ArtículosIniciosemana del 26 de JUNIO al 2 de JULIO del 2017Winston Estremadoiro

Mar andinocéntrico en Bolivia

¡Por fin!, me dije, al ver, una vez más, las noticias en que coincidían los abusos de carabineros  chilenos a transportistas muertos de hambre bolivianos. Otra huelga de centenares de portuarios de Arica afectando a miles de camioneros de Bolivia, que hace papel mojado del Tratado de 1904 y sus cláusulas de libre tránsito. La tirria mapochina (el río Mapocho cruza su capital) es efecto de pataleos bolivianos en protestas “hostiles”, y gestiones en buen pié en la Corte Internacional de La Haya.

Más importante, el resentimiento y las frustraciones definen los feudos entre Santiago de Chile y La Paz. Es cierto, el escamoteo del Litoral boliviano es una causa que aglutina lo escaso de nación que tenemos los pocos habitantes de este inmenso y rico país. También es cierto que glorias militares hinchan el pecho chileno, así hayan sido como echarle polvo carnavalero a una mascarita andina, y pasear dos años por Lima, manteniendo como trofeo al monitor Huáscar en pleno Siglo 21. Aparte de detalles entre triunfantes y perdidosos, pocos negarán que Chile deba mucho de su progreso al guano, salitre y sangre de la Guerra del Pacífico. Hoy, el cobre de Chuquicamata, el litio de salares del Norte Grande chileno, el agua del río Lauca y manantiales de Silala deberían ingresar al botín de la guerra.

Un acervo más son los puertos chilenos que rematan una lamentable dependencia boliviana: el acceso al mar. Hoy, la otrora boliviana Antofagasta debe mucho a exportar minerales nuestros; Iquique subsiste con el turismo y el contrabando: de Bolivia a Chile el primero, y al revés el segundo; Arica fue y es puerto natural de estas latitudes, desde que ni Chile, ni Perú, ni Bolivia existían.

Sin embargo, en la postura lacrimosa de La Paz respecto al mar hay algo de andinocentrismo. Ni se percataron de que la mayor concesión en 1867 fue el acceso a la navegación del río Amazonas. Poco lamentaron vender el Acre en 1903, después que tropas bolivianas llegaron a batelón y patatín a pelearlo (y los riberalteños de la Columna Porvenir habían recuperado la barraca Bahía, hoy Cobija).  Se hizo evidente en opiniones que urgen priorizar a Puerto Busch, en la lengüeta de tierra anegadiza que Paraguay concedió a los derrotados bolivianos sobre el río de su nombre. ¡Por fin recordó La Paz que Bolivia tiene occidente, oriente, sur y norte!

Sostengo que pasó una centuria porque se resiste reconocer que Santa Cruz de la Sierra es el nuevo centro de gravedad de Bolivia, que ya no depende solamente de la minería andina, que fue argentífera con Sucre y estañífera (aunque la Real Academia Española rechace el sustantivo) con La Paz. Ahora se tiene petróleo y gas natural del sudeste, y alimentos del este. ¿Tendremos sabe Dios qué, aparte de vacas y naturaleza, en el norte? Tal vez la pretenciosa “casa del pueblo” aimara en La Paz debería ser reubicada. A menos que el Legislativo funcione allí, el Judicial en Sucre y el Ejecutivo en el Parque Carrasco, quizá dando algún sentido nacional a la localización chapareña de Bulo Bulo…

No lloren por Ilo, cuya factibilidad depende del ferrocarril intercontinental de Santos a Ilo por el territorio boliviano; del resentimiento peruano sobre la batalla de Ingavi y el vergonzoso abandono de nuestro aliado en la Guerra del Pacífico. Recuérdese que Chile tiene el candado y Perú la llave del acceso boliviano al Océano Pacífico.

Efectivo fue mi amigo, el visionario Joaquín Aguirre Lavayén, cochabambino cuyo ancestro, el cruceño Suárez Arana, fundó Puerto Pacheco en las alturas de Zamucos, hoy del Paraguay. Creó la privada Central Aguirre para exportar soya. Como Gravetal, Jennefer y Puerto Suárez, dependen de la buena voluntad brasileña para salir a las aguas internacionales de la Hidrovía Paraguay-Paraná.

No pretendo sabihondez técnica sobre Puerto Busch, aparte de saber que es anegadizo. Y eso que hurgué el libro del amigo riberalteño Rubén Bascopé Oyola, “Influencia de la hidrovía Paraguay-Paraná en el desarrollo nacional”. Vergonzoso que 25 años hayan pasado desde que en 1992 publicó su obra. ¡Rellenen Puerto Busch, aunque sea con cascote ferruginoso del Mutún! Si lo venden a una  siderúrgica paraguaya, ¿por qué no rellenar la vía a Puerto Busch?

Mi opinión es que no tiene caso llorarle a Violeta Parra por Arica; ni a Chabuca Granda por Ilo. La única opción independiente es Puerto Busch, con remate portuario en Nueva Palmira, en Uruguay. De una vez por todas prioricen un puerto independiente, así implique inversiones cuantiosas. Ya hay satélite sin uso, urea sin tren y proyectamos carretera bioceánica. Mayor razón para apostar por Puerto Busch, algo nuestro con acceso ribereño al mar. Gastar lo poco que queda de farrear una década perdida. Iluso sería invertir en opciones de puertos chilenos o en el peruano Ilo, así continuara el comercio a través de ellos.

Exportar e importar es quimérico sin puerto propio. ¿Caeremos en la incierta dependencia de países vecinos? Empiecen por abrir a la inversión privada a Puerto Busch, que los corruptos civiles y de uniforme son capaces de melear una vez más y construir uno en las aguas barrosas de marineritos en una represa de Cochabamba. ¡Despabilémonos de una vez!

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