ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 14 de NOVIEMBRE al 20 de NOVIEMBRE

S.E. no se quiere ir

La situación política en Bolivia se va a poner muy complicada si lo que ha declarado S.E. al periódico La Jornada de México es cierto. Ha dicho, ni más ni menos, que no está «preparado» para dejar el poder en enero del 2020 e irse a su casa. Es decir que, como piensa mucha gente, S.E. no tiene ni el menor deseo de obedecer el resultado del referéndum vinculante del 21 de febrero, que dijo «no» a la pretensión presidencial de ir a una cuarta elección consecutiva, atropellando lo estipulado por la Constitución.

¿Cuándo se encontrará «preparado» para irse a su casa S.E.? ¿Cómo tiene que ser esa preparación? ¿No debería irse preparando desde ahora cuando todavía le quedan tres años para hacerse a la idea de que el poder no es eterno y que está camino de darle un tiro de gracia a nuestra sufrida democracia? Claro que debe ser difícil irse del Palacio, pero esas son las reglas para que los bolivianos podamos vivir en paz. Nadie debe quererse ir a su casa luego de disfrutar a su gusto durante más de una década. Sólo los mandatarios muy demócratas, los realmente convencidos, exigen ellos mismos elecciones para que un sucesor los reemplace sin que se pase ni un día del plazo constitucional.

Además, ¿qué espera S.E. si ya la población le dijo «no»? Porque eso de que los campesinos y los movimientos sociales digan de que S.E. no depende de él mismo sino que es patrimonio del pueblo y tiene que someterse al pueblo, es una avivada que se fomenta desde arriba. Una avivada que ni siquiera viene de la buena gente, sino de leguleyos chupamedias, que por un lado desean alegrarle, más todavía, la vida a S.E., y por el otro tratan de prolongarse en el Gobierno para que la justicia no los vaya a hacer trizas en cuanto lo pierdan.

No fue la señora Gabriela Zapata la que hizo ganar el «no» en el referéndum del 21 de febrero, sino que los ciudadanos ya no quieren a S.E. ni menos a los masistas. Es verdad que se han construido obras monumentales durante el período del Estado Plurinacional pero muchas han sido inútiles y otras tramposas. Había dinero – hay reservas en el Banco Central todavía – para gastar a manos llenas y mostrar el derroche como inversión, como un caso único en la historia de Bolivia. Algo es cierto en todo esto: jamás el Estado boliviano contó con tanta riqueza y por tanto nunca tuvo oportunidad de gastar tan mal, sin control.

S.E. nos está llevando hacia el abismo con su terquedad de quedarse en el poder. La democracia puede explotar a corto plazo de continuar la burla.  S.E. nunca dijo la verdad cuando se trató de dar paso a la sucesión constitucional porque jamás ha pensado, ni en broma, dejar la silla a algún personaje de su partido. Quiere reinar solo, rodeado de sus favoritos, mirando lo que él cree que es bueno, y que nadie la haga recuerdo de que ya se ha cumplido su plazo de gobernante y que éste, su tercer período, es inconstitucional. Peor que le hagan recuerdo de que el referéndum fue definitivo, que no se puede repetir, que hay que obedecerlo.

Pese al veredicto del referéndum S.E. buscará por todos los vericuetos constitucionales la forma de candidatear nuevamente. Los masistas están asustados y no ven otro líder de quien aferrarse para no ser echados de la plaza Murillo y de todas las plazas. Mientras S.E. domine plenamente el Poder Legislativo, además de tener embolsillado al Judicial y Electoral, el riesgo de que pueda torcer la consulta del 21 de febrero pasado, estará latente. La Constitución importa un pepino a los estrategas del MAS que se han vuelto unos descarados. S.E. no se quiere ir del Palacio, hay que convencerse. S.E.no se quiere ir a su chiringuito en el Chapare para vender sillpancho ni surubí frito, es una idiotez pensarlo.

Es mejor ser precavidos y aunque una nueva candidatura de S.E. sería el acabose de la democracia, no se la debe desechar de ningún modo. Lo saludable de todo esto será que S.E. no va a ganar en las elecciones esta vez. Va camino de una derrota por la mala gestión que lleva a cabo cuando no sabe hacer otra cosa que ofrecer dinero a manos llenas. Es lo único que le proporciona aplausos aunque los presuntos beneficiarios le creen cada vez menos. Cientos de millones ofrece cada mes este Gobierno y ni siquiera con un buen destino. Tiene tres años S.E. para poner sus cosas en orden y es mejor que los aproveche bien y que deje de gozar con los cantos de sirena que oye de sus adulones.

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