ArtículosIndexsemana del 29 de MAYO al 4 de JUNIO del 2017Winston Estremadoiro

No por calzones ni por agua, sino por Lava Jato

Me sumo a los analistas que oponen la abusiva re-re-re-reelección de Evo Morales en 2019. En efecto, señalan “que Evo Morales dijo un año atrás que respetaría los resultados y ahora se niega a aceptar el veredicto” del Referéndum del 21 de febrero 2016, conocido por 21F. Prefiero cualquier alternativa de una oposición unida contra lo que sospecho terminará en un Plan B del oficialismo en las elecciones de 2019. ¿Acaso el  Gobierno no “acata cuando gana, y si pierden dicen que es mentira”?, recuerda mi admirado Víctor Hugo Cárdenas.

En ambos lados de la bipolaridad boliviana, se levantan voces reclamando que NO es NO. Desde el cívico cruceño Erdland Vaca Diez hasta eruditos como Manfredo Kempf Mercado y Susana Seleme Antelo manifiestan que la mediocre Coordinadora Nacional para el Cambio le peló al gajo el 21F: el uno observa un “delirio político para prorrogar el mandato” de Evo Morales; la otra, que se va en contra “del artículo 168 de la Constitución”, y el fulero prorroguista “comete delito”.

En La Paz Jimena Costa proclama que su anunciada movilización, es “una oda (canto adulón) a la mentira presidencial”. Carlos Cordero ratifica que el resultado del 21F “fue contundente y claro, que Evo Morales no puede ser más candidato.” Ilya Fortún recuerda a los votantes “que no hay desidia o flojera en el mundo que justifique que te quiten tu voz y tu voto”. Puka Reyes Villa insta a un “NO recargado” en exitosa manifestación contestataria a la que convocó el Gobierno.

Mientras tanto, el oficialismo se debate en fricciones internas. El Vice impostor reconoce que la derrota electoral del 21F se debió a “un mal cálculo”, “una locura política”. María Teresa Zegada hurga la diferencia de discurso entre Evo Morales –más dado a supuestos complots de la “derecha”– y su Vice que se inclina por la autocrítica. Una plañidera Gabriela Zapata añade suspenso: habla desde su jaula de oro de un siniestro personaje que la empujó al desastre. Un alto protagonista de la politiquería cocalera la llama “ramira” quizá con sesgo “oregenario”. ¿Ignoran que su delito fue tráfico de influencia al lucrar de su relación pasional con Evo Morales?

El esfuerzo anti-corrupción en Brasil se enmaraña desde el nombre mismo de la operación. Se confunde “Lava Jato”, cuya segunda palabra ni existe en portugués: es uno de tantos neologismos con que las innovaciones estadounidenses han enriquecido los idiomas. “Lava Jato” en portugués es “lavado a presión” en castellano. El término no es aplicado solo al lavado automático de autos, ésos que en ciudades con agua permiten túneles donde entran los automotores y los rocían de agua y jabón presurizados. También se aplica en casas, máquinas y toda suerte de implementos que necesiten quitarse la roña de años y quedar limpitos.

La Operación Lava Jato se comprendería mejor si se entiende que se aplica a combatir la corrupción. Bendecidos por instituciones sólidas –fiscales implacables, jueces probos y una prensa libre que dice o escribe lo que piensa–, en Brasil remece estructuras corporativas y políticas. Sacude el árbol para que caigan los frutos maduros, picados de pájaros, bichos o enfermedad: todos podridos por alguna causa.

Lava Jato ha desnudado los tentáculos sobornadores de constructoras brasileñas en varios países, amparadas por la política generalizada de que los dineros propios deben beneficiar a los suyos. En Perú, un ex Presidente está en la picota; en Argentina desilusionó al votante después de 12 años de corrupto “kirchnerismo”; en Ecuador, electores darán su veredicto. Mucho ruido y pocas nueces en Venezuela. Paraguay investiga. Incluso en Colombia y Chile se atisba la preocupación sobre la corrupción en la clase política. ¿Será la Bolivia del autócrata Evo Morales una “isla de la fantasía”?

La macana es que no todos los países tienen instituciones sólidas, ni prensa libre. No es preciso opinar sobre otros en Sudamérica, pero la impresión en Bolivia es que la mayoría de fiscales y jueces no aguanta un telefonazo del Ejecutivo: se mofan de la norma constitucional de independencia de poderes. Evo Morales atropella la Constitución al prometer respetar el Referéndum con victoria mayoritaria oponiendo su prorroguismo, y luego recular con mañas politiqueras para buscar su re-re-re-reelección.

Amén de ello, pulseemos cuando la “comisión” se torna en “coimisión”. La una premia logros. La otra es neologismo que combina “coima” con “comisión”: lograr algo sobornando con dinero o bienes. Es corrupto tanto el burócrata que recibe un “timbre de aceleración” en algún trámite, como el mandamás “incentivado” por una hacienda lujosa y un apartamento de tres niveles en playa exclusiva. Ambos roban al dinero de todos: el erario nacional. ¿Cuál será el reverbero de Lava Jato en Bolivia?

A la corta o a la larga todo se sabe. ¿Acaso en camino a ser como Suiza no hemos vuelto a vivir de créditos? Pero no serán los calzones, ni el agua escasa, ni el cerco a la droga boliviana, ni los desastres naturales, ni el aumento de pobres extremos. Sea el lavado a presión de la corrupción la que ponga coto a prórroga anticonstitucional y al mal gobierno –a pesar de los pringados, que son muchos.

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