ArtículosIndexsemana del 22 de MAYO al 28 de MAYO del 2017

El progreso de los progresistas

Renzo Abruzzese

El escándalo de corrupción que sume a Brasil en una de sus peores crisis y la desbocada dictadura militar-chavista venezolana son una dramática muestra del curso que tomaron dos de los principales gobiernos ‘progresistas’ de la región. Su habilidad para vaciar de contenido conceptos como ‘progreso’ y ‘democracia’ supera cualquier artificio de la lengua española, y su capacidad para pulverizar décadas de progreso y desarrollo económico y político son paradigmáticos. Pasarán a la historia como lo peor que les pudo pasar y, para algunos de nosotros, como muestra basta un botón.

Es posible que el periodo ‘neoliberal’ al que no se cansan de denostar haya sido desastroso en términos de concentración de la riqueza social, inequidad y exclusión social. Igualmente desastrosa fue la liquidación a precio de gallina muerta de empresas estratégicas, y ni que se diga sobre la injerencia interna de países considerados imperiales, pero sumando todo y añadiéndole el infinito rosario de argumentos ‘democráticos’ y ‘progresistas’ que forman el glosario populista latinoamericano, ninguno le hizo tanto daño a sus pueblos. Si a esto se le añade el compendio de verdades a medias, medias verdades y mentiras desembozadas que hacen parte constitutiva del discurso oficial, el cuadro que dejan tras de sí no tiene parangón con ningún otro oscuro periodo de sus historias republicanas previas. Son, a troche y moche, desastrosos.

Que aportaron en mucho, también es cierto. Lo que nunca podremos saber es si todo lo bueno que hicieron se debe a ellos o al inédito auge económico que benefició como nunca antes a estos países. Lo que el ciudadano común sabe es que cualquier paisano mínimamente cultivado resulta un gran presidente cuando el dinero llega a borbotones. También sabe que mucha plata junta y poco contrapeso democrático solo producen corrupción, y ahora que la corrupción y el derroche les pasa la factura, se van dejando una estela de pobreza, una democracia herida de muerte y el macabro eco de una verborrea demencial.

Fuente: eldeber.com.bo

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