueren reses por miles. Se secan las lagunas de Cochabamba, que en el futuro quizá se llame “Quesobamba”.Racionan el agua en La Paz y que Claudia termine su baño con tutuma y balde, mientras beben agua de manantiales de Silala las ciudades del Norte Grande chileno. Con el calentamiento global y reducidos glaciares, ¿es iluso controlar el agua?

Sobre la segunda, pienso que la naturaleza se adaptará y renovará en las áreas inundadas por las hidroeléctricas, los animales migrarán más arriba y el pueblo pescará (ojalá que sin dinamita) en vez de cazar jaguares para adornos y osos jucumari para yatiris. La represa misma será una vigía en contra de pichicateros y cazadores furtivos. ¿Vender energía a Brasil? Poco importa que sea potencia emergente: lo será le vendan o no le vendan; conseguirá sus 7.000 MW deficitarios anuales de otra parte. ¿Acaso la pequeña Finlandia no comerció con la gigante Unión Soviética después de la guerra mundial?

La cereza de la torta la pone, otra vez, el llamado Primer Mundo. Quizá de ociosos han cocinado la visión de la Tierra como “deidad de la fertilidad”. Han mutado a un movimiento activista ecológico y una “forma peculiar de orientación sexual”: “hacemos el amor con la Tierra a través de nuestros sentidos… abrazamos sin pudor los árboles, masajeamos la tierra con los pies, hablamos eróticamente con las plantas… Somos muy guarros”, dicen en su Manifiesto. Bueno, en el mataburro “guarro” quiere decir persona sucia y desaliñada, sujeto grosero y sin modales, hombre ruin y despreciable. Como imagino al rústico que se solazó con una gallina. Ojalá que la ideología “naturista y ecologista” del eco-sexualismo no abarque aberración como la del psicópata que violó a una bebé. Pero tal vez de eso se trata aquello de “romper barreras entre especies”. Que la Pachamama y la “Llajta Bendita” no permitan que “pedófilo” esté entre los adjetivos con que se auto-califican los “acuófilos, terrófilos, pirófilos y aerófilos” eco-sexuales.

Los tres calificativos con que encabezo esta nota son prueba de que sufrimos una plaga de “ismos”. Así censuren algunos por ser palabrejas aún por cruzar el umbral de la santidad que otorga el cónclave de la Real Academia, que debería llamarse Castellana, no española. El prejuicio viene del norte en forma de alienación, una forma de negación de una patria de gentes sencillas, diversa en lo cultural y lo ecológico. Pero, ¿de qué sirve una democracia sin pan para llenar el buche y agua para beber y asearse?

Fuente: eldia.com.bo

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